Encontrando mi camino (Serie Salty Key Inn nº 2) CAPÍTULO CINCO #2
13%

CAPÍTULO CINCO #2

Era solo una niña cuando él le regaló un mono de peluche.

Más tarde, cuando el mono estaba ya desgastado de tanto abrazarlo, se le abrió una costura.

Al meter los dedos curiosos, tiró del relleno y cayó una vieja moneda de oro.

Cuando Sheena se la enseñó a su madre, esta le advirtió que no dijera nada y la guardó.

Solo después de la muerte de su madre, Sheena encontró un sobre con su nombre escondido en un cajón.

Dentro estaban la moneda de oro y una nota de su madre.

La moneda, oculta desde el momento en que la encontró, seguía siendo un secreto. Nadie más en su familia lo sabía.

Sheena cerró los ojos y suspiró mientras el agua seguía acariciándole el cuerpo.

La vida estaba llena de sorpresas, reflexionó, pensando en todos los cambios de los últimos meses.

El desafío de Gavin para las tres había sido muy inesperado.

Ella y Tony habían discutido por su decisión de venir a Florida, pero se había aferrado a la idea de que era una forma de ayudar a su familia.

Ahora, con la bendición de todos, no era el error que habían pensado al principio.

Todos estaban aprendiendo más sobre sí mismos y sobre los demás.

Sheena no estaba segura, pero había empezado a sospechar que Gavin podría ser su padre, no el tío que todos decían.

Había descubierto que él y su madre se habían amado.

E incluso después de que a Gavin le prohibieran ir a la casa familiar, su madre había mantenido el contacto con él en secreto.

A su espalda, oyó abrirse y cerrarse la puerta de la ducha. Sonriendo, se dio la vuelta hacia Tony.

Él le guiñó un ojo y, tras echarse jabón líquido en la mano, empezó a acariciarle el cuerpo.

—Hacía tiempo que no tenía ocasión de hacer esto.

—¿Tiempo? Años —dijo Sheena, suspirando de placer ante sus caricias.

###

Sheena y Tony paseaban de la mano hacia la parte trasera de su terreno, donde había un pequeño embarcadero en la bahía.

La limpieza de la zona había comenzado, pero aún quedaba mucho por hacer.

Al despejar parte de la maleza, todo el extremo este de la propiedad había quedado al descubierto, lo que la ampliaba considerablemente.

Allí esperaban crear una zona donde los huéspedes pudieran sentarse a tomar algo fresco o simplemente relajarse.

El tío Gavin incluso había hablado con Blackie Gatto sobre abrir un restaurante junto al agua.

Sheena no estaba segura de hacer algo así ahora, ni quizás en el futuro.

Quería esperar a ver cómo funcionaba el hotel con los huéspedes primero.

—Esta zona puede quedar muy bonita —dijo Tony—. Aunque haya movimiento en el embarcadero, la gente podrá sentarse a la sombra y descansar.

Sheena lo miró fijamente.

—¿Estás listo para hablar de lo que pasa en casa? ¿Es algo que debería preocuparme?

Tony negó con la cabeza.

—En absoluto. ¿Es seguro el embarcadero? ¿Podemos sentarnos a hablar allí?

—Necesita algo de trabajo, pero es seguro.

Sheena siguió agarrada de la mano de Tony mientras caminaban sobre la estructura de madera.

Se sentaron en la plataforma y dejaron los pies colgando por encima del agua.

El sol se asomó entre las nubes grises que cubrían casi todo el cielo y lanzó rayos de luz sobre las crestas de las olas, tiñéndolas de un tono dorado.

Una garza azul vadeaba en el agua en busca de su próxima presa.

Sheena respiró hondo, encantada con el paisaje que la rodeaba.

—¿Sheena?

Ella se volvió hacia Tony.

—¿Estás lista para hablar?

La miraba con expresión seria.

—Hace unos días, mamá y papá me pidieron que fuera a su lado del dúplex para hablar de algo importante.

—¿Están bien?

Quería mucho a sus suegros, Rosa y Paul Morelli.

—Sí. De hecho, están como niños. Han decidido poner la casa en venta y mudarse a Florida. Papá ya ha hablado con un agente inmobiliario en Boston. Y han hecho una oferta por una casa en el barrio de un amigo suyo, aquí cerca.

