IRIS
Los músculos de las piernas me arden y no soy capaz de ver nada.
He perdido a Edgar. Su pecho brota sangre sin descanso y yo he seguido corriendo.
Tengo ganas de vomitar, de llorar y de gritar, pero me obligo a no dejar de correr para poder seguir viva.
Los disparos no cesan en ningún momento, al igual que nuestros gritos.
Alzo mis manos y llevo el cañón de la pistola hacia la cámara que está a punto de girarse hacia nosotros.
Aprieto el gatillo y una lluvia de chispas nos baña mientras doblamos el pasillo.
Esto no va a acabar nunca. Algo tira de mi chaleco y ahogo un grito al ver que es Killian.
Estamos metidos en una habitación oscura.
No hay cámaras, parece que es el aseo de los trabajadores.
No tardarán mucho en encontrarnos y así se lo hago ver con mis gestos.
Anahí no para de llorar y decir que vamos a morir como Edgar y Wyatt.
Solo oír sus nombres hace que mi corazón se oprima y quiera reventar.
Mis amigos han muerto. Mi alemán, el chico de la sonrisa perfecta y el cabello impregnado en sol, ya no me va a abrazar más.
Y mi pequeño astuto, el chico pálido con labios rosados y ojos color miel no me dirá que soy como su hermana mayor.
Poso mi espalda en la pared y me dejo caer llorando. He perdido a mis mejores amigos, me los han arrebatado en un segundo y me siento sola, a pesar de estar con Killian, Ikki y Anahí.
—¿Qué vamos a hacer ahora? —pregunta Anahí, apartándose las lágrimas.
Killian empieza a soltar ideas, pero no lo escucho. No puedo hacerlo. Sé que vamos a morir y no podemos hacer nada. Aun no entiendo el porqué, pero nuestras vidas no valen nada para esta gente. Somos una simple distracción, juguetes a los que arrancan la cabeza cuando se cansan de jugar.
—¿Por qué no están haciendo esto?
—No quiero pensar en eso ahora, ¿de acuerdo? —espeta Killian. Su pelo es una maraña oscurecida por el sudor, que también cae por su frente—. Tenemos que salir de aquí ya.
Piensa Iris, piensa. Tienes que salir de aquí y denunciar todo esto.
Ikki llora y se sujeta el brazo. Me había olvidado totalmente de su disparo.
Me levanto para buscar vendas. Tras unos segundos, encuentro un botiquín con algo para tapar y limpiar la herida, también veo unas toallas de manos.
Me acerco a él y le rompo la manga de la camisa con la ayuda de unas tijeras.
Casi vomito al ver el orificio en su brazo.
—Muerde esto. —Le meto la toalla en la boca y él la muerde con fuerza—. Anahí, sujétalo.
—¿Sabes lo que estás haciendo? —pregunta, mientras le agarra el otro brazo y le sujeta la toalla de la boca.
—No, pero fui enfermera auxiliar en una serie e hicimos esto. Algo es algo. —Miro a Ikki y le sonrío con preocupación—. Esto te va a doler, pero si quieres salir vivo de aquí no puedes gritar. ¿Lo has entendido?
Asiente y cierra los ojos cuando acerco el bote de alcohol. Trago saliva y dejo que el líquido caiga para poder desinfectar la herida. Cuando contacta con la piel quemada y abierta, Ikki abre los ojos como platos y muerde con tanta fuerza que llego a pensar que va a quedarse sin dientes.
Le echo alcohol de nuevo y llevo un trozo de gasa a la herida, haciendo presión.
—Anahí, haz presión con mucha fuerza, ¿de acuerdo?
—Claro.
Busco más vendas para poder envolverle el brazo y hacer una especie de torniquete. Esto es lo que suelen hacer en las películas, ¿no? Sé que deberíamos sacarle la bala, pero mis conocimientos no llegan a tanto. Además, casi no tenemos tiempo.
—Iris, date prisa. No van a tardar en encontrarnos.
—Killian, ya estoy demasiado nerviosa para que vengas tú y me agobies más.
