Encontrando mi camino (Serie Salty Key Inn nº 2) CAPÍTULO TREINTA Y SEIS
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CAPÍTULO TREINTA Y SEIS

REGAN

Regan se miró una vez más en el espejo. Desde que había llegado a Florida, apenas se maquillaba, y le sentaba bien.

Tenía la piel ligeramente bronceada, los ojos tan llamativos como siempre con ese tono violeta azulado.

Casi siempre llevaba el pelo recogido en una coleta, pero esa noche lo llevaba suelto.

Recordó a Sheena describiendo cómo era estar con Tony, y ella buscaba lo mismo con Chip. Darcy se había quedado muy callada durante aquella conversación. Regan intuía que, aunque lo negara, Darcy seguía loca por Brian Harwood.

Regan apartó el recuerdo de sus besos con Brian. Habían sido fantásticos, pero ¿cómo no iban a serlo? No podía ni imaginar a cuántas mujeres habría besado. Bien sabía Dios que podía elegir a la que quisiera entre todas las que prácticamente se desmayaban al verlo.

—¡Eh, Regan! —llamó Darcy—. ¡Chip está aquí!

Tras darse un último toque en el pelo, Regan cogió el bolso y salió a la sala de estar.

Chip soltó un largo silbido.

—Estás genial, Regan. Muy sexy.

—Pasadlo bien —dijo Darcy, despidiéndolos con la mano desde el sofá, donde estaba absorta en uno de sus videojuegos.

Fuera, Chip la rodeó con un brazo y acercó los labios a los suyos, pillándola por sorpresa.

—Mmm, qué bien.

A Regan le dio un vuelco el estómago ante la perspectiva de pasar toda la noche con él. Parecía un chico tan majo.

Se apartó y le cogió la mano.

—He pensado que podríamos ir a Tamales. ¿Te apetece?

—Claro. Es un sitio divertido, y me encantan sus tacos de pescado.

Fueron en coche hasta Clearwater, aparcaron y se dirigieron por la acera hacia el colorido bar.

—Hoy he conseguido otro cliente, un hotel pequeño como el vuestro —dijo Chip—. Estoy trabajando en unos programas especiales para ellos, y creo que os podrían servir.

Ella se rio.

—Tendrás que hablar con Darcy de eso, porque yo no soy una friki de la informática como vosotros dos.

—Es verdad —dijo él—. Tú eres decoradora.

Le sonrió, pero ella captó el tono desdeñoso de su voz y frunció el ceño.

Convenciéndose de que estaba siendo demasiado susceptible, Regan preguntó:

—¿El hotel necesita algún trabajo de interiorismo? A lo mejor Mo y yo podemos encargarnos.

Chip se mordió el labio y la observó.

—¿Quién es ese Moses Greene del que tú y tu familia no paráis de hablar?

—Es alguien que conocí mientras hacía un trabajo para el hotel. Es muy bueno en lo suyo y hace poco ha montado su propio negocio. Nos hemos hecho buenos amigos y estamos trabajando juntos en varios proyectos. Espero asociarme con él algún día.

—¿Y qué pasa con el hotel?

—Cuando hayamos superado el reto, contrataremos a un director profesional. A partir de ahí, mi papel será mucho menor.

—Hm-m-m. Pero seguirás siendo propietaria, ¿no?

—Sí, eso no debería cambiar. ¿Por qué?

—Es que me parece genial que seas dueña de un hotel. Nada más.

Regan sonrió.

—Sí, mola.

Subieron por la escalera exterior hasta la segunda planta del bar y echaron un vistazo en busca de una mesa.

Regan tiró de la camisa de Chip.

—Allí, en la esquina.

Se abrieron paso entre la ruidosa multitud hacia la mesa, esquivando codazos y escurriéndose entre gente que los ignoraba.

Cuando llegaron a la mesa, un chico se plantó delante de ellos y la ocupó.

—¡Eh, espera un momento! —empezó Chip.

—¿Juan? ¿Qué haces aquí? —dijo Regan—. ¿Dónde está Mo?

