CAPÍTULO DIECINUEVE
REGAN
Regan tiró del kayak para sacar la ligera embarcación de la parte trasera de la furgoneta.
El hombre de la venta de garaje había ayudado a Darcy y a ella a cargarlo.
Volvería a por el segundo, sola si conseguía escaparse de sus hermanas.
Tenía una idea en mente y no quería que estuvieran con ella mientras la llevaba a cabo.
Mientras Darcy y Sheena se llevaban el kayak para guardarlo en el taller, Regan les dijo:
—Ahora vuelvo con el otro.
—Espérame —dijo Darcy.
—No hace falta que vengas. Yo me encargo —dijo Regan, ignorando el ceño fruncido de Darcy.
Se subió a la furgoneta y se sentó al volante.
Qué bien se sentía estar al mando por una vez.
Y si sus hermanas se enfadaban con ella, ¿qué más daba?
Iba a demostrarles a ellas y a todos los demás que podía aportar su parte y más para que este hotel quedara estupendo.
Poco después, Regan se detuvo frente a la casa y bajó de la furgoneta. El anciano que llevaba la venta de garaje se acercó a ella con una sonrisa.
—¿Ya de vuelta, eh? Bueno, pues te ayudo a cargar el kayak y te vas.
Ella negó con la cabeza.
—Hay algo más que me interesa.
Entró en el garaje y fue hasta el fondo, donde levantó una placa de madera. En ella estaba tallada la silueta de una garceta.
—¿Tiene más de estas?
—No. Aunque mi nieto las hace. ¿Te gusta? Una chica guapa como tú puede quedársela.
—¿Tiene la tarjeta de su nieto? —preguntó mientras cogía la placa.
—Espera, que voy a buscar una a la cocina. Mi mujer guarda un montón. No sé por qué. Es solo un pasatiempo del chico, no un negocio de verdad. Está estudiando para dentista.
Regan disimuló su emoción y sonrió con cortesía.
Cuando el hombre volvió, le dio a Regan una pequeña tarjeta blanca.
—Aquí tienes. Se llama Austin Blakely.
—Gracias —dijo Regan—. Se lo agradezco mucho.
Cargaron la placa y el kayak en la furgoneta, y luego Regan se despidió.
De camino al hotel, pensó en la mejor manera de plantearles el tema a sus hermanas. O les encantaría su idea o la odiarían.