Encontrándome (Serie Salty Key Inn nº 1) CAPÍTULO TREINTA Y TRES
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CAPÍTULO TREINTA Y TRES

DARCY

Mientras se dirigían al restaurante de Gracie's, Darcy pasó un brazo por los hombros de Meaghan.

Esperaba que su sobrina fuera lo bastante sensata como para mantener la boca cerrada y seguir las reglas que su madre le había impuesto.

Darcy nunca había visto a Sheena tan enfadada como cuando les contó a Regan y a ella lo que Meaghan había hecho y por qué venía a Florida.

La verdad es que Darcy se había sentido decepcionada las dos veces que le había escrito a Meaghan —solo para ver cómo estaba— y no había recibido respuesta. Recordaba cómo solían comunicarse con cierta regularidad y lo mucho que eso había significado para ella.

—Meggie, espero que te guste estar aquí. Están repintando la piscina, pero debería estar lista para usar cuando llegue tu hermano.

Meaghan hizo una mueca.

—Típico.

—Sé cómo te sientes. Nosotras tampoco hemos podido usar la piscina. Pero estamos arreglando las cosas por aquí tan rápido como podemos. Yo estoy presionando para que arreglen el muelle. Entonces quizás podamos usar los kayaks que compró Regan.

—¿Kayaks? —el rostro de Meaghan se iluminó—. Genial.

—Veremos lo rápido que se puede despejar la zona de la orilla. Hay muchas otras cosas que van antes —dijo Darcy—. Mientras tanto, sabes que puedes hablar conmigo de lo que sea. ¿Verdad?

Meaghan sonrió.

—Sí.

Cuando se acercaban al restaurante de Gracie's, vieron a Clyde ayudando a Lynn a recoger platos de un par de mesas en el patio.

Darcy saludó con la mano y llevó a Meaghan hacia la puerta principal.

—¡Vaya, mira el pirata! —dijo Meaghan, tocando la alta estatua de madera—. Genial.

—Sentémonos afuera. ¿Qué temperatura hacía en Boston cuando te fuiste? —dijo Sheena, sosteniendo la puerta para ellas mientras hablaba con Meaghan.

—Estaba a unos diez grados y lloviendo. Lo típico.

Sheena sonrió.

—Ah, creo que vas a disfrutar del clima aquí. Me alegro de que te hayas puesto una camisa ligera con los vaqueros. Pero por muy agradable que sea aquí, las Sullivan tenemos que tener cuidado con el sol.

—Yo soy una Morelli —dijo Meaghan con actitud desafiante.

—Desde luego —murmuró Sheena, exasperada con ella. Dentro, le habló a Maggie—. ¿Podemos sentarnos afuera?

Maggie sonrió y asintió.

—Claro. Hay mucho sitio para vosotras. La mayoría de la gente ya se ha ido —se volvió hacia Meaghan—. ¿Y quién es esta?

Sheena puso una mano en el hombro de Meaghan.

—Esta es mi hija, Meaghan.

—Ah, nuestro nuevo ayudante de camarero. O debería decir ayudanta.

Meaghan frunció el ceño.

—¿De qué iba eso? —susurró Meaghan mientras seguían a Maggie hacia el patio.

—Uno de tus trabajos será ayudar a Clyde en el restaurante. Hablaremos de ello más tarde.

Meaghan entrecerró los ojos mirando a Sheena, a punto de hablar.

Darcy le dio un codazo a Meaghan.

—Tu madre ha dicho que más tarde. No montes una escena aquí.

Maggie las llevó a una mesa afuera y colocó los menús frente a ellas.

—Vuelvo enseguida para tomar vuestros pedidos.

—Mamá...

Sheena levantó una mano para detenerla.

—¿Qué vas a pedir? Tenemos que decidir ya porque es tarde y no quiero retener al personal más de lo necesario.

Meaghan se hundió en su asiento, pero cogió un menú.

Al poco, Maggie regresó, tomó nota y se fue rápidamente.

Darcy notó que Meaghan lanzaba miradas furtivas a Clyde mientras él recogía una mesa cercana.

—Clyde es uno de los empleados y un tipo muy majo. Está orgulloso del trabajo que hace.

Meaghan frunció el ceño, preocupada.

Antes de que Darcy pudiera tranquilizarla, Gracie's apareció en su mesa.

—Ah, aquí está mi nueva trabajadora. Levántate y déjame verte bien.

Meaghan hizo lo que le pedían, sorprendiendo a Darcy y a todas las demás con una sonrisa.

—Sí, vales. Me alegro de tenerte a bordo. Tu madre me dijo que eras buena trabajadora. Eso espero, porque cada día estamos más ocupados.

Gracie's las dejó y poco después llegó la comida. Darcy atacó su hamburguesa con ganas. Había empezado a correr por la playa por las mañanas y a la hora de comer estaba muerta de hambre.

—¿Estás comiendo una hamburguesa? —dijo Meaghan, con voz incrédula—. ¿No tienes miedo de engordar?

—No, ¿y tú? —respondió Darcy, estudiando la ensalada verde que Meaghan había pedido con el aliño aparte.

—Pues claro. Lauren dice... —Meaghan dejó de hablar cuando Sheena carraspeó y le dirigió una mirada firme.

—Quiero decir, yo digo que no tendremos novios si estamos gordas.

Darcy negó con la cabeza.

—Oye, pequeña, no te vayas a ningún extremo. Come bien y con cabeza. Eso es todo. Necesitas proteínas, azúcares naturales y algo de grasa buena, además de verduras como esas.

—Gracias —dijo Sheena—. Llevo tiempo intentando decirle eso. Todo con moderación.

Darcy dio otro mordisco a su hamburguesa y observó cómo Meaghan movía trozos de ensalada por el plato, sin apenas comer nada.

Cuando salían del restaurante, Rocky llegó al aparcamiento con su camioneta, paró y sacó a empujones un pájaro grande, dejándolo en el suelo cerca de la entrada.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Darcy, recelosa como siempre con él.

—Este tipo necesita un nuevo hogar. Los otros de su bandada lo estaban acosando. Lo he llamado Petey.

—¿Un pavo real? Dios mío, ¿qué vamos a hacer con él? —dijo Sheena.

—Vamos a dejar que campee a sus anchas. Mantendrá el lugar libre de algunos de los bichos que son una molestia por aquí. Eso, y de insectos.

Como era típico en él, Rocky ignoró sus preocupaciones, puso la camioneta en reversa y rodeó el edificio, mientras Petey se pavoneaba hacia la sombra de los árboles que bordeaban la propiedad como si ya fuera el dueño del lugar.

Darcy y Sheena se miraron y suspiraron. Un pavo real llamado Petey no sería un problema, ¿verdad?