Encontrando mi camino (Serie Salty Key Inn nº 2) CAPÍTULO TREINTA Y TRES
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CAPÍTULO TREINTA Y TRES

DARCY

Una tarde, varios días después, Darcy entró en Gracie's preguntándose cómo abordar a Lynn. El servicio de almuerzo había terminado, y Lynn, Sally y Maggie estaban sentadas a una mesa, tomando bebidas frías y charlando.

—¡Hola, Darcy! —dijo Maggie—. ¿Quieres sentarte con nosotras?

—Claro. Gracias.

Darcy se acercó a la mesa y ocupó la cuarta silla. —¿Qué tal el día? —preguntó.

—Ajetreado, como siempre —dijo Lynn—. El negocio va viento en popa.

—Pero tanto ajetreo agota —dijo Sally—. Creo que subiré a mi habitación. Me alegro de verte, Darcy. Hace tiempo que no vienes a almorzar.

—¿Quién era ese hombre tan encantador con el que estabas? El que parecía Papá Noel —dijo Maggie.

—Es un amigo mío que trabaja en el West Coast News. Estoy escribiendo una columna semanal para el periódico.

Lynn arqueó las cejas. —¿En serio? Eso es maravilloso.

—¿Sí? ¿Y cuándo vas a escribir una novela? Siempre he querido hacerlo —dijo Sally mientras se levantaba y se detenía junto a la mesa.

Darcy se tensó. Escribir una columna corta para el periódico era una cosa. Escribir una novela era algo completamente distinto. —Yo... no lo sé.

—Bueno, estoy orgullosa de ti por lo del periódico —dijo Lynn.

—De hecho, quería hablarte de eso —dijo Darcy, entrando de lleno en el tema.

Maggie se levantó. —Vale, os dejo solas. Hasta luego, Darcy.

Salió con Sally.

—Dime, querida. ¿En qué puedo ayudarte? —dijo Lynn, mirándola con curiosidad.

Darcy intentó calmar los nervios carraspeando. —Quería preguntarte si podrías contarme cómo conociste a mi tío. Mencionaste que él y tu marido eran muy unidos. ¿Te importaría contarme esa historia?

—No irás a publicarlo en el periódico, ¿verdad?

Darcy vaciló. —No pienso usar nombres reales, y no escribo con mi nombre. Así que todo queda entre nosotras.

—De acuerdo, deja que me sirva otro té helado y te lo cuento. Es una historia bonita, la verdad.

Darcy sacó un bloc de notas y un bolígrafo del bolso y se preparó para tomar notas.

Lynn volvió a la mesa, vio el papel y el bolígrafo y negó con la cabeza. —Nada de apuntes. Solo te estoy contando una historia.

Darcy los guardó enseguida. —Vale, cuando quieras.

Lynn se recostó y la observó un momento. —Te cuento esto porque tu tío os quería mucho a ti y a tus hermanas, y era un buen hombre.

—Supongo que lo conocías de hace mucho —dijo Darcy, intentando sonsacarle información.

Su expresión se suavizó. —Al menos treinta y cinco años.

—¿Entonces sabías lo de Duncan?

La sorpresa de Lynn fue evidente. —¿Sabes de él? ¿Cómo?

—Rocky —dijo Darcy—. Me llevó allí hace cosa de una semana.

—Bueno, pues mi Benny y Gavin se conocieron cuando Gavin andaba interesándose por el buceo para buscar oro.

Compartían la afición por los naufragios y enseguida se hicieron muy amigos.

Gavin era un tipo alegre, siempre riendo, siempre ideando planes divertidos.

Mi Benny era más bien callado y tímido, y Gavin le venía muy bien.

»Un día, un par de años después de conocerse, Gavin anunció que tenía el dinero y el tiempo para probar suerte buscando oro, como siempre había querido.

Había invertido en bolsa y le había ido de maravilla.

Benny y yo lo hablamos. Aunque iban a estar fuera un par de meses, animé a Benny a que fuera con Gavin.

Lynn hizo una pausa y dio un sorbo a su té. —Estaba entusiasmado. Pidió una excedencia en el hotel donde trabajaba, hizo la maleta y se marchó con mi bendición.

—¿Y encontraron oro?

—La verdad es que no. Creo que cada uno sacó algo de algún sitio, pero nada importante. Una moneda de oro, alguna chuchería. Pero les daba igual. Gavin, Benny y Rocky se hicieron muy unidos, y eso, al final, para mí valió mucho más que el oro.

—¿Llegaste a conocer a la novia de Gavin, la madre de Duncan?

El rostro de Lynn se ensombreció, acentuando sus arrugas. —Era una jovencita guapa, enamorada de Gavin y de su dinero. Pero enseguida vi que era más superficial que un charco. Se lo dije una vez, pero se enfadó conmigo y no volví a mencionarlo.

—¿Y cuando nació el bebé?

El bufido de disgusto de Lynn lo dijo todo. —Abandonó al bebé en el hospital y se largó en plena noche. Resultó que tenía otro novio, más joven, claro. A Gavin le dijeron que dejara morir al bebé, pero al final lo sacó del hospital y encontró a una mujer que lo cuidara.

Con la mirada perdida en la sala vacía, Lynn se secó los ojos.

