Encerrados (The House 1) EDGAR
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EDGAR

El corazón me late con fuerza, como si quisiera escaparse de mi interior para buscar un lugar seguro, un lugar donde Wyatt aún esté a mi lado.

La mano de Iris se aferra a la mía cuando Xavier anuncia que tiene un mensaje para nosotros.

Las lágrimas se acumulan tras mis ojos, provocando un escozor que me hace pestañear varias veces.

Entonces, el rostro de Wyatt aparece en la pantalla.

No sé qué estará pasando fuera, pero si es peligroso, se está enfrentando a ello él solo.

Su voz tiembla y, de repente, se lleva la mano a la camisa.

Iris y yo nos miramos, ella está muy pálida, y a mí me va el corazón a mil por hora.

Es la primera señal, algo no va bien. El segundo aviso no tarda mucho en llegar, Wyatt nombra el pintauñas plateado de Iris y sabemos perfectamente lo que significa: «corred, no estáis a salvo».

Y, cuando pensaba que nada podía ir a peor, le escucho decir que quiere venir a Costa de Oro conmigo.

Tercera señal. Peligro de muerte. Es decir, nuestras vidas están en verdadero peligro.

Iris y yo nos miramos cuando acaba el mensaje e intentamos actuar con normalidad para que Xavier acabe la gala y no se dé cuenta de que sabemos todo. Me cuesta no llorar sabiendo que Wyatt puede estar ahora mismo en peligro o peor aún… No quiero ni pensarlo.

Una presión en el pecho me acompaña de un lado para el otro de la casa, mientras pienso qué hacer.

Jamás me imaginé que la paranoia de Wyatt fuese cierta, casi me reí cuando sugirió una señal para informar de que nuestras vidas están en peligro.

Acepté por el brillo en sus ojos, por el ruego en su voz. Y, al final, tenía razón.

Las luces se apagan y espero a que todos hayamos desconectado los micrófonos.

Me levanto de un salto y voy hacia la cama de Iris, intentando que las cámaras no me capten.

Hay que salir de aquí y tiene que ser ya.

Ella está despierta y vamos poco a poco a la cama de Anahí, donde ella e Ikki están durmiendo.

Cuando los llamamos, se sobresaltan, pero les tapamos la boca con rapidez.

Nos llevamos el índice a los labios y hacemos una señal para que despierten a Killian.

Por suerte, él no duerme y viene hacia nosotros.

—¿Qué cojones está pasando? —susurra Killian.

—Estamos en peligro. Wyatt nos contó que el mensaje de Dante no le había gustado nada.

—Miro a Anahí con el ceño fruncido—. Sabes bien que entiende de expresiones.

Sabía que algo fallaba, por eso decidimos hacer un código para saber si todo iba bien.

Una señal para que nos calmáramos y tres para saber el nivel de peligro que corremos.

Si hubiese dicho que sois todos unos gilipollas, hubiésemos sabido que todo es normal.

Sin embargo, ha usado el arrepentimiento.

Luego se ha tocado la camiseta, ha mencionado el pintauñas de Iris y ha nombrado Costa de Oro.

—¿Qué significa eso? —pregunta Anahí.

—Peligro de muerte —musita Iris.

Ikki se lleva la mano a la boca y empieza a hiperventilar.

—Ikki, tranquilízate —le suplico mientras vigilo que las cámaras no nos capten—. Vamos a salir de aquí.

—¿Cómo? Nos están vigilando las veinticuatro horas del día —nos recuerda Killian—. Además, solo salimos cuando ellos abren las puertas.

—Descubrimos un pasadizo en el jardín interior. Hay que ser rápidos y sigilosos, ¿de acuerdo? Saldremos de aquí e iremos a la policía para que todo esto acabe.

Iris habla con tono suave, pero sé que está aterrada. Lo importante para mí es saber cómo está Wyatt.

—Tenemos que irnos ya —espeto.

Las cámaras nos van a captar saliendo al jardín si no lo hacemos bien.

Hay que ir reptando por el suelo hasta llegar a la puerta y luego esperar a que la cámara empiece a moverse.

Tenemos treinta segundos para pasar al lado izquierdo del jardín y otros cinco para entrar en el punto ciego.

Todos parecen entenderlo, espero no morir por su culpa.

Lo hacemos de uno en uno. La primera es Iris y logra pasar sin problema.

Anahí es la segunda, pero algo falla, se queda congelada en el lado izquierdo del jardín y solo le quedan siete segundos antes de que la cámara apunte hacia ella.

En un gesto rápido, Iris consigue que cruce el punto ciego y se abrazan en silencio, mientras que Killian se une a ellas.

Ikki también consigue pasar sin problemas y yo espero a que Iris abra la trampilla secreta para poder ir hacia ellos. Lo consigue a la primera y se introduce con rapidez. Cuando Ikki va a meterse tras ella, se tropieza y cae al suelo. Miro a las cámaras y todo parece normal.

