CAPÍTULO VEINTIOCHO
DARCY
Darcy no paraba de dar vueltas en la cama, sin conseguir estar cómoda.
Pero las imágenes de Duncan no dejaban de asaltarla.
Era evidente que lo habían cuidado bien, pero nadie desearía esa vida para otro ser humano.
La dedicación de Rocky, así como la de Elena y su familia, la había sorprendido.
Incluso ahora podía ver la bondad en los ojos de Rocky cuando hablaba con Elena, y escuchar la ternura en su voz cuando le había contado lo leal que era Gavin con el hijo que nunca podría hablar, ni jugar, ni hacer nada más.
Darcy no sabía cuándo se había quedado dormida, pero al despertar sintió una firme determinación de ver a las personas de otra manera.
Conocer a Duncan y darse cuenta de cómo algunas personas se veían obligadas a vivir le hizo comprender lo afortunada que era.
Y aunque en el pasado algunas personas no la hubieran considerado lo bastante buena para ellos, apartaría ese dolor y afrontaría la vida con gratitud hacia quienes la querían.
Tras vestirse y tomar un desayuno rápido, fue a la oficina, se sentó frente al ordenador y se puso a escribir.
Era casi la hora del almuerzo cuando terminó de editar lo que había escrito. Se lo envió a Nick. Le gustara o no, sus palabras habían salido del corazón.
Emocionalmente agotada, Darcy salió de la oficina, cruzó la calle y caminó hacia la playa.
El aire fresco del mar, el sol y los graznidos de las aves la ayudaron a disipar la tensión de los hombros y aliviar el dolor que sentía por dentro.
Se quitó las sandalias, deleitándose con el calor en los pies, con la sensación de los granos de arena contra la piel.
Los graznidos de las gaviotas captaron su atención.
Al verlas extender las alas, se le antojó poder volar ella también.
Echó a andar por la playa, manteniéndose cerca de la orilla, donde la arena estaba más compacta.
El paseo se convirtió en carrera, y pronto el cabello le volaba por detrás, una masa de rizos pelirrojos y rebeldes.
Pero ni siquiera mientras los pies golpeaban la arena a un ritmo constante lograba escapar del recuerdo de su primo y de sus limitaciones.
Darcy se detuvo a recuperar el aliento. Luego dio media vuelta y regresó al hotel caminando despacio, dando pataditas a la espuma del agua, dejando que las olas le bañaran los dedos de los pies.
En el hotel, entró en Gracie's a almorzar.
Meaghan la vio y la saludó con la mano.
Darcy le devolvió el saludo y se sentó en la mesa del rincón, que estaba más o menos reservada para la familia.
Unos minutos después entró Regan.
Al verla, se acercó deprisa y se sentó frente a ella.
—Los muebles de exterior del primer piso del Edificio Egret ya están colocados. Quedan fabulosos. ¿Has mirado si hay reservas anticipadas para hoy?
Darcy negó con la cabeza.
—Lo haré esta tarde. Creo que deberíamos ponernos ya con algunos anuncios para los periódicos locales. Prepararé algo y lo hablamos luego.
Lynn se acercó a la mesa con el pedido de Darcy y se volvió hacia Regan.
—¿Ya sabes lo que quieres?
—Gracias. En vez de mi ensalada de siempre, ¿qué tal un sándwich de mero y un té helado?
Cuando Lynn se marchó, Regan dijo:
—No puedo dejar de pensar en Duncan. Voy a pedirle a Rocky que me lleve a Ybor City la próxima vez que vaya.
—Ahora que lo conocemos, seguro que Rocky lo entiende y estará encantado de llevarte.
—Es curioso, antes pensábamos que daba mucho miedo, pero solo es un tipo callado —dijo Regan.
—Sí, ahora lo sé.
Llegó el sándwich de Regan y, mientras empezaba a comer, permanecieron en silencio, cada una absorta en sus pensamientos.
Darcy terminó su sándwich de ensalada de huevo y se levantó.
—Siento tener que irme tan deprisa, pero tengo que volver a la oficina.
—Hasta luego —dijo Regan—. A lo mejor podemos hablar de los anuncios esta tarde.
Darcy se despidió con la mano y fue corriendo a la oficina, impaciente por ver si Nick había respondido a su artículo.
Miró el ordenador. Había un correo de Nick. Solo decía: «Llámame».
Con los dedos helados, Darcy marcó su número.
—¿Sí? —respondió él.
—Soy Darcy. ¿Querías que te llamara?
—Sí. Quiero que me leas en voz alta el comienzo de tu artículo.
—¿Por qué?
—Tú hazlo, Darcy.
Darcy tragó saliva y comenzó a leer:
«Ángeles sin alas. Los ángeles suelen describirse como seres con alas, pero he llegado a creer que, como alguien me dijo una vez, estamos rodeados de héroes y heroínas que son verdaderos ángeles.
No son personas que uno reconocería o, quizá, ni siquiera advertiría entre la multitud.
