CAPÍTULO QUINCE
DARCY
Mientras giraba la llave en el contacto, Darcy contuvo la respiración.
A Sean, su exnovio, le encantaban los coches antiguos, y ella lo había acompañado encantada a varias exposiciones.
Y este coche del tío Gavin era un verdadero clásico en un estado impecable.
Debió de quererlo mucho, pensó mientras el motor cobraba vida con un ronroneo.
Regan, sentada en el asiento del copiloto, le sonrió.
—¡Genial!
—Ten cuidado al salir marcha atrás —dijo Sheena.
Ante la mirada fulminante de Darcy, se rio.
—Lo siento. Estoy en modo mamá. No hay nada como enseñar a conducir a un adolescente para perder la confianza en el resto de conductores.
Darcy sacó el coche del garaje con cuidado, atravesó el aparcamiento y salió a la carretera.
—Veamos el vecindario desde este ángulo —dijo.
Condujo despacio para que todas pudieran echar un buen vistazo a las propiedades de alrededor. Pasaron por un pequeño pueblo costero tras otro hasta acercarse a St. Pete Beach.
—¿Qué es ese enorme edificio rosa? —preguntó Regan.
—Creo que es el Don CeSar. Vamos a verlo —dijo Darcy.
Mientras se acercaban a la imponente y deslumbrante fachada del hotel, el interior del coche quedó en silencio. El suspiro de Regan rompió el silencio.
—Así me imaginaba yo nuestro hotel.
—Yo también —admitió Sheena—. No tenía ni idea de lo que nos esperaba. Será mejor que disfrutemos de esta vista, porque no nos acercaremos más que esto a alojarnos aquí.
Darcy se incorporó a la carretera principal y puso rumbo al hotel.
—Sabéis que podríamos conseguir que funcione. Sheena, has estado ayudando a Tony con su negocio. Vas a tener que organizar el Salty Key Inn. Y, Regan, vas a tener que dejarlo bonito. ¿Creéis que podemos hacerlo?
Hubo una pausa tensa, y luego, al mismo tiempo, Sheena y Regan dijeron: —¡Sí!
Las risas que llenaron el coche resultaron reconfortantes.