Encontrando mi camino (Serie Salty Key Inn nº 2) CAPÍTULO TREINTA Y UNO
64%

CAPÍTULO TREINTA Y UNO

SHEENA

Sheena vio salir a Darcy y Meaghan de la suite y se preparó para más diatribas del padre de Randy. Tony, a su lado, flexionaba los dedos. Sabía que estaba deseando una excusa para estamparle el puño en la cara a ese tipo por su falta de respeto hacia ellos y su familia.

Le puso una mano en el brazo a Tony a modo de advertencia.

—¿Por qué no nos sentamos a esperarlos? R.J., ¿puedo ofrecerte algo de beber? Esta mañana preparé té helado, y a los chicos siempre les encanta mi limonada.

—Solo agua —respondió R.J. Tomó una de las sillas plegables que estaban usando de momento y se sentó con los hombros tensos y erguidos.

—¿Tony? —lo instó Sheena.

—Gracias, tomaré un té helado —dijo él con sequedad.

Sheena aprovechó el tiempo que le llevó preparar las bebidas para respirar hondo varias veces.

Era muy consciente de sus circunstancias actuales, de lo inacabadas que estaban las suites y del estado del hotel.

Aun así, eso no era razón para que R.J. Jessup, por muy rico que fuera, los tratara de esa manera.

Aunque mantenía una apariencia tranquila, por dentro estaba lista para arañarle la cara por esa mirada de suficiencia mientras observaba la habitación sin terminar.

Al oír pasos apresurados fuera de la puerta, los tres se pusieron de pie.

Michael y Randy entraron corriendo, se detuvieron y se quedaron frente a ellos.

Randy frunció el ceño mirando a su padre.

—¿Qué haces tú aquí? —le espetó.

—He venido a llevarte a casa. Pasarás el resto del verano en Nantucket conmigo, con Ginger y con nuestras dos hijas.

—Ni de broma —se burló Randy—. Mamá dijo que podía estar aquí. Tengo permiso por escrito para quedarme, autorizaciones médicas, todo lo que necesito.

—Bueno, ha cambiado de opinión. —El rostro de R.J. se suavizó—. Sé que las cosas no han ido bien entre nosotros, pero esta es una oportunidad para cambiar eso.

Randy negó con la cabeza.

—No, papá, no quiero ir. Aquí soy parte de la familia de verdad. Me tratan como a uno más, y me gusta.

Michael, a su lado, le pasó un brazo por el hombro a Randy.

—Sr. Jessup, por favor, deje que Randy se quede. Estamos pasando un verano estupendo, y está jugando muy bien al béisbol.

—Sí, papá, estoy jugando de campocorto, y se me da bien —dijo Randy con orgullo.

—Pero tienes que trabajar aquí en este... este... motel —dijo R.J.

Randy frunció el ceño.

—Es más que un motel. Va a quedar precioso cuando esté terminado. Lo que ves es solo el principio. ¿No lo entiendes?

—Sr. Jessup, R.J., usted no sabe nada de las circunstancias que rodean esta propiedad. Le sugiero que se reserve su opinión hasta que esté terminada —dijo Tony.

Sheena ya no pudo contenerse más.

—Quizás usted nunca haya tenido que trabajar por nada en su vida, pero empezar con un proyecto como este puede dar muchos frutos.

Cosas como el orgullo por el trabajo bien hecho, la satisfacción del logro y ayudar a los demás.

Creo que su hijo está aprendiendo eso. —Le lanzó a R.J.

una mirada elocuente—. Puede irse si así lo decide, pero sinceramente espero que no lo haga.

Como él dijo, Randy se ha convertido en parte de nuestra familia, y lo echaríamos muchísimo de menos si se fuera.

Al ver la emoción que tiñó el rostro de Randy, su padre cerró la boca que había abierto para hablar.

—¿Es verdad eso, Randall? ¿Te gusta estar aquí? ¿Quieres quedarte?

—Sabes que Ginger no me quiere cerca. Mamá tampoco. Soy feliz aquí.

R.J. negó con la cabeza y miró a Sheena.

—Después de todo lo que le he dado, cualquiera pensaría que lo apreciaría.

—¿Qué tal amor y atención? —dijo Sheena en voz baja—. ¿Por qué no salen ustedes dos al patio o bajan al muelle y pasan un rato a solas?

—¿Qué tal si te enseño la propiedad? —dijo Randy—. Puedes ver cómo quedará algún día.

R.J. asintió.

—De acuerdo, vamos.

Cuando se fueron, Sheena se dejó caer en una silla, agotada emocionalmente.

Ya había tenido que lidiar con el esnobismo antes, pero el desprecio de R.J.

hacia el Salty Key Inn le dolía de verdad.

Ella y sus hermanas estaban trabajando duro para dejarlo bonito.

Y más adelante, si superaban el desafío, podrían hacer mucho más.

Pero, por ahora, seguiría siendo una obra en construcción.

###

Cuando R.J. y Randy regresaron a la suite, Sheena percibió una nueva soltura entre ellos.

—Le enseñé cómo vamos a arreglar todo, como hemos hablado —dijo Randy con un deje de orgullo.

—Sí, debo decir que su motel tiene una ubicación ideal. Si alguna vez quieren vender, estaría interesado, aunque, lo confieso, lo derribaría y construiría un rascacielos, algo que podría generar mucho dinero.

—Pero ese tipo de edificio no encajaría en este barrio —dijo Sheena, horrorizada ante la idea—. Nunca conseguiría permiso para hacer algo así.

—Ah, hay maneras de sortear esos obstáculos —dijo R.J. con tanta seguridad que Sheena se mordió la lengua para no soltar una réplica desagradable. Gente como esa estaba arruinando muchas costas, todo por dinero.

—¿Han tomado alguna decisión sobre si Randy se queda? —preguntó Tony.

—Sí, le he dicho a Randy que puede quedarse el verano. Cumple dieciocho en otoño, y quiero poder celebrarlo con él.

Michael le dio un empujón amistoso a Randy.

—¿Así que todavía tengo que compartir habitación contigo? Qué asco.

Randy se rio. —Y encima tengo que aguantar las quejas de Meaghan.

—Oh, eres igual de pesado que mi hermano —dijo Meaghan, y una amplia sonrisa le iluminó la cara—. ¡Vaya! Supongo que ahora eres mi hermano, más o menos.

—Solo por el verano —advirtió Sheena.

—Bueno, será mejor que me vaya —dijo R.J.—. Disculpen las molestias.

—Cuidaremos bien de su hijo, no se preocupe —dijo Tony, acompañándolo a la puerta.

—Sí, gracias. Se lo agradezco —dijo R.J., tendiéndole la mano.

Para alivio de Sheena, Tony se la estrechó.

—Si necesitamos contactar con usted por cualquier motivo, tenemos la tarjeta que nos dio —le aseguró Sheena.

—Adiós, hijo —dijo R.J., y se detuvo un momento.

Sheena esperó a que se abrazaran, pero Randy se limitó a hacerle un pequeño saludo militar a su padre. Vaya con el afecto entre padre e hijo. Y eso, pensó Sheena, lo decía todo.

Después de que R.J. se marchara, Meaghan preguntó: —¿Podemos salir a cenar esta noche para celebrarlo?

Sheena observó las sonrisas de los tres jóvenes, miró a Tony y cedió. —Vale. Randy elige el sitio.

—Siempre que no sea muy caro —dijo Tony, amenazándolo en broma con el dedo.

Michael le dio a Randy un puñetazo juguetón en el brazo, y Meaghan suspiró.

Tony y Sheena cruzaron una sonrisa. Todo había vuelto a la normalidad.