CAPÍTULO VEINTISIETE
REGAN
—Bueno, ¿qué te pareció? —le preguntó Regan a Mo—. ¿Son tan fáciles de tratar como tu familia?
Mo se rio.
—Más fáciles. Al menos nadie me preguntó por novias como mi abuela.
Se puso serio.
—Estoy pensando en pedirle matrimonio a Juan. Llevamos dos años juntos y lo quiero de verdad.
—¿Y él quiere eso?
Mo la miró con incertidumbre.
—No estoy seguro.
Regan no pudo evitar fruncir el ceño.
—¿Por qué no esperas hasta estar más seguro de que él está igual de preparado para comprometerse? Creo que deberías tener claro lo que siente antes de pedírselo.
Mo guardó silencio un momento.
—Sí, tienes razón. Es que me hace mucha ilusión la idea de montar un hogar con él. Después de arreglar las casas de todos los demás, quiero una propia. ¿Lista para trabajar en otro proyecto?
Regan sonrió.
—Sí. Me encanta trabajar contigo.
—¡A mí también, cariño!
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Mucho después de meterse en la cama, Regan seguía allí tumbada, mirando el techo y pensando en las relaciones.
Esperaba que Juan no le rompiera el corazón a Mo.
Mo era un alma tan amable y abierta, y Juan no parecía tomárselo tan en serio.
Sus pensamientos fueron a parar a Chip. Había disfrutado de su compañía.
El beso que habían compartido había sido tan dulce, tan agradable.
Darcy a veces hacía que «agradable» sonara poco atractivo, pero a Regan le gustaba la sensación tranquila y reconfortante que tenía con Chip.
Y lo mejor de todo: él la trataba con respeto.
La próxima vez que llamara, sin duda saldría con él.
Se dio la vuelta y, abrazando la almohada, pensó en la sorprendente noticia de un primo del que nunca habían oído hablar.
El tío Gavin había sido un hombre misterioso.
Incluso ahora, seguían descubriendo cosas nuevas sobre él.
A final de año, si superaban su desafío, ¿qué más descubrirían sobre su tío?