Encontrándome (Serie Salty Key Inn nº 1) CAPÍTULO TREINTA Y SEIS
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CAPÍTULO TREINTA Y SEIS

SHEENA

Al día siguiente, Sheena decidió almorzar en Gracie's. Meaghan podría acusarla de espiarla, pero a Sheena le daba igual. Quería comprobar que Meaghan empezara con buen pie.

Regan la acompañó, diciendo que necesitaba un descanso de tanto pintar.

Aunque era tarde, había varios clientes dentro del restaurante cuando entraron. Meaghan no las vio. Estaba ocupada retirando platos sucios de una mesa de la terraza.

Sheena se detuvo y reparó en las mejillas sonrojadas de Meaghan. Sintió una punzada de arrepentimiento que desapareció enseguida. El trabajo duro le venía bien a su hija. Sheena observó cómo Clyde se acercaba a Meaghan y parecía preguntarle algo.

Meaghan le contestó, pero cuando él se alejó, negó con la cabeza con evidente disgusto. Fue entonces cuando se dio cuenta de que Sheena la observaba. Se le descompuso el rostro.

Sheena hizo todo lo posible por disimular su irritación ante el comportamiento de Meaghan y siguió a Regan hasta una mesa en un rincón del restaurante.

Lynn se acercó rápidamente a su mesa.

—¡Cuánto me alegro de veros! ¿Qué os pongo?

—Supongo que será mejor que le eche un vistazo a la carta —dijo Regan, aceptando una de Lynn.

—Yo ya sé lo que quiero: la ensalada de verduras de primavera con pollo crujiente —dijo Sheena. Ya la había probado y estaba deseando repetir.

Mientras Regan miraba la carta, Lynn le sonrió a Sheena.

—Meaghan lo está haciendo muy bien. Clyde la está ayudando.

—Gracias por decírmelo. Para mí es importante que haga un buen trabajo.

—Ya estoy —dijo Regan, interrumpiéndolas.

Regan pidió y Lynn se marchó a toda prisa.

Sheena procuró no quedarse mirándola mientras su hija hacía su trabajo.

Parecía muy distinta de la chica que vivía en Boston.

Aquella chica se maquillaba y se movía entre amigos adinerados como si el mundo le debiera todo lo que deseara.

Esta no se había molestado en maquillarse, llevaba ropa barata y estaba demasiado ocupada para darse cuenta del mechón que se le había escapado de la coleta. En otras palabras, estaba adorable.

—Parece que Meaghan lo está haciendo bien —dijo Regan.

Sheena asintió.

—Pronto acabará su turno y luego, después de descansar un poco, puede ayudarte a pintar. Mañana solo trabajará en el turno del mediodía en Gracie's. Pero Gracie y yo pensamos que primero debía acostumbrarse a los turnos dobles.

Regan alargó la mano y le cogió la suya a Sheena.

—Meaghan cometió un error que cometen muchas chicas.

—Sí, lo sé. Pero, como madre suya, quiero que sea el único acoso que cometa. Es repugnante lo crueles que pueden llegar a ser las adolescentes entre ellas. ¿A ti te acosaron alguna vez?

—Acosada exactamente no, pero algunas chicas me trataron fatal —Regan negó con la cabeza—. Es horrible cuando pasa eso. Y encima, con los problemas de aprendizaje que tenía, hasta los profesores dejaban claro que algo fallaba en mí.

—Lo siento, Regan. Que yo sepa, Meaghan se ha librado de todo eso. Por eso quiero que entienda lo profundas que pueden ser esas heridas para los demás.

Regan suspiró.

—Sé que Darcy y yo a veces te tomamos el pelo por ser la hermana mayor, pero me alegro de que seas la mía.

A Sheena le escocieron los ojos. No era fácil ser la que imponía la disciplina, pero ¿qué otra opción tenía? Ese era su papel como madre. Y como les pasaba a muchas madres, la tarea recaía en ella, no en Tony.

Sheena acababa de dar el último bocado a su ensalada cuando Meaghan se acercó a la mesa y se sentó.

—Gracie me ha dicho que ya podía irme —soltó un largo suspiro—. Estoy agotada. Es un trabajo muy duro.

—Sí, lo sé —dijo Sheena—. Lynn ha hablado muy bien de tu trabajo, y eso me llena de orgullo.

—¿Ah, sí? Soy mucho más rápida que Clyde. Es un retrasado total.

Sheena abrió la boca para decir algo, pero Regan se le adelantó.

—Qué cosa más horrible, Meaghan. Madre mía. Sabes que tiene problemas. ¿Por qué te metes con él?

Había un tono en la voz de Regan que Sheena supo reconocer: venía de experiencias pasadas.

El rostro de Meaghan se descompuso de la sorpresa.

—¿Por qué me atacas? —le preguntó a Regan con voz quejumbrosa.

—No te estoy... —empezó Regan, pero Meaghan ya se había levantado de un salto y había salido corriendo.

Regan hizo una mueca.

—Lo siento —le dijo a Sheena.

—Yo no. Me alegro mucho de que se lo hayas dicho. Meaghan necesita oírlo de otras personas, no solo de mí.

Salieron del restaurante. Mientras Regan volvía al Edificio Egret para seguir pintando, Sheena se encaminó hacia la casa para trabajar en un presupuesto revisado. Casi había llegado cuando le sonó el móvil. Tony. Contestó.

—¡Hola, cariño! ¿Cómo estás? ¿Qué tal?

—Lo mismo te digo —respondió Tony con una voz tensa que alarmó a Sheena—.

¿Qué está pasando? Meaghan me ha llamado llorando para decirme que ha trabajado seis horas seguidas y que tú y Regan os estáis portando fatal con ella, y que ahora quieres que ayude a Regan a pintar unos muebles.

¿Qué demonios pasa? No quedamos en que la ibas a matar a trabajar.

Sheena se alejó de la casa para que Meaghan no la oyera. Mientras caminaba hacia la bahía, puso en orden sus ideas. No quería empezar una pelea con Tony, pero estaba furiosa de que Meaghan hubiera ido a llorarle a él.

—Meaghan ha hecho un turno doble en Gracie's para aprender cómo funciona todo.

Mañana solo trabajará a mediodía para poder dormir por la mañana.

Y sí, Meaghan, como todas nosotras, va a estar ocupada pintando muebles en cuanto tenga un rato libre.

Regan le dijo algo antes de que pudiera hacerlo yo, cuando llamó retrasado a Clyde.

No pienso tolerar ese tipo de lenguaje en nuestra hija. ¿Entendido?

—¡Uf! No tienes que enfadarte conmigo. Yo no hablo así.

—Yo tampoco. Por eso tendremos que echarle la bronca a Meaghan cuando lo haga.

—Vale, vale. Lo entiendo. Lo tienes todo controlado. ¿Cómo va todo lo demás?

La ira de Sheena se desvaneció.

—Las cosas están tomando forma. Nos fue bien en la subasta del hotel ayer: nos llevamos algunas lámparas y obras de arte. Los programas informáticos están casi terminados, y estamos viendo cómo cablear el edificio de las suites familiares para tener internet.

—Me alegra oírlo. Mira, tengo que irme. Tengo un par de reuniones importantes.

—¿Algo que deba saber?

—No —dijo Tony, con un énfasis que despertó la curiosidad de Sheena.

Colgaron y Sheena volvió a la casa para lidiar con su hija.