CAPÍTULO QUINCE
SHEENA
Sheena estaba sentada en la cocina de su suite picoteando ensalada de atún mientras hacía una lista de la compra para su familia.
Tras dejarlos en Boston mientras ella y sus hermanas trabajaban juntas para afrontar el reto que Gavin les había planteado, Sheena había descubierto una libertad que nunca se había permitido.
Le encantaba ser esposa y madre, pero se había perdido en esos roles.
Ahora disfrutaba de ser Sheena Sullivan Morelli, que además resultaba ser esposa y madre, y una de las propietarias de un hotel.
Estando ella fuera, Michael, de diecisiete años, y Meaghan, de casi quince, estaban aprendiendo a hacer más cosas por sí mismos y a agradecer todo lo que tenían.
Se le llenó el corazón de ternura. Aunque su vida estaba a punto de cambiar con la llegada de ellos, apenas podía esperar para verlos.
Michael cursaría su último año de instituto en Florida y luego se iría a la universidad.
Meaghan, esperaba ella, haría amigos mejores y más amables en su nuevo colegio.
El móvil de Sheena sonó. Meaghan.
—Hola, cariño —dijo Sheena—. ¿Qué pasa?
—Mamá, he decidido no ir al Baile de Fin de Curso. Ahora Lauren y sus amigas me llaman esnob.
—¿Y cómo te sientes con eso? —preguntó Sheena en voz baja, con un nudo en el estómago al pensar que Meaghan volvía a sufrir acoso.
—Sé que si al final voy, solo se burlarán de mí. Y de todos modos me voy a Florida y no tendré que aguantarlas más.
—Me parece que has tomado una buena decisión. —Sheena no pudo ocultar su alivio. Lauren y sus dos amigas acosaban a muchas de las chicas de la clase de Meaghan, y aunque dolía, Sheena confiaba en que Meaghan comprendiera lo mal que estaba aquello.
—¿Mamá? Estoy deseando veros a todos en el hotel. Gracie me dijo que contaba conmigo para ayudar en el restaurante.
A Sheena le agradó el tono de orgullo en la voz de su hija.
Meaghan no había estado nada contenta con la idea de recoger mesas cuando la obligaron a venir a Florida tras ser expulsada temporalmente del colegio por haber participado ella misma en un episodio de acoso.
Pero al trabajar con Gracie, Clyde y los demás, Meaghan parecía haber florecido, sobre todo cuando aprendió a tratar las necesidades especiales de Clyde y se volvió mucho más tolerante con los demás.
—Bueno, yo también estoy contando los minutos para que llegues. Solo faltan unos días. ¿Cómo está la abuela Rosa?
—Está ocupada pero muy contenta con la mudanza a Florida. La venta de enseres fue genial. Vendimos casi todo de aquí y también de casa de la abuela. El camión de la mudanza viene mañana. Luego nos quedaremos todos en un hotel del centro. Esa es otra razón por la que no quería ir al baile.
—Parece que todo va según lo previsto. Nos vemos pronto, mi niña.
—Adiós, mamá. Te quiero —dijo Meaghan antes de colgar.
Sheena se quedó sentada un rato, pensando en lo difícil que era ser adolescente. En las redes sociales se decían y hacían cosas horribles a los demás. La comunicación había pasado de ser algo bueno a convertirse en algo doloroso para mucha gente.
El móvil volvió a sonar. Tony.
—Hola, cariño —dijo ella—. Acabo de hablar con Meaghan. Parece que todo va según lo previsto.
—Más o menos. Michael y yo nos retrasaremos un par de días. Cuando vengan los de la mudanza, me quedaré para asegurarme de que el equipo de limpieza se encargue de todo. Mamá y papá están deseando irse a Florida, así que les dije que yo me ocuparía. Espera, Michael quiere preguntarte algo.
—¿Mamá? Randy Jessup quiere venir a Florida conmigo este verano. ¿Puede? Dice que también trabajaría.
—¿Randall Jessup? No sabía que fuerais tan buenos amigos.
—Mientras has estado fuera, hemos jugado al béisbol juntos y nos hemos hecho muy amigos. Es un buen tío.
—¿Y su familia? Tienen una casa de verano en Nantucket. Yo pensaba que querría quedarse allí.
Michael resopló.
—¿Con su padre, su madrastra y sus dos mocosos? Lo dudo. Y su madre tiene un novio nuevo que odia a Randy. Está desesperado, mamá. Tenemos que ayudarle.