Killian lo recoge del suelo y lo mete en la trampilla como el que menea un muñeco de trapo.

Él es el último en entrar por el hueco y me espera.

Vaya, quién iba a decirlo. Corro hacia ellos y entro por fin.

A nuestro alrededor se alza un gran pasillo y todo está oscuro.

Trago saliva y escucho un continuo zumbido.

Iris me hace una señal con la mano y da un paso hacia delante, pero la logro detener a tiempo.

Les hago un gesto con las manos y les señalo el techo.

Una cámara.

—¿Qué hacemos ahora? —pregunta Killian, nervioso.

Muerdo mi labio inferior. ¿Qué haría Wyatt en esta situación? Vuelvo a escuchar el zumbido. Piensa Edgar. Es un enfoque. La cámara no siempre está enfocada. El zumbido vuelve a sonar. Empiezo a contar hasta escuchar el siguiente.

Doce segundos.

Tenemos doce segundos para correr y doblar el pasillo. Asiento levemente y los miro.

—Escuchad.

El zumbido suena y todos asienten.

—Uno... Dos... Tres... —cuento en susurros—. Doce.

—Tenemos doce segundos. —Iris se recoge el cabello y se dispone a ser la primera.

Cuando suena el zumbido, sus piernas se mueven a una velocidad que me impresiona. Dobla el pasillo en ocho segundos. Nos saca los dedos para que sepamos que está todo en orden.

Anahí y Killian también cruzan perfectamente. Supongo que el temor a que nos maten hace que corramos como guepardos hambrientos de vida. Espero a que la cámara vuelva a enfocar de nuevo y me uno a ellos. Me encojo y tomo aire.

—Vale, ¿y ahora?

—Ahí —suelta Iris.

Hay una puerta transparente y parece que es la única zona donde las cámaras no apuntan. Tendremos que entrar para no ser vistos. Espero que dentro no haya un armamento esperándonos.

Anahí frunce el ceño, señala la pared de su derecha y apoya la mano con fuerza, abriendo una especie de habitación secreta. Todos nos quedamos boquiabiertos. Es una especie de armario lleno de armas.

Pistolas, lanzallamas, arcos, bombas...

Killian entra y nos lanza a cada uno una pistola y varios cargadores. Me tiemblan las manos al sentir el frío tacto del arma. Todo se me revuelve por dentro.

—Tenemos que atacar si nos descubren —dice—. Vamos a salir de aquí vivos.

—Chicos —susurra Anahí—, ¿dónde está Ikki?

Nos miramos los unos a los otros y con mucho cuidado me asomo al pasillo anterior. Ahí está, como una estatua pegada a la trampilla. Cuando me ve, empieza a negar y le hago señales con las manos de forma desesperada. Están en juego nuestras vidas y este inútil se queda pegado al suelo.

De golpe, la oscuridad se disipa un segundo y luces rojas empiezan a palpitar acompañadas de un fino pitido. Nos han descubierto.

Esto parece una maldita película de terror.

Ikki viene hacia nosotros y empezamos a correr hacia la puerta transparente, entrando en la habitación, desesperados.

Está totalmente oscura, excepto la mitad de la habitación que ilumina algo.

Bloqueamos la puerta con un par de barras que Killian encuentra en el suelo y empezamos a correr hacia el otro extremo, donde podemos distinguir otra puerta de metal.

Cada vez nos acercamos más al centro iluminado. No sé si me estoy volviendo loco, pero hay algo en el suelo. Aumento la velocidad y empiezo a distinguir la camisa de Wyatt. Es él.

—¡Wyatt!

Me precipito hacia él y siento que mis piernas se mojan en algo. Su sangre. Su cuerpo está totalmente débil y su piel aún más pálida de lo normal.

—Wyatt, despierta por favor —le ruego entre lágrimas y lleno su frente de besos.

Killian sigue corriendo hacia la puerta, desesperado por encontrar una salida. Anahí e Iris se detienen y lloran desconsoladas, observando el cuerpo de Wyatt.

Acerco mi oreja a su boca y escucho una débil respiración.

—¡Está vivo! —grito—. Wyatt, despierta.

Sus ojos parecen moverse y creo que los tiene abiertos, no puedo saberlo ya que su imagen está empañada por todas mis lágrimas.

—Edgar —susurra en un hilo de voz.

—¡La puerta tiene un código!

Killian vuelve y niega con la cabeza.

—Estamos atrapados —grita Ikki entre lloros.

Wyatt me sonríe y niega levemente. Sus labios empiezan a abrirse con mucho trabajo y me cuesta entender qué está intentando decirme por ese maldito pitido que hay en toda la sala.

Me acerco un poco más a su rostro y asiento levemente, esperando a que vuelva a decirlo.

Está nombrando una serie de números: 4395.

—¿Ese es el código? —le pregunto.

