Encontrándome (Serie Salty Key Inn nº 1) CAPÍTULO SEIS
12%

CAPÍTULO SEIS

SHEENA

El silencio puede ser terrible cuando se usa como arma, pensó Sheena mientras ponía la mesa para la cena. Tony había vuelto a casa, pero se había metido directamente en el estudio y había puesto un partido de fútbol americano. Cuando ella se acercó, él la apartó con un gesto.

Ahora, en una noche rara en la que ambos niños estaban en casa sin planes inmediatos, temía hablarles de que se iba. Pero había que hacerlo.

Cuando llamó a todos a cenar, se produjo el revuelo habitual para sentarse a la mesa.

—Ay, mamá. ¿Lasaña? —dijo Meaghan—. Sabes que engorda.

—Es la favorita de tu padre —dijo Sheena con calma. Ignorando el quejido de su hija, intentó arrancarle una sonrisa a Tony. Pero él no quería saber nada.

—Come mucha ensalada en vez de eso —le dijo a Meaghan.

—Sí —dijo Michael—. Los tíos necesitamos todos los carbohidratos que podamos para el ejercicio tan duro que hacemos.

—Mamá, he invitado a un par de amigas a quedarse a dormir después del Baile de San Valentín —dijo Meaghan—. No te importa, ¿verdad? Siempre nos dices que nuestros amigos son bienvenidos en cualquier momento.

Sheena respiró hondo.

—Bueno, esta vez vas a tener que preguntarle a tu padre. No a mí. No estaré aquí.

—¿Qué quieres decir? —Meaghan palideció.

—Tu madre quiere decir que pretende dejarnos solos durante un año —dijo Tony—. Tendremos que arreglárnoslas sin ella.

—¿Quéééé? ¡No puedes hacer eso! —dijo Michael, mirándola con incredulidad.

—¿Os vais a divorciar? —preguntó Meaghan con voz temblorosa.

—No, escuchadme. Ha pasado algo maravilloso.

Sheena les contó los detalles del testamento del tío Gavin, sin omitir nada.

—Es importante para mí hacer esto por vosotros y por vuestro padre, más que por nada. Podría suponer muchos beneficios para todos. Y no os voy a dejar durante un año. Eso es absurdo. Nos veremos en Florida con regularidad.

—Pero papá gana mucho dinero. No hace falta que te vayas —dijo Meaghan. Los ojos le brillaban por las lágrimas.

Sheena quería ser sincera sin herir los sentimientos de Tony, pero lo cierto era que su negocio había sufrido algunos reveses en los últimos meses.

En el último año, había perdido un par de licitaciones para trabajos grandes.

Trabajos que necesitaban. Después de eso, incluso había tenido que despedir a dos personas.

—Es difícil dirigir una pequeña empresa en el mundo actual, con tantas regulaciones gubernamentales y empresas que intentan superarse unas a otras en los trabajos grandes —dijo Sheena con la mayor diplomacia posible—.

Queremos que podáis ir a la universidad que elijáis.

A Michael solo le queda un año más de instituto después de este, y luego se irá.

Y si no participo en el desafío, Darcy y Regan no podrán heredar el hotel ni, más adelante, el resto del patrimonio del tío Gavin.

No sería justo para ellas que yo no lo hiciera.

—¿Por qué el tío Gavin lo montó así? —dijo Michael—. ¿Cuál es la trampa?

Sheena negó con la cabeza.

—Ojalá supiera qué estaba pensando. El abogado dijo que quería que fuera una lección de vida para cada una de nosotras.

—Lo que sea que eso signifique —dijo Tony. Dejó caer el tenedor con fuerza, se levantó y se alejó.

Meaghan se echó a llorar.

Michael se puso de pie.

—Jo, mamá. No vas a ganar hagas lo que hagas.

—Gracias, Michael —dijo Sheena con ironía—. Así es exactamente como me siento.

###

Durante toda la noche, Meaghan se quedó cerca de Sheena, insistiendo en sentarse a su lado mientras buscaba información en internet sobre la zona costera donde estaba el hotel.

Aunque averiguó cosas sobre esa parte de Florida, como le había dicho Darcy, el hotel no aparecía en ninguna lista. Eso preocupaba mucho a Sheena.

Más tarde, después de que Michael volviera de casa de un amigo y Meaghan subiera a su habitación, Sheena y Michael se sentaron juntos en el sofá del salón.

—Necesito que seas fuerte por Meaghan —explicó Sheena—.

No voy a estar fuera un año entero sin veros, como dijo papá.

Solo serán semanas cada vez. Vendréis a verme a mí en lugar de ir yo a veros a vosotros.

Podéis pasar las vacaciones escolares y el verano en Florida, donde haréis y veréis muchas cosas nuevas.

—¿Y qué pasa con lo de ir a la playa en New Hampshire como hacemos todos los veranos? —dijo Michael.

—Este verano vendréis a Florida en su lugar. Estoy bastante segura de que puedo encontrarte un trabajo de verano —dijo Sheena, intentando bromear un poco.

—Si vas a hacerte rica con esto, ¿por qué necesito un trabajo de verano? —replicó Michael.

Sheena le tomó la mano.

—Porque, hijo mío, se trata de aprender a ser responsable y de contribuir al bien común de la familia. Nada está garantizado porque me vaya a Florida, pero no me plantearía siquiera hacer esto si no estuviera bastante segura de que será algo muy bueno para nuestra familia.

