Encontrando mi camino (Serie Salty Key Inn nº 2) CAPÍTULO CUARENTA Y UNO
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CAPÍTULO CUARENTA Y UNO

REGAN

Regan esperaba a que llegaran Bernice, su marido Dylan Richmond y su hija Mercy al Salty Key Inn. Habían quedado en pasar el fin de semana en el hotel para probarlo y para que Bernice viera cómo gestionaría las tareas de limpieza.

De todas las primas de Mo, Bernice Greene Richmond había parecido la más extrovertida, la más dispuesta a hacer amigos.

Sus rasgos bonitos, como los de Mo, irradiaban una seguridad en sí misma que a Regan le gustaba.

Su marido era un hombre alto de hombros anchos, ojos marrones cálidos y sonrisa afable.

Pero era Mercy quien había conquistado el corazón de Regan desde el principio.

La niña tenía un aire melancólico y dulce que conmovía a Regan y le recordaba a sí misma a esa edad inocente e insegura de los seis años.

Bernice la saludó con la mano mientras se dirigían a la recepción. Mercy iba dando saltitos detrás de ella, con una muñeca en los brazos y un bolso de plástico rosa en la mano. Dylan caminaba con paso seguro detrás de ellas.

Regan se unió a ellos, deseosa de ver cómo Sheena tramitaba su reserva.

Al entrar en la oficina, Sheena levantó la vista del papeleo.

—Bienvenidos al Salty Key Inn. Hola, Bernice, y tú debes de ser Dylan Richmond.

Les estrechó la mano y sonrió a Mercy.

—¿Y quién es esta pequeña?

Mercy se balanceaba sobre los pies.

—Venga, di tu nombre —la animó Bernice.

—Soy Mercy Beecher Richmond —dijo—. Me llamo así por mi abuela Beecher.

—Qué bonito —dijo Sheena.

—Y vivo en Sunset Drive —añadió Mercy.

—Qué bien —dijo Sheena.

—Y mi muñeca se llama Lotti —continuó Mercy.

Bernice se rio.

—Vale, ya está bien, Mercy. Muy bien.

Regan y Sheena intercambiaron una sonrisa.

—Cuando Sheena os registre, os enseñaré las habitaciones —dijo Regan.

Regan esperó mientras Dylan rellenaba los formularios y Sheena les explicaba los detalles del hotel.

—Estaréis en las habitaciones E-111 y E-112 —concluyó Sheena—. Queremos asegurarnos de que esos alojamientos sean tan populares como las habitaciones con vistas a la piscina. Por favor, decidnos si hay algo que podamos mejorar. Hemos intentado dar a los patios un ambiente ajardinado.

—Regan y Mo me han dado instrucciones estrictas de ser brutalmente sincera con todo —Bernice sonrió—. Pero seré amable.

—Gracias —dijo Sheena—. Nos viene de gran ayuda. Os lo agradecemos mucho.

—Venga, ahora os hago la visita guiada —dijo Regan, y condujo a Bernice y su familia fuera de la oficina.

Junto a la piscina, les mostró cómo usar la llave de la nueva verja y les indicó dónde podían coger toallas y sillas para la playa.

—Hasta que hagamos más mejoras, hemos instalado una máquina expendedora para que los huéspedes puedan comprar bebidas frías.

—¿Qué hay allí abajo? —preguntó Dylan, señalando hacia la orilla.

—Tenemos un embarcadero en el canal y dos kayaks a disposición de los huéspedes. Con el tiempo, tendremos otros tipos de embarcaciones. También hay una pista de petanca allí atrás.

—¿Y el restaurante? Mo dice que es fabuloso.

—Gracie's es lo mejor, Bernice. Abre para desayunos y almuerzos. En la habitación encontraréis cupones para The Key Hole, el bar de al lado, y para otros sitios de esta zona de la costa.

—Estupendo. Muchas gracias, Regan —Bernice vaciló y luego añadió—: También quiero agradecerte que seas tan buena amiga de Mo. Está destrozado por la ruptura con Juan, y tu apoyo y tus ánimos significan mucho para él.

—La verdad es que siento como si conociera a Mo de toda la vida —dijo Regan—. Es como si fuéramos hermanos además de amigos, ¿sabes?

Bernice y Regan se miraron y se echaron a reír.

—Bueno, ya sabes lo que quiero decir —dijo Regan.

Bernice le dio un abrazo rápido.

—Sí, lo sé.

Mientras continuaban el recorrido, a Regan le entraron nervios pensando en cómo reaccionarían al ver el interior.

Mo había ayudado con los accesorios de la habitación, pero el concepto básico de la decoración era idea de ella.

Esperaron a que Dylan sacara las maletas de la camioneta y luego Regan los llevó dentro. Contuvo la respiración mientras Dylan abría la puerta.

—¡Qué bonito! —exclamó Bernice al entrar en la habitación de esquina.

Echó un vistazo alrededor y sonrió a Regan.

—Mo dijo que tenías talento, y estoy de acuerdo. Es perfecto para este tipo de establecimiento.

—Ya veremos lo fácil que le resulta a tu nuevo equipo limpiarla —dijo Regan—. Estamos encantadas de que trabajes con nosotras en esto.

—Entre tú y Mo no había manera de que dijera que no —dijo Bernice—. Pero me alegro de que me convencierais para montar mi propio negocio.

—Yo también —dijo Dylan.

Regan los dejó y volvió al mostrador de recepción para hablar con Sheena. Al entrar en la oficina, Sheena la recibió con un gritito de alegría.

—¿A que no sabes qué? Tenemos dos reservas más para la oferta especial del puente del Día del Trabajo. Una persona de Georgia y una pareja de Orlando.

—¡Genial! —Regan sintió una oleada de emoción. La apertura del hotel estaba cada vez más cerca de hacerse realidad.