—Lo siento.
Le cubro la herida con las vendas y le hago un buen nudo. Se queja porque dice que le aprieta. Bien, esa era mi intención.
Vale, ya he hecho de enfermera, ¿ahora qué? Miro hacia arriba y veo el conducto de ventilación. Qué cliché, ¿no? En las películas, cuando los protagonistas se meten ahí, acaban muertos sin ninguna duda. ¿Qué pasará en la vida real?
—Podemos salir por ahí —propongo mientras señalo el conducto para que lo miren.
Sus caras no se iluminan ante la idea, seguramente han visto las mismas películas de acción que yo y saben lo que sucede cuando te metes en uno. No tenemos otra opción.
Agarro a Killian del brazo y lo atraigo a mí para que pueda ayudarme a alcanzar la trampilla.
Entre él y Anahí me sostienen para tener mayor estabilidad.
Golpeo la rejilla con el codo varias veces, pero no funciona y me duele mucho el brazo.
Aprieto los dientes, cojo impulso y vuelvo a golpear la trampilla, consiguiendo abrirla.
Sonrío y la echo a un lado para poder meterme en el conducto.
Todo está bastante oscuro, pero no hay señales de que haya nadie y es más seguro que los pasillos. Saco la cabeza y miro a los demás:
—Despejado, vamos.
Reptamos con mucho sigilo para no llamar la atención. Por los diferentes huecos, puedo ver cómo nos siguen buscando con armas en alto. Hay muchísimas personas para darnos caza.
Me detengo, observando a varios hombres decir que seguramente nos hayamos metido en la zona de dirección, ya que es la más oculta.
Sigo sin moverme, ya que escucho varios hombres volver a la zona.
Hablan en susurros y tienen una actitud extraña.
Demasiado. No parecen unos cazadores en busca de su presa.
Trago saliva, observando cómo se llevan los cuerpos sin vida de Edgar y Wyatt.
Cierro los ojos y me obligo a no llorar. Aún no puedo hacerlo.
No sé cuánto llevamos recorrido, pero hemos llegado al final del conducto.
No nos queda otra que salir y debe ser rápido.
Puedo leer que estamos en la sala de mandos.
Supongo que desde aquí controlan las imágenes que la audiencia ve.
Espero que esté cerca de la salida, si no habremos hecho esto para nada.
Les hago señales a los demás para que sepan que tenemos que bajar y se tensan.
Abro la trampilla con cuidado y empiezo a deslizar mi cuerpo con sigilo. Me dejo caer y cuando mis pies tocan el suelo, me pego a la pared más cercana, evitando las cámaras. No me he fijado si hay, pero dudo que en esta zona de los pasadizos se necesiten.
Anahí baja con rapidez y se coloca a mi lado.
—Lo siento —susurra.
—Yo también lo siento, pero no es el momento. Ya me invitarás a tequilas cuando salgamos de aquí.
Sonríe con amargura y asiente, ladeando su cabeza para observar a Killian ayudar a Ikki a bajar.
—Tenemos que entrar ahí —comento—. Debemos ser silenciosos para que no nos descubran, tomamos el control de la sala y buscamos la salida. Desde ahí será más fácil saber dónde está.
Levantan sus pulgares en respuesta afirmativa y saco el arma del cierre de mi pantalón. Junto a la puerta hay otro sistema de seguridad. Trago saliva y rezo a Dios, a pesar de no creer en él, que el código que nos dio Wyatt sirva para entrar aquí. 4395. Gracias, mi pequeño francés.
Cuando la luz verde aparece, mis piernas empiezan a temblar y si no fuera por Killian, me hubiese caído.
Hace un gesto con la cabeza y abre la puerta muy lentamente.
Sostengo con firmeza la pistola y nos introducimos en la habitación.
Hay cinco personas de espaldas, observando todas las imágenes que las cámaras les ofrecen, intentando encontrar a sus fugitivos.
Señalo a Killian y le indico a quién tiene que golpear.
Hago lo mismo con Ikki y Anahí. No podemos disparar, sería demasiado alarmante y nos encontrarían rápido.
