Encontrando mi camino (Serie Salty Key Inn nº 2) CAPÍTULO TREINTA Y CINCO
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CAPÍTULO TREINTA Y CINCO

DARCY

Deprimida, Darcy se dirigió a la oficina. Sheena y Tony eran una pareja feliz, pero las perspectivas de su propia vida amorosa estaban por los suelos.

En su escritorio, Darcy revisó la redacción del sitio web para asegurarse de que los clientes que visitaran la propiedad durante la renovación entendieran que el cupón especial que recibirían compensaba las molestias de las obras. No quería que la acusaran de publicidad engañosa.

Cuando sonó su teléfono móvil, Darcy comprobó el identificador de llamadas y vaciló. Austin Blakely.

El corazón le latió con fuerza en el pecho mientras contestaba la llamada.

—¿Hola?

—Hola, Darcy. Soy Austin. Pensé que querrías saber que mi abuela murió anoche.

El funeral será el viernes. Creo que a mi abuelo le gustaría que estuvieras allí.

Aunque mis abuelos solo te conocieron una vez, los dos te apreciaron, y los dos agradecieron la tarjeta de agradecimiento que les enviaste.

—Oh, Austin. Cuánto lo siento. A mí también me cayeron muy bien. Una pareja encantadora. ¿Qué hará tu abuelo sin ella?

—No lo sé. Entonces, ¿vendrás al funeral?

Al percibir el dolor en la voz de Austin, Darcy respondió de inmediato:

—Por supuesto. Gracias por avisarme.

Colgó el teléfono apenada por la muerte de Margery Blakely. Ojalá Austin le hubiera dicho que la quería allí porque la necesitaba, pero entendía que, teniendo a su novia para apoyarlo, no tenía motivos para pedírselo.

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Dos días después, Darcy entró en una pequeña iglesia comunitaria junto con un grupo de personas en su mayoría mayores.

El exterior de estuco blanquecino armonizaba con la austera simplicidad del interior.

Paredes blancas, una serie de vidrieras y un altar de madera contrastaban con una gran cruz de madera colgada en la pared tras el altar.

Los bancos de madera resultaban más cómodos gracias a unos cojines color burdeos.

Una larga alfombra roja guiaba a los asistentes por el pasillo central.

Sin saber muy bien dónde sentarse, Darcy encontró un asiento en la parte trasera de la iglesia. La música del órgano le hizo pensar en los ángeles. No pudo evitar reflexionar sobre cuánto había cambiado su vida desde que llegó a Florida y, más recientemente, desde que conoció a Nick Howard.

Un movimiento en la parte delantera de la iglesia captó su atención.

Austin apareció por una puerta lateral y entró en la sala principal con su abuelo y la rubia que había visto con él en el Pink Dolphin.

Detrás venía una pareja de mediana edad que Darcy supuso que serían los padres de Austin.

Darcy se removió inquieta en su asiento.

Había creído que ella y Austin habían compartido un momento especial con aquel beso prolongado, y se preguntaba cómo había podido equivocarse tanto.

Aunque, pensándolo bien, de todas las hermanas Sullivan, ella era la más despistada en cuestiones de hombres.

Sean y Brian se lo habían dejado bien claro.

El servicio fue breve pero emotivo, con delicados recordatorios de la clase de persona que era Margery y de cuánto valoraba a su familia.

Cuando Austin tomó la palabra para hablar de su amor por su abuela y de cómo ella siempre había formado parte de su vida, a Darcy se le llenaron los ojos de lágrimas al percibir la angustia en su voz.

¿Por qué había pensado alguna vez que no era lo bastante emocionante para ella?

Era el chico más amable y dulce que había conocido en su vida.

Al terminar el servicio, Austin y su abuelo avanzaron por el pasillo, seguidos de la rubia que Darcy supuso que era Jasmine y de la pareja que debían de ser los padres de Austin.

Cuando Darcy vio que se habían colocado en fila junto a la entrada para saludar a los asistentes, tragó saliva. No tenía ninguna gana de conocer a Jasmine ni de encontrarse cara a cara con Austin.

El hombre sentado a su lado le dio un codazo y Darcy salió al pasillo, sin poder evitar avanzar hacia la puerta.

A Bill Blakely se le iluminaron los ojos al verla.

—Gracias por venir, Darcy. Austin me dijo que te había llamado.

Darcy le dio un abrazo cariñoso.

—Lamento mucho tu pérdida. Si puedo hacer algo por ti, dímelo.

Él le apretó las manos entre las suyas.

—¿Qué tal venir a ver a un viejo solitario de vez en cuando?

—Cuenta con ello.

Se volvió hacia Austin.

—Lo siento mucho. Sé cuánto querías a tu abuela.

