Encontrándome (Serie Salty Key Inn nº 1) CAPÍTULO CUARENTA
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CAPÍTULO CUARENTA

DARCY

Darcy abrió la puerta de la suite con su llave.

Era agradable compartir aquel espacio más grande con una sola persona.

Mientras se dirigía a su amplio dormitorio y cerraba la puerta, se preguntó por qué ella y Regan no se habían ido de la casa antes.

Las dos se habían sentido agobiadas bajo la constante supervisión de Sheena.

Oyó a Regan entrar en la suite y fue a saludarla a la sala de estar.

Al verla, Regan se sobresaltó.

—Pensé que estarías con Sheena. Van a salir a cenar pronto.

—Yo también voy a salir.

Darcy sonrió.

—Con Chip.

—Oh.

La expresión de sorpresa de Regan lo decía todo.

—Voy a quedar con Austin. Ha terminado los letreros tallados y quiere enseñármelos.

Regan se dirigió a su habitación, se detuvo y se dio la vuelta.

—¿Quieres que salgamos los cuatro?

Darcy negó con la cabeza.

—Ni hablar.

No podía competir con Regan, y lo sabía.

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Después de que Regan se fuera a quedar con Austin, Darcy caminó de un lado a otro de su dormitorio, echando vistazos al aparcamiento detrás del edificio, esperando ansiosa a que apareciera el jeep azul de Chip.

Se había esforzado por parecer informal, pero sexy.

Había notado que las chicas en la fiesta en casa de Chip preferían faldas muy cortas y tops escotados, o vestiditos que apenas les tapaban nada.

Fue al baño a mirarse de nuevo. Sus rebeldes rizos rojos flotaban alrededor de su cara, acentuando el rubor rosado de sus mejillas.

Las pecas, esos puntos que odiaba, se extendían por su nariz y salpicaban sus mejillas aquí y allá, como pequeñas hormigas molestas.

Pero era su figura lo que estudiaba. No tan alta como Sheena, tenía unos pechos más llenos de los que carecían sus dos hermanas.

Las flores de colores vivos del vestido de verano que había encontrado en Walmart competían con el color de su pelo de una manera intrigante.

Dejó escapar un suspiro de alivio. Su aspecto no era tan espectacular como el de Regan, pero valdría.

A través de la ventana del dormitorio, vislumbró el jeep de Chip y salió a recibirlo. Él se bajó del coche para saludarla.

—¡Vaya, Darcy! ¡Estás guapísima!

Ella sonrió.

—Gracias. ¿Adónde vamos?

—Hay un sitio genial en la playa. Tienen buena cerveza y hamburguesas y un montón de comida estupenda. A las nueve llegan las bandas. Va todo el mundo.

—Suena muy bien —dijo ella, encantada de estar en su primera cita de verdad desde que llegó a Florida.

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El Pink Dolphin resultó ser un bar con mucho encanto justo en la playa.

Un pequeño edificio de bloques de hormigón pintado del apropiado color rosa albergaba la cocina, una barra y varios taburetes altos alineados junto a tres mesas largas con capacidad para ocho personas a cada lado.

Fuera, mesas más pequeñas ocupaban varias terrazas de madera que rodeaban el edificio.

Unos tejadillos cubrían algunas de ellas; otras quedaban al aire libre.

Más allá de las terrazas, una pista de voleibol permanecía vacía en la playa, sin uso ahora en la oscuridad.

Chip saludó a algunas personas mientras guiaba a Darcy hacia una mesa vacía cerca de la playa. Unas altas estufas de terraza situadas entre las mesas proporcionaban calor además de una luz tenue. El efecto era acogedor, íntimo.

Apenas se habían sentado cuando dos chicas se acercaron a su mesa.

—¿Dónde está Mel? —exigió una de ellas—. Pensé que vosotros dos os habíais reconciliado.

Chip negó con la cabeza.

—Se acabó entre nosotros.

—Eso no es lo que ella piensa.

Una chica alta con el pelo corto y oscuro se tambaleó y fulminó a Darcy con la mirada.

—No sé quién eres, pero pareces Raggedy Ann con esos rizos y ese vestido horrible.

Darcy contuvo el aliento y clavó la mirada en los ojos vidriosos de la chica.

La chica bajita que la acompañaba tiró del brazo de su amiga.

—Vamos, Tricia. Estás borracha.

Mientras se llevaba a Tricia, la chica se volvió y articuló un «Lo siento» hacia Chip sin emitir sonido.

—¿Quién es esta tal Tricia? —dijo Darcy. La humillación avivaba su ira—. Y tal vez será mejor que me cuentes lo de Mel.

—Melody Sweeney es mi ex. Rompimos justo después de la fiesta de mi compañero de piso. Tricia es amiga suya.

—¿Por qué rompiste con Mel?

Darcy lo miró fijamente a los ojos. Supuso que a cualquier chica le dolería perder a un tipo guapo y trabajador como Chip.

—Fue por muchas razones personales. No quiero hablar de eso ahora.

—Vale, olvidémoslo.

Pero decidió que en cuanto llegara a casa, iba a quemar el vestido.

Estaban bebiendo cerveza y compartiendo alitas y patatas fritas cuando Darcy oyó una voz familiar.

—¡Eh, Chip! ¿Qué hacéis tú y Darcy aquí?

Levantó la vista y se quedó paralizada, mientras el calor le recorría el cuerpo. Brian Harwood se acercaba a la mesa.

—¡Eh, tío! Siéntate —dijo Chip—. La banda está a punto de empezar a tocar.

Brian le lanzó una mirada inquisitiva.

Darcy le señaló una silla vacía en su mesa.

Él se sentó, y a su señal, una camarera se acercó.

—¿Qué te pongo, guapo?

—Una IPA para mí, y ponles otra ronda a estos dos.

La camarera se alejó, dejando a Darcy frente a Brian sin nada que decir. Todavía no se había disculpado del todo por haber hecho el ridículo con él. Por suerte, Chip empezó a hablar con Brian sobre los Tampa Bay Rays, lo que le permitió recostarse en su silla y escuchar.

La situación amorosa era de locos. Su único interés real estaba en Brian, que había jurado no salir con las hermanas Sullivan. Le alegraba estar con Chip, pero sabía que Regan era quien se moría por salir con él. Lo único que le faltaba en ese momento era que aparecieran Regan y Austin.