CAPÍTULO VEINTISÉIS
SHEENA
Sheena dio los últimos toques a la lasaña que tanto le gustaba a Tony.
Había preparado dos grandes tandas. Los chicos se habían acostumbrado a trabajar fuera por las mañanas y a hacer proyectos especiales ocasionales por la tarde.
A la hora de la cena, ambos llegaban muertos de hambre.
Esa noche, sus dos hermanas y los padres de Tony iban a acompañarlos en la mesa alquilada y las sillas plegables que formaban un comedor improvisado en la suite.
Estaba deseando que Tony y ella pudieran tener un hogar propio.
Acababa de limpiar las verduras para una ensalada cuando Meaghan y los chicos volvieron de la piscina.
—Vamos a tener invitados a cenar, así que arreglaos.
Los chicos se dirigieron a su habitación entre empujones y codazos.
—Voy al lado —dijo Meaghan—. Me cambio allí.
Cuando Rosa y Paul llegaron con Tony, Sheena se apresuró a recibirlos.
—Me alegra que hayáis podido venir —dijo Sheena—. ¿Ya estáis instalados en vuestra casa?
Rosa sonrió.
—Hoy hemos desempaquetado la última caja.
—Yo no me mudo nunca más —se quejó Paul—. Tendrán que sacarme de ahí en una caja de madera.
Rosa se sentó.
—¿Quién iba a imaginar que sería tan difícil? Paul tiene razón. De aquí no me muevo.
Regan, Darcy y Meaghan entraron en la habitación unos minutos después.
—Perfecto —dijo Sheena—. Ya estamos todos.
—He invitado a Mo. Espero que no te importe —dijo Regan—. Después vamos a trabajar en ideas para otro cliente suyo.
—No hay problema. Hay comida de sobra. ¿Te encargas del pan de ajo?
—Claro —dijo Regan—. Pan comido.
Sheena se volvió hacia Darcy.
—Estás muy callada. ¿Todo bien?
—Sí, pero cuando todos estéis sentados, tengo algo que contaros. ¿Tienes vino?
Sheena levantó una botella de pinot noir.
—He comprado un par de botellas de un vino muy bueno para celebrar que estamos juntos.
—Deja, yo sirvo —dijo Tony.
Sheena le pasó unas copas de plástico.
—Los utensilios de cocina siguen en cajas. Es lo que hay de momento.
—Por mí, perfecto —dijo Tony. Sirvió una copa a cada adulto y las repartió.
El grupo, sentado en sillas plegables baratas, se relajó. Para Sheena, el ambiente y la compañía no podían ser mejores. Meaghan y los chicos jugaban con sus móviles mientras los adultos conversaban tranquilamente.
—¿Adónde has ido hoy? —le preguntó Regan a Darcy—. Te he visto subir a la camioneta con Rocky.
—De eso quería hablaros —dijo Darcy, dejando su copa de vino—. Rocky sabía que quería conocer Ybor City, así que se ofreció a llevarme. Y luego me enseñó el motivo por el que va allí tan a menudo. El hijo de Gavin, Duncan.
—¿Tiene un hijo? —A Sheena le vino un pensamiento a la cabeza. Si ella era hija de Gavin, Duncan sería su hermano.
—¿Dónde está? ¿Cómo es? —preguntó Regan.
—¿Por qué no lo hemos conocido? —preguntó Sheena.
Darcy respiró hondo.
—Porque no puede valerse por sí mismo ni relacionarse con nadie.
A Sheena la sorprendieron las lágrimas que asomaron a los ojos de Darcy.
—Ha vivido más de lo que esperaban. Tiene una discapacidad mental grave y carece de brazos y de piernas normales.
Las lágrimas rodaron por las mejillas de Darcy.
—Nunca había visto nada igual.
Michael y Meaghan se acercaron.
—¿Es como Clyde? —preguntó Meaghan.
—No —dijo Darcy—. Duncan tiene malformaciones graves y ni siquiera es capaz de responder.
Sheena sintió frío, mucho frío.
—¿Dónde vive? ¿Podemos ir a verlo?
—Cuando nació Duncan, su madre se marchó.
Gavin compró una casa en Ybor City y puso a una familia de allí a cargo de él.
Elena García es quien lo cuida ahora. Tomó el relevo cuando su madre ya no pudo seguir.
Se ha convertido en cosa de familia, con su sobrino echándole una mano.
Gavin se aseguró de que todos quedaran bien atendidos, y Rocky le prometió que iría a visitarlo con regularidad.
Darcy dejó de hablar y se llevó la copa de vino a los labios con mano temblorosa.
—¿Hay algo que podamos hacer para ayudar? —preguntó Sheena.
Darcy se encogió de hombros.
—Podéis hablar con Rocky, pero no sé qué podría ser.
—Me gustaría conocerlo —dijo Regan—. Al fin y al cabo, es de la familia.
Un golpe en la puerta interrumpió la conversación.
Regan se levantó de un salto.
—Debe de ser Mo. Yo abro.
Sheena se volvió hacia Tony mientras se levantaban.
—Todavía no te han presentado a Mo. Regan y él están trabajando juntos en varios proyectos de decoración. Hicieron la casa de tus padres.
Regan se acercó con Mo pisándole los talones.
—Tony, te presento a Mo. Es el mejor diseñador de interiores que conozco y un querido amigo.
Tony le tendió la mano y, con un gesto amplio del brazo, señaló la suite.
—Supongo que a esto lo llamarías el «antes» de cualquier proyecto.
Mo se rio mientras le estrechaba la mano.
—Regan me lo ha contado todo. Cuando llegue el momento de reformar las suites, espero poder echar una mano.
Se volvió hacia Regan con una sonrisa.
—Aunque puede que Regan ya no me necesite.
Sheena sonrió al ver la complicidad entre ellos dos. Esa noche, la camisa morada de Mo combinaba con el estampado floral del nuevo vestido de verano de Regan.
—Siéntate y tómate una copa de vino con nosotros —dijo Sheena—. La cena estará lista enseguida.
Rosa dio unas palmaditas en la silla vacía que tenía al lado.
—Siéntate aquí conmigo, Moses. Quiero preguntarte sobre los muebles de jardín que quiero encargar.
Él sonrió afablemente y se sentó a su lado.
—Será mejor que vaya a ver cómo va la cocina —dijo Sheena.
—Te ayudo —dijo Darcy, levantándose.
—Yo también —dijo Regan, yendo rápidamente tras ellas.
En la cocina, las tres se juntaron.
—¿Qué os parece lo de que Gavin tenga un hijo así? —preguntó Regan—. Me pregunto por qué nadie lo mencionó nunca.
—Imagino que no es algo fácil de contar —dijo Sheena, consciente de lo difícil que debió de ser aquella situación para Gavin. Se preguntó si le habría contado aquello a su madre, y no pudo evitar volver a preguntarse qué tipo de relación tenían.
—Cuesta creer que Rocky se desplace hasta Ybor City para ver cómo está —dijo Regan.
—Antes le tenía miedo, pero ya no —dijo Darcy—. No después de verlo en casa con Duncan.
—¿Se parece en algo a nosotras? —le preguntó Regan a Darcy.
—Por lo que pude ver, tiene el pelo de Sheena. Nada más.
Sheena archivó aquel dato para reflexionar sobre él cuando estuviera a solas.