—Está al caer. ¿Quién es este? —Los ojos oscuros de Juan estudiaron a Chip con interés.

—Chip, este es Juan Cardoza, la pareja de Mo —dijo Regan—. Y, Juan, este es Chip Carson. ¿Podemos compartir la mesa con vosotros?

Juan y Chip se miraron con curiosidad y luego ambos asintieron.

Cuando apareció Mo con una camisa hawaiana turquesa y bermudas caqui, se le iluminó la cara de alegría al verla. Ante la mirada de Chip, Mo le dio un beso en cada mejilla antes de abrazarla.

Regan se volvió hacia Chip.

—Este es Moses Greene, o Mo, el hombre más talentoso y elegante que conozco.

Chip frunció el ceño, pero le estrechó la mano a Mo.

—Encantado.

—Gracias, igualmente —dijo Mo—. ¿Qué queréis tomar? La primera ronda la pago yo.

Hizo señas a la camarera para que se acercara.

Después de pedir, todos se sentaron.

—¿Qué hay, cariño? —le preguntó Mo—. ¿Novedades con el hotel?

Regan negó con la cabeza.

—Pero oye, Mo, Chip está trabajando en un proyecto para otro hotel pequeño, y creo que deberíamos tantearlos para ofrecerles nuestros servicios.

—Vale —dijo Mo, volviéndose hacia Chip—. ¿Qué hotel es?

—El Sunshine Inn, no muy lejos del Salty Key Inn —dijo Chip—. Pero no mencionéis mi nombre cuando habléis con ellos, ¿vale?

—¿Por qué no? —preguntó Regan.

—No quiero que me relacionen con ningún otro negocio. Eso es todo —respondió Chip, pero Regan sabía que había algo más, y por la mirada cómplice de Mo, él también lo sabía.

La decepción le quemó por dentro.

Mo le dio una palmadita en la mano. —Tranquila —dijo con suavidad.

Llegaron las bebidas y, mientras todos se relajaban, la tensión de Regan se disipó. Era muy agradable estar con Mo y Juan. Al final de la velada, los chicos se dieron la mano y tanto Mo como Juan le dieron un beso en la mejilla.

Chip llevaba a Regan de la mano mientras caminaban hacia el coche.

—¿A que Mo es maravilloso? —exclamó Regan entusiasmada.

—Si no supiera que es gay, estaría celoso.

—¿En serio? —Regan no sabía si sentirse halagada o un poco molesta por la manera posesiva en que le había apretado la mano.

Cuando llegaron al Jeep de Chip, él la estrechó entre sus brazos. —Llevo toda la noche deseando hacer esto. —Acercó los labios a los de ella y la besó con tal intensidad que la dejó atónita.

—¡Eh, buscaos una habitación! —gritó alguien.

Regan se apartó de Chip y alzó la vista hacia su rostro enrojecido. —¡Vaya!

—Busquemos una habitación, como dice ese.

Regan negó con la cabeza. —No puedo. Meaghan se está quedando con Darcy y conmigo. No quiero que se lleve una idea equivocada.

—¿Idea equivocada? ¿Qué quieres decir? Me deseas tanto como yo a ti.

—Me prometí a mí misma que esperaría hasta que fuera el momento adecuado. A algunas personas les parece una tontería, pero espero que lo entiendas. Solo hemos tenido un par de citas y no estoy preparada.

Chip se pasó una mano por el pelo rubio y soltó un largo suspiro. —¿Cuánto tiempo va a quedarse Meaghan con vosotras?

—Hasta que Sheena y Tony tengan un lugar propio o hasta que tengamos suficientes ingresos para renovar las suites. —Regan contuvo la respiración. Si Chip no cooperaba, lo dejaría.

Chip respiró hondo varias veces. —De acuerdo, será mejor que te lleve de vuelta para poder irme a casa y darme una ducha fría.

—Gracias. —Sintiéndose a la vez sensata y tonta, Regan subió al asiento del pasajero y esperó a que Chip se pusiera al volante y arrancara.