Encontrando mi camino (Serie Salty Key Inn nº 2) CAPÍTULO DIECISÉIS
34%

CAPÍTULO DIECISÉIS

REGAN

Con el pulso acelerado por la emoción, Regan cogió el móvil para llamar a Mo.

Mientras esperaba a que contestara, se balanceaba de un pie a otro, como un nervioso taconeo.

—¡Hola, cariño! ¿Qué pasa? —dijo Mo.

—Tengo noticias emocionantes que contarte —dijo Regan.

—Yo también —dijo Mo—. ¿Quedamos en Sammy's para comer? Invito yo. Puedo estar allí en diez minutos.

—¡Genial! Yo llegaré unos minutos después. ¡Nos vemos!

Regan corrió a la suite de Sheena, que estaba al lado.

—Necesito la furgoneta. Voy a quedar con Mo para comer y darle la buena noticia sobre la decoración de la casa de Rosa.

—Estupendo. Las llaves están en la encimera, donde siempre. ¡Que te diviertas!

Regan cogió las llaves y salió corriendo hacia la furgoneta.

En cuanto Austin tuviera un logotipo más detallado, lo pintarían en las puertas.

Por ahora, la sencilla furgoneta plateada le parecía un carruaje dorado que la llevaría al comienzo de una vida completamente nueva.

Eso si Mo aceptaba trabajar con ella en la casa de Rosa.

Entró en el aparcamiento de Sammy's, aliviada al encontrar un sitio libre. Junto a St. Pete Beach, el bar y restaurante, conocido por su excelente marisco, tenía mucho movimiento tanto a la hora de comer como de cenar.

Al bajar de la furgoneta, vio el coche blanco de Mo aparcado en el extremo del aparcamiento y entró rápidamente en el restaurante.

Regan se detuvo y buscó a Mo con la mirada.

Sammy's mantenía una decoración playera tradicional con redes de pesca, dólares de arena y otros adornos costeros.

Sin embargo, el ambiente era más sofisticado que el de la mayoría.

Manteles de lino turquesa cubrían las mesas, realzados por vasos de agua con borde rosa en cada puesto.

En el centro de la mesa, una ramita de buganvilla rosa intenso descansaba en un pequeño jarrón blanco.

Cuando vio a Mo, Regan sonrió, lo saludó con la mano y se apresuró hacia la mesa.

Al verla, él se puso de pie, esperando a que se acercara. Llevaba una camisa hawaiana amarillo pálido con grandes flores tropicales rosas y rojas estampadas.

—Estás fabuloso —dijo ella, aceptando un beso en la mejilla.

—Tú también —él examinó su atuendo con atención—. Esa camisa azul marino con los vaqueros blancos te queda muy bien.

Complacida, Regan le dio un abrazo rápido.

—Siempre consigues que me sienta bien —se deslizó en la silla que él le ofrecía—. Espera a que te cuente mis noticias.

Él se sentó frente a ella.

—Antes de que empieces, quiero que sepas que he dejado mi trabajo en la tienda. Voy a hacer algo completamente nuevo.

—¿Quééé? ¿Vas a dejar el negocio de la decoración? —se le revolvió el estómago ante la idea de perder la oportunidad de trabajar juntos.

—Toma —le entregó una tarjeta de visita gris claro. Interiors by Moses Greene en letras marrones en negrita cruzaba el frente de la tarjeta. Debajo aparecían una dirección y un número de teléfono. En el reverso leyó: Decoración de interiores con clase para gente inteligente.

—¿Y bien? ¿Qué te parece? —la expresión de Mo era de incertidumbre.

—¡Me encanta! —dijo ella, sonriendo—. Tienes mucho talento. ¿Cuándo ha pasado esto?

—El fin de semana pasado. Llevo meses trabajando en un acuerdo. Blackie Gatto, un asesor financiero, me ayudó a cerrar el trato, junto con su socio, un abogado.

—¿Blackie Gatto? Nos está ayudando a nosotras —dijo Regan—. Sheena trabaja con él y piensa que es genial. Trabajó con mi tío durante años.

—Es muy bueno. Se aseguró de que tuviera un buen acuerdo. Estoy trabajando con Lowell's Furniture para poder ofrecer descuentos a mis clientes. Lowell's es la tienda de muebles más elegante de la zona, y Blackie les hizo entender que podía ser una situación beneficiosa para ambos.

—¿Dónde tienes la oficina? —le preguntó Regan.

Su sonrisa fue tímida.

—De momento, es mi apartamento. Uno de los dos dormitorios tiene todas las muestras de telas y los catálogos, etcétera.

Me ha llevado semanas montarlo —le cogió la mano—.

Me alegro de haber podido ayudarte con el hotel.

Blackie me dijo que no le contara nada a nadie hasta que todo estuviera cerrado.

Pero si tienes algún problema con la entrega de algo, avísame y me encargo.

Sintiéndose un poco perdida, Regan dijo:

—Me alegro por ti, Mo. De verdad.

—Gracias. Ya basta de hablar de mí. ¿Cuáles son tus noticias?

—¿Mis noticias? —sintió que los labios se le curvaban en una sonrisa—. Puede que tenga a tu primer cliente. Los suegros de Sheena se mudan a Florida, y Rosa quería que la ayudara a decorar la casa de arriba abajo.

Mo la miró fijamente.

—¿Mi cliente? ¿Por qué no lo hacemos juntos, Regan? Es algo de lo que hemos hablado para el futuro. Empecemos ahora.

—¿Tú? ¿Yo? ¿Juntos? ¿Nosotros?

Él se rio.

—Después de conocerte y trabajar contigo en el hotel, estuve más seguro que nunca de que estaba haciendo lo correcto. Algún día espero ofrecerte un trabajo de verdad conmigo. Hemos conectado desde el principio, ¿no?

Una oleada de calidez invadió a Regan. Asintió.

—Nunca había tenido un amigo como tú, alguien con quien puedo ser totalmente yo misma. ¿Sabes a qué me refiero?

—Sí. Si crees en las vidas múltiples, estoy seguro de que nos hemos conocido antes.

Regan se rio. La idea le resultaba extraña, pero le gustaba saber que él sentía lo mismo por ella que ella por él.