No tienen alas ni halos. ¿Cómo lo sé? Porque ayer conocí a uno.
«Este ángel es una mujer mayor cuyo trabajo consiste en cuidar a alguien que nunca podrá darle las gracias, abrazarla ni siquiera sonreírle. Y sin embargo, lo trata con bondad y respeto. Yo lloré al conocerlo y ver la situación, pero ella se mantiene fuerte.
«Los ángeles están a nuestro alrededor, aquí en Florida y en todas partes.
«¿Cómo lo sé?
«Porque conocí a uno».
—¿Paro? —preguntó Darcy.
Se hizo el silencio, y luego Nick dijo con voz temblorosa:
—Sabía que llevabas esto dentro. Hoy te cedo mi columna. Olvídate de las reseñas de restaurantes. Esto es lo que tienes que hacer.
Darcy se dejó caer en la silla, atónita.
—¿Te ha gustado?
—Me encantó —dijo Nick sin más—. Sigue con ese tema, Darcy. Nos recuerda a todos que debemos vivir mejor, ser agradecidos. Buen trabajo, Dee.
Colgó antes de que ella pudiera decirle que tenía miedo de no poder escribir nunca nada parecido.
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Darcy estaba sentada con sus hermanas en la suite que compartía con Regan. Tras reponerse de la sorprendente llamada con Nick, se había puesto a redactar anuncios para el periódico. Ahora se los estaba mostrando a sus hermanas.
—Tienen muy buena pinta —dijo Sheena—. ¿Cuánto costarán y durante cuánto tiempo se publicarán?
—Saldrán cinco domingos seguidos —dijo Darcy, entregándole a Sheena una hoja de papel—. También pondremos anuncios puntuales en un par de semanarios más pequeños.
Respiró hondo, con la esperanza de que sus hermanas lo entendieran.
—Tengo otras ideas que quiero comentaros.
Ante sus miradas inquisitivas, Darcy les expuso su idea de destinar más de dos habitaciones a personas con discapacidad y ofrecer un descuento permanente a veteranos heridos.
—Me gustaría que reconociéramos a quienes afrontan dificultades físicas.
Regan la miró fijamente.
—¿Esto tiene algo que ver con haber conocido a Duncan?
—Totalmente. Le debemos a Gavin hacer algo así.
—Qué detalle tan bonito —dijo Sheena—. Me impresiona que hayas pensado en esto. Es una gran idea.
—Bien. Porque he preparado un anuncio especial para la web. Quiero que las dos le echéis un vistazo.
Darcy abrió el ordenador y entró en su página web. Un anuncio con la bandera estadounidense, sencillo pero efectivo:
«Agradecemos a nuestros militares heridos ofreciéndoles, a ellos y a sus familias, oportunidades especiales para alojarse con nosotros. Contáctenos para más información».
—Me gusta —dijo Regan—. Sencillo y directo.
—A mí también —dijo Sheena—. Quizás podamos sacarle más partido al hotel de lo que pensábamos.
—Y cuando se reconstruya la casa, podemos añadir adaptaciones especiales para personas con discapacidad. Desde luego, yo no quiero vivir allí —dijo Darcy.
—Tony y yo tampoco —añadió Sheena.
Regan negó con la cabeza.
—No me imagino vivir en la propiedad con huéspedes agobiándote a todas horas. Pero si ninguna quiere vivir allí, quizás podríamos alquilarla por una buena suma.
—O convertirla en un restaurante —dijo Sheena—. Recordad que Gavin había hablado de eso. En ese sitio concreto, podría ser exactamente el pequeño local exclusivo que él quería.
El rostro de Regan se iluminó de emoción.
—¿Puedo enseñarle los planos a Mo? Es titulado en diseño de interiores. Quizás pueda darnos algunas ideas para convertirla en un pequeño restaurante.
—Vale, aún estamos a tiempo de hacer cambios. Ni siquiera han echado la losa —dijo Sheena—. Voy a llamar a Blackie ahora mismo. Quizás pueda convencer a Archibald Wilson y a su bufete de Boston de que tenemos derecho a modificar los planos de la casa.
Darcy sonrió a sus hermanas. Hacía unos meses, aquello jamás habría ocurrido. Pero ahora trabajaban juntas como un verdadero equipo.
Michael asomó la cabeza por la puerta de la suite.
—¿Mamá? ¿Cuándo cenamos? Randy y yo tenemos que comer antes de ir al entrenamiento de béisbol.
Sheena suspiró y se levantó.
—Supongo que será mejor que me vaya.
Darcy se levantó y abrazó a Sheena con un impulso repentino.
—Eres una buena madre, Sheena.
El rostro de Sheena se iluminó.
—Gracias. Enhorabuena por tu trabajo en el periódico. Estoy deseando leer tu primera columna.
A Darcy se le revolvió el estómago. La idea de escribir una columna cada semana la aterrorizaba.