Encontrando mi camino (Serie Salty Key Inn nº 2) CAPÍTULO TREINTA Y DOS
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CAPÍTULO TREINTA Y DOS

REGAN

Unos días después, Regan estaba sentada con sus hermanas en un reservado del Key Hole.

Hacía tiempo que las tres no disfrutaban de un momento a solas, y las había echado de menos.

Pero pasar la mayor parte del tiempo con Mo le estaba viniendo muy bien.

Estaba aprendiendo mucho sobre decoración de interiores y conociendo a mucha gente del sector.

Mientras escuchaba a Sheena repetir su conversación con R.J. Jessup, Regan sintió que el calor le subía a las mejillas.

—¡Qué idiota!

—Y que lo digas. Reconozco que me alegré mucho cuando Randy pidió quedarse con nosotros. Creo que trabajar y vivir con una familia normal le ha ayudado muchísimo.

—Me hierve la sangre saber que si su padre pudiera comprar el hotel, se desharía de él —dijo Darcy—. Me quedé impactada cuando vi por primera vez el Salty Key Inn, pero he acabado cogiéndole cariño a esta parte tan peculiar de la costa con sus edificios pintados de colores vivos.

—Yo también —dijo Regan—. Algunos sitios parecen modestos por fuera, pero son preciosos por dentro.

—Un poco como las personas —dijo Darcy—. Chicas, tengo que escribir una columna nueva cada semana. ¿Cómo voy a conseguirlo?

—¿Has hablado con más empleados de Gavin? Sabemos algo de Sam y Rocky. ¿Y los demás? —dijo Sheena, levantando su copa de vino tinto.

Darcy repasó mentalmente al personal.

—¿Qué tal Lynn Michaels? Dijo que su marido y Gavin eran íntimos amigos.

—Averigua cuál es su historia —dijo Regan—. Nos dijeron que todos eran amigos de Gavin.

—Sí, pero hay gente que no quiere que se aireen los detalles de su vida —protestó Darcy—. Holly me lo dijo.

Levantó la vista cuando Holly, la dueña del bar, se acercó a su mesa.

—Vaya, parece una velada especial de las hermanas Sullivan. Os invito a una copa.

—¿Por qué no te sientas con nosotras? —dijo Sheena.

Holly negó con la cabeza.

—Gracias, pero será mejor que eche un ojo al local. Hay un grupo de jóvenes, y tengo que asegurarme de que tienen edad para estar aquí y no van demasiado bebidos.

Regan acababa de dar un sorbo al vino cuando vio entrar a Brian.

Se acercó a ellas.

—Ah, las encantadoras hermanas Sullivan. ¿Estáis celebrando la reconstrucción del muelle?

Darcy le sonrió.

—¡Ha quedado genial! Meaghan y yo salimos ayer en kayak y lo estrenamos.

—¿Y tú, Regan? —preguntó Brian.

Resistiendo la oleada de energía que la recorría bajo su mirada firme, negó con la cabeza.

—No he tenido tiempo para esas cosas. Estoy trabajando en mis propios proyectos.

Sheena le sonrió.

—Parece que mis dos hermanas tienen un talento que a mí no me tocó.

—Ah, pero tú, Sheena, mantienes el proyecto en marcha. Eso también es un talento. Tony habla mucho de toda la ayuda que le diste.

Sheena hizo una mueca.

—Solo cuando me dejaba. Ahora es diferente.

—Tony es un buen hombre. Me alegro de tenerlo en el equipo.

—Gracias —dijo Sheena, radiante.

Regan observó el intercambio entre ellos. Brian era un buen hombre. Pero en lo personal, le asustaba lo que él le hacía sentir. Reconocía el peligro cuando lo sentía, y francamente, la aterrorizaba.