Encontrándome (Serie Salty Key Inn nº 1) CAPÍTULO TREINTA Y OCHO #2
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CAPÍTULO TREINTA Y OCHO #2

—¿Nada elegante? Eso está claro —dijo Michael—. Madre mía, mamá.

Sheena giró a la derecha y los llevó más allá del edificio de suites, directamente hasta la casa.

—Aquí es donde nos alojaremos —le dijo Sheena a Tony—. Los cuatro. Una verdadera familia.

Tony sonrió.

—Suena bien.

—¿Una casa rosa? Estás de broma —dijo Michael.

—Muy diferente —comentó Rosa diplomáticamente.

Después de repartir el equipaje y de que los demás entraran en la casa, Sheena sonrió a su suegra.

—¿Dónde os va a alojar Tony?

—En un hotel bonito no muy lejos de aquí. Se llama el Don CeSar.

Sheena parpadeó sorprendida.

Rosa le puso una mano en el brazo a Sheena y le sonrió radiante.

—No lo paga él, lo pagamos nosotros. Hace años que Paul y yo no nos vamos de viaje, y le dije que era allí donde quería alojarme. Espera a ver la ropa nueva que me he comprado.

Sheena abrazó rápidamente a su suegra. —Oh, Rosa. Me alegro por ti. Creo que te encantará.

—Antes de ir allí, quiero echar un vistazo a vuestro hotel. Este cambio nos ha venido bien a todos. Puede que a Tony no le guste estar separado de ti, pero se ha convertido en un padre mucho mejor. Y, francamente, a los niños les ha abierto los ojos. ¿Cómo le va a Meaghan?

—Creo que tenerla aquí con mis hermanas le ha venido bien. No soy solo yo quien habla con ella. Aunque Regan y Darcy la quieren, no tienen problema en decirle las cosas que no les gustan.

—Eso está bien. Tu madre estaría de acuerdo con que te ayuden, ¿no crees?

Sheena sonrió. —Estoy segura de que sí.

Tomó a Rosa del brazo. —Vivir juntas en esta casa ha sido toda una experiencia: tres mujeres, un baño anticuado y una cocina de los años cincuenta. Pero ahora que mis hermanas se mudan a una de las suites, tendrán sus propios baños. Meaghan ya ha decidido ducharse allí.

—¿Baño anticuado? Qué irónico, siendo Tony fontanero. ¿No puede arreglarlo?

Sheena asintió. —Probablemente. Pero tengo que esperar a ver si superamos el reto antes de sacar el tema.

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Antes del almuerzo, Sheena llevó a Rosa y Paul hasta la bahía para mostrarles lo que algún día sería un muelle en condiciones y una zona de deportes acuáticos. Tony y los niños los acompañaron.

Al cruzar el césped hacia el Edificio Egret, pasaron junto a la piscina, cuya agua cristalina brillaba bajo el sol.

—¿Podemos bañarnos en la piscina? —preguntó Michael.

—Claro —dijo Sheena—. ¿Por qué no esperáis hasta después del recorrido y el almuerzo? Luego tendréis la tarde libre. Mañana empezarás a trabajar.

Michael hizo una mueca.

De repente, una mancha azul los atacó entre graznidos estridentes.

—¿Qué demonios es eso? —preguntó Paul, mirando con recelo al enorme pájaro.

—Es Petey, el pavo real que salvó Rocky —dijo Sheena—. Es un incordio casi siempre. Pero es puro aleteo y plumas, no supone ningún peligro.

—Es un poco mono, cuando te acostumbras a él —dijo Meaghan—. Le caigo bien.

Siguieron adelante. Junto a la entrada del Edificio Egret había un contenedor medio lleno de restos de moqueta.

—Estamos desmontando las habitaciones de este edificio —explicó Sheena—.

Esperamos tener las veinte habitaciones de la primera planta terminadas y listas para alquilar cuando llegue el verano y vengan los críos.

—Mientras tanto, estamos pintando muebles —dijo Meaghan con orgullo—. Yo ayudo a Regan. Estamos al mando.

—A mí no me vas a mandar —dijo Michael, lanzándole una mirada de advertencia.

—No-o-o —dijo Sheena—. Regan sí.

—¿Y Darcy? ¿Qué hace ella? —preguntó Rosa, cambiando de tema.

—Ha estado trabajando con el chico que está montando un sistema wifi en todo el hotel. Esta tarde van a instalar una caja registradora nueva que controlará el inventario. Es muy importante porque Gracie's tiene mucho éxito. Cuando probéis la comida, entenderéis por qué.