Sonríe en forma afirmativa y tose, provocando que algo de sangre le manche los labios. Cierro los ojos con fuerza y le beso la frente, aferrándolo a mí.

—Cuatro, tres, nueve, cinco —suelto de golpe—. ¡Vamos!

Killian e Iris salen a correr para comprobar que es el código. Al otro lado se escuchan gritos y golpes. Todos los de la organización estarán intentando entrar.

—Wyatt, tienes que aguantar, ¿de acuerdo? Vamos a salir de aquí y te podré llevar a un hospital.

—Te quiero —susurra.

No dejo de llorar y sé que tenemos todas las de perder, pero tengo que obligarme a salvarlo.

—Y yo a ti, canijo. —Le beso suavemente los labios, impregnando mi boca de un sabor oxidado, sabor a sangre.

—¡Está abierta! ¡Tenemos que irnos! —Exclama Iris.

—Vamos allá, Wyatt —le susurro.

Lo cojo en brazos, guardando la pistola en el bolsillo de atrás del pantalón, y suelta un quejido al que hago caso omiso. Necesitamos salir de aquí para que pueda seguir viviendo y ser feliz a mi lado.

Corro hacia los demás y Killian me hace un gesto para que pueda ayudarme a cargar a Wyatt y llegar antes a la puerta, donde Anahí, Iris e Ikki esperan aterrados.

Me sorprende ver esta parte de Killian. La puerta del otro lado se abre y se escuchan pisadas y gritos que se acercan.

El bullicio se acerca demasiado rápido. El olor a muerte nos rodea.

Iris no para de gritar desesperada. Salimos corriendo de la habitación y ella cierra la puerta con fuerza y se une a nosotros. Killian se detiene un instante y dispara al monitor que abre la puerta.

Esto es un maldito laberinto. No va a ser fácil salir de aquí.

Mientras corremos, se oye cómo la puerta por la que salimos se abre. Han salido y van a matarnos. Anahí dispara a una cámara y Killian lo hace a otra. Buena idea. Yo dispararía si no llevase a Wyatt encima.

Se oyen disparos muy cerca de nosotros. Demasiado. Una bala alcanza el brazo de Ikki, que suelta un grito y se cae al suelo. Killian lo agarra con fuerza del otro brazo y le da impulso para levantarse.

Wyatt ya no abre los ojos y no sé si estoy llevando en brazos su cadáver, aunque aún tiene respiración. No quiero ni pensarlo.

Sin saber cómo, caigo. Una especie de punzada adormece mi oreja, y mi cuerpo recorre el suelo con distintos golpes sin soltar a Wyatt.

Iris da un grito, pero no pueden detenerse.

Deben de seguir si quieren salvarse. Miro a un lado y veo un gran charco de sangre.

No es de Wyatt, es mía. Parpadeo un par de veces y llevo mi mirada a mi torso, en el que se va formando un manantial escarlata.

Escupo sangre y ladeo mi cabeza, observando el rostro de Wyatt.

Su mirada es muy distinta, pero no le puedo culpar.

Su imagen se desvanece un segundo y aparece de nuevo.

Mi organismo está empezando a fallar. Los labios de Wyatt forman una débil sonrisa y yo sonrío, reprimiendo las ganas que tengo de toser y escupir la sangre que está acumulándose en mi garganta.

Vamos a morir.

Estamos muertos.

Consigo mover un poco mi mano y la pongo sobre la suya. Está fría, como un témpano de hielo.

Vuelvo a mirar sus ojos, pero ya se han cerrado. Wyatt está muerto y a mí no me queda mucho tiempo.

No puedo evitar toser y escupo toda la sangre acumulada como si fuese un volcán expulsando su lava.

Cierro mis ojos y veo una gran luz, pero no esa de la que hablan los libros o las películas, no es esa luz que te lleva a un cielo inexistente.

La luz es el sol de Costa de Oro. Sonrío al verlo y escucho el mar cerca.

El olor a salitre llega a mí. Inhalo con fuerza y el graznido de las gaviotas me llena de ganas de meterme en el mar.

Lo busco entre tanta luz hasta que lo veo.

Corro hacia él, hundiendo mis pies en la arena. Es extraño, está helada.

Me detengo en la orilla y entrecierro los ojos al ver algo en el mar. ¿Es Wyatt? Su mano se alza y yo doy un paso hacia delante, introduciendo mi pie en el frío mar. Me meto aún más, el agua ya me cubre la cintura. Sigo andando y andando, pero no llego a Wyatt y eso me frustra.

Cuando me doy cuenta, estoy totalmente hundido y no soy capaz de subir a la superficie. Mis brazos no se mueven y todo se va volviendo oscuro. El azul desaparece del todo para volverse negro. No me acordaba de que estaba muriéndome.

Sonrío levemente y mis sentidos van desapareciendo hasta que no soy capaz de sentir nada, ni siquiera mi propia vida.