—Tendrías que compartir habitación con él, y, Mike, tendría que trabajar tan duro como cualquier otro. Déjame hablarlo con tu padre y ya te diremos algo.
—Hoy. ¿Vale?
—Lo intentaré —dijo Sheena—. ¿Todo lo demás bien? ¿Estás listo para recoger el Explorer de la empresa de transporte cuando llegues en avión?
—Sí. Antes de enviarlo, papá hasta le puso neumáticos nuevos.
—Bien. ¡Estoy deseando verte!
—Yo también, mamá. Aquí está papá.
—¿Qué opinas de que Randy viva con nosotros este verano?
—preguntó Sheena a Tony, todavía sorprendida por la petición—.
Me sorprende que siquiera lo considere. Donde vivimos no es precisamente un lujo.
¿Y entiende que el verano aquí es caluroso y húmedo y que aun así tendrá que trabajar al aire libre?
—Sí, le he dicho todo eso, pero por lo visto la situación en su casa no es buena.
Y cuando hablé con sus padres y les expliqué todo, incluido que Randy tendría que trabajar como el resto de nosotros, ninguno de los dos se opuso ni pareció importarles mucho.
Bastante triste, la verdad, porque es un buen chaval.
Sheena dejó escapar un largo suspiro.
—A la primera señal de problemas, tendrá que irse. Tenemos previsto abrir el hotel el fin de semana del Día del Trabajo, y estaremos demasiado ocupados este verano para andar con líos. ¿De acuerdo?
—De acuerdo. —Hubo una pausa, y luego Sheena oyó reírse a Tony—. Mike nos está levantando el pulgar. Sabe lo blanda que eres, pero me sentaré con Randy y le dejaré claras las reglas. Te lo prometo.
—De acuerdo. No puedo imaginar cómo debe sentirse ese chico al saberse no querido. Avísame cómo te va con él y con todos los preparativos finales. Gracias, cariño. Ha sido estupendo que los chicos se hayan volcado para ayudarte mientras yo he estado aquí en Florida.
—Sí, han sido unos meses extraños. No me ha hecho mucha gracia, pero pronto estaremos todos juntos. Tengo que dejarte —dijo Tony.
Sheena ignoró el ligero tono cortante en la voz de Tony.
—¡Estoy deseando verte! Te quiero.
—Yo también te quiero —dijo Tony.
Venir a Florida con sus hermanas había cambiado el funcionamiento de su familia. Por muy liberador que hubiera sido para ella, a ellos les había costado arreglárselas sin ella. Pero a todos les había venido bien. Se preguntó cómo cambiaría esa dinámica el hecho de añadir otra persona al grupo.
Sheena marcó el número de su suegra, decidida a preguntarle al respecto.
Rosa contestó la llamada.
—¡Hola, Sheena! —canturreó.
—¿Cómo lo llevas con todo lo que tienes que hacer para la mudanza?
Rosa se rio.
—Tan bien como cabía esperar. Tendrías que haber visto todo lo que tiramos. Después de cuarenta años viviendo aquí, teníamos un montón de trastos acumulados. Michael y su amigo Randy fueron estupendos cargando y llevando cosas de un lado a otro.
—¿De verdad? ¿Has conocido a Randy?
—Sí. Parece buen chico. ¿Por qué?
—Va a vivir con nosotros este verano.
—Ah-h-h, Tony me lo comentó. Creo que le vendrá bien a Randy. Puede que su familia tenga dinero, pero parece que andan escasos de cariño.
Al pensar en un niño que tuviera que pasar por algo así, una oleada de ternura invadió a Sheena. Sus propios hijos siempre habían sabido que eran queridos.
Hablaron de los detalles de la venta del patrimonio, y luego Rosa dijo:
—Estoy emocionadísima con la idea de empezar de cero. Paul ha aceptado comprar muebles completamente nuevos, pero necesito encontrar a alguien que me ayude a decorar la casa nueva.
—Conozco a la persona perfecta. Regan ha hecho un trabajo fabuloso con las habitaciones del hotel, y se ha hecho amiga de una interiorista que trabaja para hoteles. Las dos serían estupendas.
Rosa soltó un gritito de alegría que pilló a Sheena desprevenida.
—¡Oh, eso sería maravilloso! Regan sabrá a qué tipo de cosas estoy acostumbrada y qué me podría gustar. Por favor, dile a Regan que me encantaría contratarla.
Sheena se rio por lo bajo.
—Lo haré.
La vida, como solía pensar, estaba llena de sorpresas.