Alzo tres dedos. Luego dos. Uno. Y como si un titiritero nos moviese, golpeamos a la vez a los cuatro empleados que se desploman al instante.
El quinto da un salto y todos le apuntamos con nuestras armas.
—Si haces ruido, te matamos, maldito hijo de puta.
Asiente varias veces y no baja las manos. Killian lo ata a una silla y está a punto de golpearlo, pero lo detengo a tiempo.
—Espera —espeto. Lo miro a los ojos y agarro su mandíbula con fuerza—. ¿Por qué nos están haciendo esto?
—No estoy...
No dejo que acabe la frase y le doy una bofetada.
—Mira, gilipollas, no estás en disposición de jugar conmigo, ¿vale? Tenemos todas las de perder, pero no me va a importar matarte. ¿Por qué nos estáis haciendo esto? —repito.
—Vuestros países son los únicos que no han podido pagar la deuda que tenían con La Gran Potencia a tiempo.
Los ciudadanos elegimos que la mejor forma de cobrarla sería con sangre.
Vuestros propios países os entregaron a nosotros, sabiendo cuáles eran las condiciones.
Es una especie de ofrenda, sois mártires.
Ahora lo he entendido. Estaba equivocada, no era un concurso para fortalecer la unión entre todos los países, sino para cobrarse una deuda, y se la cobran con nuestras vidas.
—¿Contenta, niña? Ahora, prepárate para morir.
Aprieto con fuerza la pistola y le golpeo en la cabeza con la culata de esta. Su cabeza cae y empieza a brotar sangre de ella. No sé si lo he matado, pero tampoco me importa mucho.
—Tenemos que encontrar la maldita salida —les digo.
Los monitores iluminan toda la sala y me asombra ver a todos esos asesinos buscándonos para derramar nuestra sangre. Me doy la vuelta y miro en los hologramas. Toco uno y se forma la figura de la casa. Frunzo el ceño y la observo con detenimiento.
Lo tengo.
—Venid aquí.
—Joder...
Sonrío a Killian y hago que el holograma se gire, señalando el punto rojo.
—El punto es este lugar y la salida es esta.
Coloco los dedos sobre el holograma y lo amplio, deslizando mi dedo con levedad hasta que los llevo a la salida.
—No estamos tan lejos —comenta Anahí.
—Podemos conseguirlo si nos damos prisa.
Estamos en la zona 8 y la salida está en la zona 3. Tenemos que pasar cinco zonas para poder salir de este puto infierno.
Vuelvo a los monitores y observo las cinco salas a las que tenemos que ir. En comparación con otras zonas, hay pocos. Claro, que nosotros somos cuatro. Tenemos que hacer algo.
—¿Cómo podemos hacer que crean que estamos en otra zona?
Ikki se acerca y empieza a observar los controles. Toquetea un par de cosas, pero no sé qué intenta hacer.
—Hay sensores de calor, podemos hacer que crean que estamos en la zona que queramos y activar los rociadores de incendios para llamar su atención y que piensen que estamos por allí.
No me acordaba de que, además de un miedica, es un genio con la tecnología.
—Debe de ser creíble, Ikki. ¿En qué sala podemos estar?
Mira a Anahí y empieza a pensar.
—En la trece, donde los baños. Estarán buscándonos unos cuantos minutos... Creo que nos puede dar tiempo a escapar —comenta insegura.
—De acuerdo —suelto—. ¿Cuánto tardarás en hacerlo?
—Dadme unos segundos.
—¿Qué es eso?
Killian señala un monitor en verde, pero no enfoca los pasillos ni la casa. Es el plató. Están en directo ahora mismo, viendo cómo huimos y morimos.
Enfadada, me agacho a coger las armas de los controladores que aún están inconscientes.
O muertos. Qué más da. Sus armas son mejores y están completamente cargadas.
Repentinamente, una pequeña aguja me atravesase el cuello un instante, provocando que golpee al controlador que tiene su mano alzada.
Me palpo la piel, pero todo parece normal.
