Encontrándome (Serie Salty Key Inn nº 1) CAPÍTULO DIECISÉIS
32%

CAPÍTULO DIECISÉIS

SHEENA

Sheena iba en el asiento trasero del coche, mirando por la ventanilla, sonriendo y saludando cuando la gente les tocaba el claxon.

Se sentía tan joven, tan despreocupada. Al quedarse embarazada tan joven, se había perdido muchas cosas sencillas como dar vueltas por el barrio en coche con las amigas.

Recordó la conversación telefónica de la noche anterior con Tony. Él había dicho que lo único que echaba de menos era su cocina. ¡Vaya, eso sí que era llevar demasiado tiempo casados! En algún momento del camino habían perdido hasta la idea del romance.

—Sheena, ¿vas a preparar un presupuesto o lo que sea que hagas para Tony? —dijo Darcy desde el volante.

—Por supuesto —respondió—. Necesitaremos un presupuesto estricto si queremos tener éxito. Y aunque nunca seremos tan grandes ni tan elegantes como algunos de estos otros sitios, podemos convertir el Salty Key Inn en algo de lo que estar orgullosas.

Regan se giró en el asiento delantero y chocó el puño con Sheena.

—Eso es, chica. Vamos a por ello.

—Bueno, ahora pasemos a asuntos más prácticos —dijo Darcy—. El Walmart está cruzando el puente. Agarraos, que giro a la derecha.

###

Al salir de la tienda con sus hermanas, a Sheena le llamó la atención lo sencillas que se estaban volviendo sus vidas.

Tanto Darcy como Regan habían elegido dos pares de pantalones cortos y tres camisetas para complementar el vestuario que pensaban que estaría lleno de ropa glamurosa.

Las tres habían comprado gorras de béisbol, crema solar, toallas de playa y comida suficiente para ir tirando una semana en casa.

Cuando volvieron a la entrada del hotel, Brian les hizo señas para que pararan.

Sheena bajó la ventanilla.

—¿Qué pasa?

—Buenas noticias. He encontrado a un par de pintores para limpiar el edificio a presión y luego raspar y lijar como preparación para pintarlo. Veremos qué da de sí vuestro presupuesto. Si hace falta, podemos arrimar todos el hombro y pintar nosotros mismos.

Sheena sonrió.

—Gracias. Si ellos hacen el trabajo duro, nosotras podemos encargarnos del resto. Queremos molestar lo menos posible a los clientes del restaurante.

—Entendido —dijo Brian—. Decidme de cuánto disponéis para el jardín y os preparo un plan. Me alegra ver que nuestra Gertie ha salido a dar una vuelta.

—¿Gertie?

Brian sonrió.

—Así la llamaba Gavin.

Le dio unas palmaditas al lateral del coche.

—Es una buena chica.

Les hizo un gesto de despedida y se alejó.

Darcy se abanicó con las manos.

—¡Uf! —dijo, sin apartar la vista del cuerpo de Brian mientras se alejaba.

Regan permaneció en silencio, pero Sheena se dio cuenta de que ella también lo observaba alejarse. «¿Quién no lo haría?», pensó Sheena, disfrutando del movimiento de sus caderas mientras cruzaba el césped hacia la propiedad de su madre, en la parcela de al lado.

—Quizá debería pasarme por The Key Hole —dijo Darcy—. Tengo que hablar con Holly sobre lo de echarle una mano con los ordenadores.

Regan soltó un suspiro y salió del coche.

—Yo llevo las compras a casa.

Darcy frunció el ceño.

—¿Qué te pasa?

—Nada —dijo Regan—. Absolutamente nada.

Darcy le lanzó a Sheena una mirada interrogante.

Sheena se encogió de hombros. Tras salir del coche, ayudó a Regan a cargar la compra en un carrito de golf y fueron por el camino de entrada hasta la casa rosa. Regan paró el carrito frente a la entrada principal y miró la casa.

—Con un poco de trabajo, esta casa podría quedar preciosa.

—Lo sé, pero eso es lo último de la lista. ¿De acuerdo?

—De acuerdo.

Más tarde, sentada con sus hermanas en el salón y bebiendo una copa de pinot noir —un regalo de bienvenida a Florida de Holly, la vecina—, Sheena pensó en su madre.

¿Habría sabido que Gavin era rico? ¿Se habría imaginado alguna vez lo que haría por ella y sus hermanas?

Si la moneda de oro valía mucho dinero, podría venderla y resolver todos sus problemas.

Pero Sheena se prometió no hacerlo. Una lección de vida era lo que Gavin había querido para ellas, y tenía la sensación de que las clases no habían hecho más que empezar.

—¿Qué tipo de novela escribirías? —le preguntó Regan a Darcy, con los pies recogidos bajo el cuerpo en una de las butacas junto a los sofás.

—Ay, no sé —reflexionó Darcy—. Una novela romántica seria no. No después de cómo me destrozó Sean. Quizá una comedia o algo así.

Miró a Regan fijamente.

—¿Por qué no le dijiste a nadie que querías ser diseñadora?

Regan se encogió de hombros.

—¿Para qué? Mis notas eran pésimas. Y además, para entonces, mamá y papá ya habían gastado un dineral en tu educación. Oí a papá quejarse y no quería empeorar las cosas para mamá. Ya sabes cómo era, dale que te pego con lo mismo.