—Venga, acabemos el recorrido rápido. Quiero comer y luego ir a tumbarme junto a la piscina —dijo Michael.

—Calma, hijo. Todo a su tiempo —dijo Tony.

Regan estaba trabajando en un cabecero en una de las habitaciones cuando la encontraron. Sonrió y se acercó. —Os daría un abrazo, pero como veis, estoy hecha un desastre.

—Me encanta lo que estás haciendo con los muebles. Queda precioso —dijo Rosa entusiasmada—. Por lo que he visto, va a quedar muy bien. Se nota que habéis trabajado muchísimo para avanzar tanto en tan poco tiempo.

Regan y Sheena intercambiaron una sonrisa cómplice. —Así es —dijeron al unísono, y se echaron a reír. Habían sido un par de meses duros, viviendo en la casa y trabajando juntas en el proyecto.

Sheena miró el reloj. —Después de comer os enseño las otras habitaciones. Ahora, vamos a ver qué es eso de Gracie's.

Entraron en el restaurante y lo encontraron a tope de actividad. Darcy y Chip estaban en la caja registradora; Lynn, Sally y Maggie iban de un lado a otro. Todas las mesas menos una estaban ocupadas.

Maggie los vio y se acercó rápidamente a Sheena. —La mesa que os hemos reservado está casi lista. Estamos esperando a que la pareja de al lado pague para juntar las mesas.

—Vale, sin problema.

Sheena estaba encantada de poder demostrar a los padres de Tony el éxito que tenía Gracie's.

Salieron fuera a esperar.

—Estáis aún más liados que cuando vine —dijo Tony, dedicándole una sonrisa de ánimo.

Sheena esbozó una sonrisa. —Gracie se ha hecho famosa por lo bien que cocina.

A lo lejos, Brian los llamó y los saludó con la mano.

—Ahora vuelvo —dijo Tony—. Quiero preguntarle qué tal quedó el trabajo que hice.

Sheena observó a su marido acercarse corriendo hasta donde estaba Brian. Parecía diferente de algún modo, pero no sabía decir en qué.

Rosa se dio cuenta de que lo observaba. —¿Ha sido duro estar separada de tu familia?

Sheena dudó. Tenía que ser sincera. —Ha sido una experiencia reveladora para todos. Pero lo bueno compensa las dificultades.

—¿Te estás encontrando a ti misma?

A Sheena se le escapó una sonrisa. —Digamos que estoy saliendo a la luz.

Rosa se rio entre dientes. —Bueno, pues me alegro.

Agradecida de que lo entendiera, Sheena le dio un abrazo rápido.

—Muy bien —dijo Michael—. La camarera nos está haciendo señas para que entremos. —Mantuvo la puerta abierta mientras salía una pareja, y luego Sheena y los demás entraron.

En cuanto se sentaron, Gracie salió de la cocina a saludarlos. —Bienvenidos. Que disfruten.

Sheena se los presentó a todos y, tras intercambiar saludos, Gracie volvió a su trabajo.

Lynn se acercó a toda prisa con los menús. —Qué alegría verte, Sheena. ¿Esta es tu familia?

Sheena asintió y volvió a hacer las presentaciones.

Luego, mientras revisaban los menús, la conversación se centró en qué pedir.

Tony entró en el restaurante y se sentó junto a Sheena.

—Brian quiere que trabaje en otro proyecto —dijo en voz baja—, y hemos decidido que Michael ayude a despejar la zona del muelle.

—Suena bien —dijo Sheena. Le sorprendió que Tony estuviera dispuesto a trabajar con Brian. Pero supuso que cualquier cosa era mejor que quedarse de brazos cruzados mientras los demás terminaban sus tareas.

Después del almuerzo, durante el cual Paul aseguró que era el mejor sándwich de pescado que había probado en su vida, el grupo se preparó para ir al edificio de las suites.

Clyde les saludó con la mano desde la terraza, donde estaba recogiendo mesas. —¡Hola! ¡Hola! ¡Hola! ¡Soy yo! ¡Clyde!

—¡Hola, Clyde! Me alegra verte tan ocupado —dijo Sheena.

—Sí. Estoy ocupado —dijo Clyde con orgullo.

Rosa le lanzó una mirada interrogante.

—Es uno de los de Gavin. Un tipo encantador y muy trabajador.

Rosa asintió. —Grupo interesante.

—Sí —coincidió Sheena—. Todavía no sé mucho de ellos, pero espero que con el tiempo se abran más. A todos los ha rescatado Gavin.