—Si nada está garantizado, ¿por qué diablos lo haces? —A Michael se le hincharon las aletas de la nariz mientras la miraba.

—Ay, Michael —dijo Sheena—. Es una oportunidad de quitarle un gran peso de encima a tu padre. ¿Cómo no voy a hacerlo?

Él bajó la mirada al suelo y luego la miró.

—Ojalá lo supiera.

Ella lo abrazó.

—Hablaremos más por la mañana.

###

Tony ya estaba en la cama cuando Sheena subió a acostarse. Al ver su cuerpo rígido en la cama, Sheena suspiró. Ella y Tony rara vez discutían. La verdad es que no había hecho falta, porque ella estaba contenta de ser su esposa y la madre de sus hijos. Ahora, sin embargo, tenía que hacerle entender.

Se desvistió y se tomó su tiempo para prepararse antes de ponerse el camisón que tanto le gustaba a Tony: el rojo y corto que él le había regalado un San Valentín. Al verse en el espejo, contemplando aquel camisón que parecía nuevo, cayó en la cuenta de que aquello había sido hacía ya varios años.

Mientras se apartaba el cabello castaño rojizo de la cara, se preguntó qué había sido de aquella chica joven e inocente que pensaba dedicar su vida a la enfermería.

Aquella chica había soñado con una vida interesante, una carrera gratificante y un buen hombre a su lado.

A ser posible, un médico que solo apareciera cuando a ella le apeteciera.

Al entrar en la universidad, la había entusiasmado la idea de valerse por sí misma, lejos de sus hermanas y sus padres, rodeada de gente interesante que había viajado y conocido mundo.

Aun así, recordaba perfectamente el momento en que entró en un bar y vio a Tony.

Estaba sentado con unos amigos en una mesa.

Cuando él alzó la vista hacia ella, fue como si el mundo a su alrededor se hubiera desvanecido.

Su sonrisa increíblemente sexy y el brillo de sus ojos oscuros la atraparon, prometiéndole cosas que solo había leído en los libros.

El deseo significaba muchas cosas para mucha gente. Para ella, era la confirmación de que podía ser alguien distinto de la chica que se había quedado atrapada en casa cuidando de sus hermanas pequeñas cuando su madre enfermaba. Era libertad. ¡Y sabía bien y sentaba de maravilla!

El rostro que ahora le devolvía la mirada seguía siendo joven y bonito. Los ojos verdes que Tony adoraba brillaban con inteligencia, pero de pronto se llenaron de preocupación. Se apartó del espejo, incómoda con aquel cambio.

Al meterse en la cama junto a Tony, Sheena notó que él se tensaba. Le puso una mano en la espalda.

—Tony, por favor, cariño. No discutamos por esto. Jamás te dejaría. Te quiero y siempre te querré.

Él se dio la vuelta y la miró.

—Pero me estás dejando.

Ella negó con la cabeza.

—Estaremos separados durante temporadas. Eso es todo. Vendrás a verme. Y yo estaré allí.

A él se le llenaron los ojos de lágrimas.

—Sin ti, Sheena, no sé qué voy a hacer. Eres el pilar que mantiene unida a esta familia. ¿Cómo nos las vamos a arreglar sin ti?

—Os las arreglaréis perfectamente. Tú y los niños. De hecho, creo que este cambio nos vendrá bien a todos.

—A mí me parece que lo que quieres es librarte de la familia. ¿Quién me asegura que vas a querer volver?

Ella le puso la mano en la mejilla y lo miró a los ojos.

—En el fondo sabes que nunca haría eso.

—Vale, pero entonces ¿a qué vienen todas esas reglas que puso Gavin? Podría ser solo una broma. ¿Y entonces qué?

—Exactamente donde estamos ahora —dijo ella, sin atreverse a mencionar que de verdad creía que acabarían en una situación económica mucho mejor—. Tony, hay riesgos que vale la pena correr.

—Te hace ilusión dejarnos, ¿a que sí? —La miró fijamente, exigiendo una respuesta sincera.

—Quiero esta oportunidad para nuestra familia, pero sí, llevo tanto tiempo sintiéndome perdida que ha llegado el momento de reencontrarme.

—Pero, Sheena, ¿y si encontrarte a ti misma significa perderme a mí? —Tony la miró angustiado.

—No lo sé. No lo sé —dijo Sheena, asustada de pronto.

###

Sheena subió los escalones de la casa familiar en Dorchester, deseando poder cambiarse por arte de magia por una de sus hermanas. A su padre no le iba a hacer ninguna gracia enterarse de que sus hermanas y ella se habían metido en uno de los planes del tío Gavin.

Sheena llamó al timbre y esperó a que su padre abriera. El gélido viento de enero la azotaba, obligándola a arrebujarse en su plumífero. Vivir cerca del mar tenía sus ventajas, pero el viento helado del invierno no era una de ellas.

—Vaya, mira quién tenemos aquí —dijo su padre, sonriéndole desde detrás de la puerta acristalada—. Pasa, pasa.

Sheena entró en la casa. Sin la presencia de su madre, parecía vacía.

No podía culpar a sus hermanas por detestar los cambios que veían.

La novia de su padre tenía debilidad por los cojines de encaje, los tapetitos y otras cosas que su madre jamás habría elegido.

Un osito de peluche con un vestidito de volantes ocupaba una esquina del sofá, recordatorio de la mujer que había sustituido a su madre.

El padre de Sheena se dio cuenta de su disgusto y le quitó importancia con un gesto.