—Yo sabía que Gavin había amado a otra mujer y la había perdido, pero esta vez, una mujer que él creía amar le rompió el corazón al abandonar a su bebé.

Nunca vio a Duncan como algo horrible, ¿sabes?

No podía, no con sangre Sullivan corriendo por sus venas.

Aquello lo cambió todo durante un tiempo.

—¿Qué pasó?

—Gavin cayó en una depresión terrible, bebía demasiado y a veces se ponía violento.

Mi Benny era el único que parecía capaz de llegar a él en medio de aquella oscuridad.

Y entonces, un día, Gavin anunció que había vuelto a encontrarse, que había retomado el contacto con tu madre y que iba a salir adelante.

—¿Qué? ¿Mi madre? Pero teníamos prohibido mencionar su nombre en la familia.

—Oh, pero seguían en contacto. Por eso sabía tanto de vosotras. Pero la cosa no acaba ahí, Darcy.

—Vale, sigue.

—Gavin siguió siendo muy buen amigo nuestro.

Y cuando Benny se estaba muriendo de cáncer de pulmón, fue Gavin quien venía a sentarse junto a su cama para que yo pudiera descansar.

Fue Gavin quien ayudó a pagar las facturas médicas que no podíamos afrontar.

Fue Gavin quien se aseguró de que, después, yo tuviera un lugar donde vivir y trabajar.

Lynn ignoró las lágrimas que le corrían por la cara, se inclinó y le apretó la mano a Darcy—. A veces las mejores cosas vienen de donde menos te lo esperas. ¿Lo entiendes?

Darcy se sorbió la nariz y parpadeó para contener las lágrimas.

—Sí, creo que sí.

Se levantó y le dio a Lynn un abrazo largo y cariñoso.

—Gracias por contármelo.

Lynn suspiró.

—Hay historias que merecen ser contadas.

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Darcy dejó a Lynn y fue directamente a su despacho, con la mente bullendo de ideas. Se sentó frente al ordenador y empezó a teclear. Sheena la llamó al móvil, pero Darcy no contestó. Quería poner sus ideas por escrito. Cuando por fin terminó, leyó lo que había escrito:

«Los ángeles vienen en todas las formas y tamaños. Algunos son grandes y rudos, tan bien disfrazados que uno nunca adivinaría que detrás de sus modales bruscos se esconde la ternura. ¿Cómo lo sé? Porque alguien me contó una historia que lo demuestra».

Darcy repasó los detalles del artículo y el párrafo final que hablaba de la necesidad de cuidar a quienes no podían valerse por sí mismos.

Tras hacer algunos cambios, dejó a un lado el artículo, con la cabeza dándole vueltas.

Lo único que no lograba encajar era la relación que Gavin había tenido con su madre.

¿Era ella la mujer a la que había amado y perdido?

Salió del despacho y fue a buscar a Sheena.

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Darcy le contó a Sheena lo que Lynn le había revelado y luego la miró fijamente.

—¿Crees que Gavin y mamá estaban enamorados, que ella era a quien Gavin amó y perdió?

—Creo que puede que sí. Triste, ¿verdad? —dijo Sheena.

—Quizá por eso papá nunca quiso que se mencionara el nombre de Gavin —dijo Darcy. Abrió los ojos de par en par—. ¡Dios mío! ¿Crees que por eso mamá siempre tenía esos dolores de cabeza? ¿Por mal de amores o algo así?

Sheena negó con la cabeza.

—Mira, sé que sus médicos pensaban que los dolores de cabeza estaban relacionados con cambios hormonales que no podían controlar. Si tuviera que ver con Gavin, sería terrible. Sencillamente terrible.

Regan irrumpió en la habitación.

—¿Qué es terrible?

—Siéntate —dijo Darcy con seriedad—. He descubierto algo que te interesará.

Regan se sentó en el sofá junto a Sheena y le tocó la mano.

—¿Estás bien?

Sheena asintió.

—Solo preocupada por cómo era en realidad la vida de mamá. Escucha lo que Darcy tiene que contarte. Ella te pondrá al día.

Regan escuchó mientras Darcy la ponía al día, y se secó los ojos con un pañuelo.

—Yo solía enfadarme mucho con mamá por estar siempre enferma. Pero quizá había algo más que lo médico detrás de tantos dolores de cabeza.

—Ojalá hubiera sido más comprensiva —dijo Darcy.

Sheena suspiró.

—Bueno, no conocemos toda la historia, pero ya os hablé de las cartas que se escribían. Vi algunas de las que Gavin le escribió a mamá, pero él destruyó las que ella le escribió a él. Probablemente sea mejor así. Les debemos esa intimidad.

—¿Y papá? —preguntó Regan.

—No podemos decírselo —dijo Darcy—. Le haría daño.

—Creo que siempre lo ha sabido —dijo Sheena—. Pero no creo que le hiciera gracia que nosotras también lo supiéramos. Quizá por eso nunca se habló del tema.

Darcy observó a sus hermanas. Eran mucho más valiosas para ella de lo que había creído. Las historias significaban cosas muy distintas para cada persona. Quería escribir sobre cosas que ayudaran a la gente. Y tal vez, solo tal vez, escribiría una novela que la gente adorara.