CAPÍTULO VEINTISÉIS
DARCY
En el bar de al lado, Darcy se dejó caer en su asiento frente a Regan, abatida.
—¿Por qué tuviste que insinuarle a Tony que Sheena tenía una cita? ¿No podrías haber dicho que estaba en una reunión de negocios? —Regan habló en voz baja, pero las palabras dolieron porque Darcy se hacía exactamente la misma pregunta.
—Intentaba ser justa y no decir nada, pero la fastidié. —A Darcy se le revolvió el estómago—. ¿Crees que el matrimonio de Sheena está en serios problemas?
Regan suspiró. —No. Me encantaría que algún hombre luchara por mí como Tony lucha por Sheena. Tony la quiere y ella lo quiere a él. Solo es un poco chapado a la antigua.
—Bien. —Darcy miró al otro lado del local y se enderezó en el asiento. Una amplia sonrisa se dibujó en su rostro—. ¡Hola, Brian! ¿Cómo estás?
—¿Os importa si me siento? —Brian sonrió a Darcy y miró a Regan.
—En absoluto. —Darcy estaba encantada de que se les uniera.
—Hemos huido de casa —explicó Regan.
—¿Qué pasa? —preguntó Brian.
Regan le contó lo de la visita sorpresa de Tony y luego dijo: —Les estamos dando un poco de intimidad para que arreglen las cosas.
—Sheena me dijo que Tony es fontanero. ¿Es verdad? —dijo Brian.
—Sí —dijo Darcy—. ¿Por qué?
—Por curiosidad.
Darcy estaba segura de que había algo más, pero no dijo nada.
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Darcy casi tropezó cuando Regan y ella entraban en la casa. —¡Uy! —exclamó en voz baja pero audible, agarrándose al brazo de su hermana.
Regan soltó una risita. —No tendríamos que habernos bebido todos esos cócteles que nos preparó Brian. Apenas me tengo en pie.
—Ya, pero estaban buenísimos —dijo Darcy—. Uy, uy... creo que voy a vomitar.
Se tambaleó hasta el salón y se detuvo en seco. —Hay alguien aquí.
Regan le dio un empujoncito juguetón. —Es Tony, que está dormido en el sofá. Parece que las cosas no van tan bien entre Sheena y él.
Darcy se detuvo un momento y luego corrió a la cocina, donde vomitó en el fregadero. —Dios —dijo antes de volver a vomitar.
—¿Qué pasa? —Tony encendió las luces del salón.
Darcy se giró cuando Tony entró en la cocina, con unos vaqueros puestos y nada más. Se lavó la cara con agua fría e intentó calmar el estómago. —Perdón por despertarte —murmuró, y se volvió hacia el fregadero, otra vez con náuseas.
—¡Madre mía! ¿Estás vomitando en el fregadero? —dijo Tony—. ¿Demasiada juerga? ¿Es eso?
—No la culpes. —Regan se les unió—. Solo queríamos mantenernos lejos de la casa para daros a Sheena y a ti un poco de tiempo a solas.
Tony negó con la cabeza. —Esta casa es un puto zoo.
Las dejó en la cocina y volvió al sofá.
—¿Estás bien? —preguntó Regan, que ahora parecía sobria.
Darcy asintió, pero sabía que no estaría bien hasta que las cosas se arreglaran entre Sheena y Tony.