CAPÍTULO TRES
REGAN
Regan no paraba de dar vueltas, intentando ponerse cómoda en el sofá cama del salón del apartamento de Darcy.
Estaba emocionada y preocupada a la vez por todos los cambios que estaban a punto de llegar a su vida.
La idea de convertirse en una persona nueva y diferente le resultaba fascinante.
Toda su vida había estado atrapada en el papel de hermana pequeña guapa pero tonta.
Quizá con las tres lejos de sus rutinas habituales y en un entorno diferente podría transformarse en la persona que siempre había querido ser: alguien sin problemas de aprendizaje, una artista de algún tipo. La idea era embriagadora.
—¡Regan, despierta!
Regan abrió los ojos y miró a Darcy con cara de sueño.
—¿Qué quieres? ¿Qué hora es? Vete.
Darcy le dio un codazo.
—Vamos, Bella Durmiente. Tenemos mucho que hacer antes de que te lleve al aeropuerto para volver a la ciudad.
Regan se incorporó y bostezó. ¿Cuántas horas había dormido? Miró el reloj. No muchas.
—Esta tarde voy a quedar con la amiga de Nicole para hablar del subarriendo de mi habitación —dijo Darcy—. Pero primero necesito encontrar un sitio donde guardar algunas de mis cosas.
Regan frunció el ceño.
—No se lo pidas a papá. Él y esa novia suya están planeando vender la casa y mudarse al oeste, al pueblo donde vive la hija de ella.
—Sí, lo sé. Me daría miedo dejar algo con ellos. ¿Qué tal en casa de Sheena? Tiene algo de espacio.
—Podrías intentarlo. Quizá también me guarde algunas cosas a mí. Tengo sobre todo ropa que no es adecuada para Florida. Pensaba venderla en Craigslist.
Darcy negó con la cabeza.
—Algunas de mis cosas son demasiado caras. Nunca podría... —se detuvo y sonrió—. Se me sigue olvidando que ahora somos ricas. Da igual, venderé lo que no necesite o lo regalaré.
Regan no pudo contenerse. Agarró a Darcy de la mano, tiró de ella para ponerla en pie y la hizo girar.
—¡Somos ricas! ¡Somos ricas!
—Eh, ¿qué pasa? —preguntó Alex, de pie en el umbral de su dormitorio—. ¿Sabéis qué hora es?
—¡Hora de pasar página en mi vida! —dijo Regan con alegría, dedicándole una sonrisa descarada a la chica que siempre había tratado mal a Darcy por venir de una familia tan modesta.
Alex frunció el ceño profundamente.
—Bueno, haced vuestro bailecito tonto después de las diez. Los sábados dormimos hasta tarde.
Volvió a su dormitorio y cerró de un portazo.
Mientras Darcy levantaba el dedo corazón, las dos se miraron y se echaron a reír.
—Va a ser genial largarse de aquí —dijo Darcy—. Llamemos a Sheena.
Regan siguió a Darcy al dormitorio de Sheena, ansiosa por saber cómo se las había arreglado esta para dar la noticia a su familia. Le gustara o no, Sheena era la clave de su éxito. Si no aceptaba ir a Florida, ¡se había acabado!