Con sus armas recogidas, le paso una a Anahí y otra a Killian.
—¿Preparados? —pregunta Ikki, con las lágrimas corriendo por sus mejillas.
Todos asentimos a la vez y él pulsa un botón. Por los monitores, contemplamos a todos los cazadores correr hacia la misma sala.
Le lanzo una pistola a Ikki y esperamos a que la zona 8 esté totalmente despejada para poder salir.
Ikki nos hace una señal y salimos sin problemas.
Empezamos a correr hacia la zona 7. Al pasar por allí, nos encontramos con tres cazadores que se quedan confusos al vernos.
Empuño la pistola y disparo tres veces. Le doy a uno en la cabeza y a otro en el pecho.
Killian dispara y mata al que recibe mi disparo en el pecho y Anahí se encarga del otro.
Los disparos habrán alertado a los demás. Tenemos que correr aún más.
Se escuchan cientos de personas corriendo.
Aceleramos el paso, pero es inútil. Ellos son muchísimos y saben cómo llegar a los pasillos con más facilidad que nosotros.
Conseguimos pasar la zona 6, pero cuando lo hacemos, tenemos a varios cazadores a pocos metros.
Empiezan a disparar una y otra vez. Una de las balas atraviesa la espina dorsal de Ikki, haciéndolo caer instantáneamente.
—¡Ikki! —grito sin parar de correr.
—¡Iris, mira!
Killian me señala el final de la zona 5, un final que se está cerrando poco a poco.
Si no pasamos, estamos muertos. Hago que mis piernas se olviden del dolor y se esfuercen aún más.
Anahí tiene que agacharse para salir de la zona, al igual que Killian.
Yo me lanzo contra el suelo, deslizándome en él para poder pasar, sintiendo cómo el hormigón desgarra mis piernas.
Miro el muro y escucho cómo los cazadores los golpean con fuerza.
—¡Vamos, vamos!
Me levanto y seguimos corriendo. Noto que algo va mal en mí. Me duele demasiado correr y siento que me estoy quedando sin fuerzas.
Llega un momento en el que tengo que apoyarme en la pared para no caerme de golpe.
—¡Iris! —exclama Anahí, agarrándome del brazo.
Killian se agacha y rompe mi camisa. Tengo el amago de darle una bofetada, pero me detiene a tiempo y me señala el vientre.
Una bala me ha dado. No sé cuándo, pero me ha alcanzado.
—Tenemos que seguir, Iris... ¿Puedes?
Intento levantarme, pero la punzada que recorre mi cuerpo hace que tenga que volverme a tirar en el suelo.
—Está sangrando mucho, Killian —susurra Anahí con lágrimas.
Trago saliva y tengo que hacer un esfuerzo para mantener mis ojos abiertos.
—Idos —suelto—. Tenéis que salir de aquí.
—No vamos a dejarte, Iris.
—Anahí, no hay tiempo, de acuerdo —digo con dolor—. Marchaos de una puta vez. Yo os cubro.
Killian se inclina y me roba un beso, haciéndome reír. Hacerlo ha sido mala idea. Mi estómago parece estar contraído por una trampa de acero. Se levantan y empiezan a correr. Apoyo mi cabeza contra la pared y aprieto mis dientes con fuerza mientras un ardor infernal recorre mi abdomen.
De golpe, hay una presencia a mi lado, algo que irradia calor. Al ladear mi cabeza, sonrío al ver a mi hermana. Está sentada a mi lado, acariciándome el brazo y con esa sonrisa tan perfecta. Mi hermosa. La echaba tantísimo de menos.
—Pronto estaré contigo —susurro.
—Demuestra lo que vales, hermana.
Las pisadas empiezan a acercarse de nuevo y alzo mi pistola, esperando el momento en que crucen.
Tres.
Dos.
Uno.
Los primeros cazadores aparecen por el pasillo y empiezo a disparar como una posesa. Han caído tres. Sigo disparando sin parar, hasta que mi pistola salta por los aires y una rodilla golpea mi boca. Siento crujir todo mi cráneo, volviéndose todo oscuro.