—Yo les ahorré un montón de dinero al meter la pata y quedarme embarazada —dijo Sheena—. Podrías haber aprovechado parte de ese dinero.

Regan negó con la cabeza.

—Las medicinas de mamá costaban un dineral, y había otros problemas también. No conozco toda la historia, pero papá perdió mucho dinero en una inversión.

Frunció el ceño.

—Oí que esa fue una de las razones por las que papá y el «Gran G» nunca se llevaron bien. En casa andábamos justos de dinero a veces.

—Gavin ha hecho cosas buenas por la gente. Me pregunto cuánto valdrá realmente su patrimonio —dijo Sheena—. Todo esto es tan raro.

—Quizá sea otro de sus trucos y esto sea todo lo que hay —dijo Darcy—. Por lo que me cuentas, no me extrañaría nada.

—En cualquier caso, mañana empezamos en serio con los proyectos. ¿De acuerdo? —dijo Sheena—. Darcy, tú vas a pedir presupuesto para un sistema wifi y el equipo necesario. Menos mal que todas trajimos los ordenadores.

—Sí —dijo Darcy—. Ya le pedí a Brian que me echara una mano. Tiene un amigo que se dedica a eso.

—Me pregunto cómo empezaron a trabajar juntos él y Gavin —comentó Regan.

—Eso es bueno. Parece que conoce a todo el mundo por aquí —dijo Sheena—. Regan, vas a hacer un inventario de los muebles de todas las habitaciones. ¿Verdad?

—Sí. Y tú vas a preparar un presupuesto.

Sheena sonrió. Aquello empezaba a sonar a trabajo en equipo.

###

Cuando Tony llamó, Sheena salió de la casa y se sentó en una de las sillas de lo que llamaban porche. —Hola, cariño. ¿Cómo estás? —dijo Sheena, esperando que Tony no le hiciera la misma pregunta. No se le daba bien mentir.

—No muy bien. Esto es un caos sin ti. Meaghan está histérica con lo del baile, y Michael se cree que puede coger el coche cuando le da la gana sin tener en cuenta a los demás. Mamá intenta ayudar dándonos de comer, pero ya casi no queda nada de la compra que hiciste.

—Todos sabéis dónde está el supermercado. ¿Verdad? —Sheena mantuvo un tono ligero, pero sintió que su decisión quedaba justificada. Lo que su familia echaba de menos no era a ella, sino todo lo que solía hacer por ellos.

—¿Cómo conseguías que todo funcionara bien? —dijo Tony—. No sé por dónde empezar.

—Empieza haciendo que los chicos sigan el horario que preparé. Luego ve apuntando lo que haga falta del supermercado. Michael puede ir a comprar con o sin su hermana. No es tan complicado. Solo hace falta trabajo en equipo.

—Estoy ocupado trabajando. No puedo con esto. Tienes que volver a casa.

—Tony, solo llevo fuera unos días. Todos vais a tener que «hacer esto» porque no pienso irme. Tengo un proyecto enorme aquí.

—¿Qué quieres decir con enorme? ¿Qué demonios está pasando? ¿Por eso no nos has mandado ninguna foto?

—En parte —dijo Sheena con sinceridad—, y en parte porque todavía estamos intentando entender a qué nos enfrentamos. Digamos que no es lo que imaginábamos.

—¡Lo sabía! Ya me has hablado de Gavin. Es solo una broma, ¿verdad?

—No estoy segura, pero pienso averiguarlo. ¿Están los chicos por ahí? He intentado hablar con Meaghan, pero no me coge el teléfono.

—Meaghan está en casa de mamá, y Michael aún no ha vuelto del entrenamiento. Sheena, quiero que vuelvas a casa.

—Tony, te quiero, pero me quedo aquí. Esto tiene que ver tanto conmigo y con nosotros como con el hotel que heredé. Necesito encontrarme a mí misma.

La voz de Tony se convirtió en un gruñido. —Tienes que estar en casa con tu familia.

—Mira, tengo que dejarte —dijo Sheena—. Te llamo mañana. Y dale abrazos a los chicos de mi parte.

Sheena colgó antes de que Tony pudiera exigirle nada más, exigencias que no tenía intención de cumplir.

Se quedó sentada en la silla un momento, contemplando en la oscuridad las siluetas de los edificios que una vez había imaginado diferentes.

Mientras las ranas croaban de fondo y las estrellas titilaban en el cielo de ébano, la tristeza y la frustración la envolvieron.

Durante años, su papel había sido mantener feliz a su familia satisfaciendo sus exigencias, haciendo que todo funcionara sin problemas.

Pero ahora la daban por sentada. Le exigían, no le pedían que hiciera algo por ellos, como si fuera un genio de la lámpara.

Y si las cosas no sucedían por arte de magia, se enfadaban con ella.

No podía permitirse seguir así. Era algo más que una esclava.

No volvería, no podía volver a esa situación ni ahora ni nunca.

Tenía que empezar a cambiar las cosas afrontando este desafío.

Se lo debía a sus hermanas; se lo debía a sí misma.

###

A la mañana siguiente, Sheena se puso a trabajar en el presupuesto llena de determinación.

Pero a medida que iba detallando gastos reales e hipotéticos, se dio cuenta de que necesitaba mucha más información de la que Brian podía darle.

Necesitaba hablar con quien había llevado las finanzas de Gavin.

Se dirigió a The Key Hole, el bar de Holly Harwood en el local de al lado, para ver si encontraba a Brian.