Sheena se quedó boquiabierta. ¿Su serio y conservador suegro iba a dejar Somerville y Boston así como así? Nunca habría imaginado que estaría dispuesto a hacerlo. Era un hombre que se tomaba su tiempo con cada pequeña decisión.

—¿Y Rosa está de acuerdo con esto?

Tony sonrió.

—Mamá está deseando llegar a un lugar donde no tengan que preocuparse por lo que cuesta calentar esa casa tan grande en invierno.

—Entonces, ¿eso nos deja en la calle?

A Sheena la idea no le disgustaba en absoluto.

—Saben que no podemos permitirnos comprar la casa a precio de mercado, y necesitan el dinero para la nueva. Además, yo no la quiero.

La miró con atención.

—¿Tú sí?

Sheena negó con la cabeza.

—Estoy lista para algo nuevo. Esta experiencia en el hotel me ha hecho darme cuenta de lo atada que estaba a la tradición familiar en Boston. Quiero algo diferente, y quiero que nuestros hijos vivan nuevas experiencias.

Tony dejó escapar un largo suspiro.

—Bien, porque tengo más noticias que darte.

En su expresión se mezclaban la emoción y la preocupación.

—¿Ah, sí?

Ella arqueó una ceja.

Él le dedicó una sonrisa casi tímida.

—He hablado con Brian sobre trabajar en su empresa hasta que pueda cumplir los requisitos para presentarme a los exámenes y montar mi propia empresa de fontanería aquí en Florida.

—¿Tú también quieres mudarte aquí? ¿De verdad?

Sheena lo abrazó.

—¡Eso sería maravilloso! ¡Sencillamente maravilloso! Creo que Darcy, Regan y yo vamos a sacar adelante este hotel y superar el desafío. Y entonces tendremos dinero suficiente para todo.

—Bueno, no estamos en la indigencia —dijo Tony recuperando algo de su habitual vivacidad—. John va en serio con lo de comprar el negocio. Tiene a alguien en mente como socio, y Dave y Anna también quieren entrar.

A Sheena le daba vueltas la cabeza. Su cuñada, Anna, se había casado con un buen tipo que tenía un talento natural para el marketing.

Dave había perdido el trabajo hacía poco y había empezado a trabajar con Tony.

John Larson llevaba años trabajando con Tony y hacía tiempo que había dejado claro que quería comprar parte del negocio.

—¿Estás contento de dejárselo a ellos? Tú, bueno, los dos en realidad, hemos trabajado muy duro para levantarlo.

Tony se quedó mirando el agua en silencio un momento. Cuando se volvió hacia ella, había en su expresión una ternura que antes no estaba.

—Nada es más importante para mí que mi familia. Como no paras de decirme, somos jóvenes. Podemos empezar de cero aquí. Y si el hotel no funciona, podremos vivir bien mientras monto mi nuevo negocio.

Esbozó una sonrisa.

—Podría estar bien trabajar a las órdenes de otro durante un tiempo sin preocuparme de cómo voy a asegurarme de que todos mis empleados estén bien atendidos.

Sheena le apretó la mano.

—Podemos hacerlo, Tony. Juntos, como familia, podemos sacar esto adelante. Será bueno para todos.

Tony sonrió.

—Mamá y papá no estarán lejos, pero gracias a Dios tendremos casa propia.

—¿Y si intentamos comprar la casa que están reconstruyendo aquí en la propiedad? —dijo Sheena.

Tony negó con la cabeza.

—No, Sheena. Buscaremos algo cerca si quieres, pero no vamos a vivir rodeados de huéspedes del hotel.

—Sí, supongo que tienes razón.

—Mañana me reúno con Brian y sus socios para cerrar el acuerdo.

—¿Los niños ya lo saben?

Tony negó con la cabeza.

—Se lo diremos juntos. Hace unos meses, les habría molestado dejar Somerville. Ahora creo que están preparados. Después de hablar con otros chicos que ha conocido aquí, Michael quiere jugar al béisbol. ¿Y Meaghan? Quién sabe.

Se rieron juntos. Su hija, sin duda, seguiría dándoles guerra.