—Sí. Darcy, quiero que conozcas a...

Darcy lo interrumpió.

—Tú debes de ser Jasmine —le dijo a la rubia que estaba a su lado—. Encantada. Lo siento, pero tengo que irme. Llego tarde... a una reunión.

—Oh, pero... —dijo Jasmine.

Darcy forzó una sonrisa y se despidió con un gesto mientras escapaba, abriéndose paso entre la multitud reunida en la entrada.

Se apresuró hacia la furgoneta, entró y se quedó sentada un momento diciéndose que dejara de comportarse como una idiota. Había sido un maldito beso, un maldito beso delicioso que le había sacudido el alma.

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Darcy llamó con suavidad a la puerta de la casa de Nick Howard para no molestarlo. Su esposa, Sandy, la estaba esperando. Después de escuchar a Lynn Michaels contar cómo Gavin la había liberado de cuidar a su marido enfermo, Darcy decidió ofrecer el mismo respiro a Sandy.

Cuando Sandy abrió la puerta y la vio, se le iluminó la cara con una enorme sonrisa.

—¡Darcy! Me alegro mucho de que hayas decidido hacer esto. Significa mucho para mí poder salir un rato sola, sabiendo que Nick estará bien atendido. Ahora está durmiendo, pero pasa.

Darcy entró en el vestíbulo.

—He traído el ordenador para que Nick y yo podamos trabajar en un par de cosas.

—Perfecto —dijo Sandy—. Mantener las cosas lo más normales posible es una bendición.

—Sí —dijo Darcy, agradeciendo en silencio a Austin por su consejo—. Alguien me dijo eso una vez.

Cuando Sandy se fue a hacer recados, Darcy colocó el ordenador en la mesa de la cocina sin hacer ruido y se sentó.

Estaba trabajando en algunas ideas para el periódico y, aunque no quería que nadie lo supiera, había empezado a esbozar una novela sobre dos hermanas distanciadas que se reencuentran tras la muerte de su madre.

Darcy seguía trabajando cuando oyó algo a su espalda y alzó la vista para ver a Nick de pie en la entrada de la cocina.

—Así que eres mi niñera —dijo Nick con una sonrisa débil.

—No, tú eres mi profesor —respondió Darcy con una sonrisa pícara.

Nick se rio.

—No pierdas nunca ese descaro, Darcy.

Se acercó a la mesa y se sentó a su lado.

—¿En qué estás trabajando ahora?

—He empezado un par de artículos en respuesta a dos cartas al director que hemos recibido.

—¿Ya cartas al director? —Nick le dio una palmadita en la espalda—. Eso es bueno, Darcy. Estás conectando con nuestros lectores.

—Bueno, recibí otra carta que decía que era una tonta, que no existen los ángeles, que la gente tiene que aprender a cuidarse sola —se le cortó la respiración—. Me dolió mucho.

Nick le dedicó una sonrisa comprensiva.

—Siempre va a haber detractores. Ignóralos. Veamos qué estás haciendo.

Darcy contuvo la respiración mientras Nick leía los artículos. Uno trataba sobre un proyecto en la zona para niños en acogida; el otro hablaba de la necesidad de que las familias recibieran a estudiantes de intercambio.

—Bien, no genial, pero muy bien. Lo genial llega con más revisiones, pero eso ya lo estás aprendiendo. ¿Verdad?

Ella asintió. Nunca se había imaginado que una columna tan corta pudiera llevar tantas horas.

Nick suspiró y la miró fijamente.

—Quiero que escribas mi obituario. ¿Crees que puedes hacerlo?

—¡Oh, no! No hablemos de eso ahora —protestó Darcy mientras los escalofríos la recorrían.

—Si no hablamos de ello ahora, puede que nunca se haga —Nick le guiñó un ojo—. A algunos les parecerá morboso, pero quiero opinar sobre lo que se diga de mí.

—Claro —dijo Darcy, comprendiendo lo importante que era para él—. De acuerdo, empecemos. Dame algunos datos.

Mientras anotaba lo que Nick le iba contando, luchó contra las lágrimas. Lo había pensado muchas veces, pero a veces sentía como si ella y Nick se conocieran de antes. Estaban tan compenetrados.

Acababan de terminar un primer borrador muy tosco del obituario cuando regresó Sandy.

—¿Qué estáis tramando vosotros dos? —preguntó alegremente.

—Nada importante —dijo Nick, lanzándole a Darcy una mirada de advertencia.

—Me alegra veros trabajar juntos —dijo Sandy mientras dejaba una bolsa de comestibles sobre la encimera.

Darcy se levantó de un salto.

—Te ayudo.

Salió con Sandy y levantó una bolsa de conservas tan pesada como su corazón.