WYATT #2
De súbito, Edgar se lanza sobre mí e Iris. Ambos le damos con la mano en la cabeza y él ríe sin más. Se coloca entre nosotros dos y nos coge una mano a cada uno. Ha llegado el momento.
Con él he estado algo más distante. Desde que me dijo «te quiero», mi cerebro ha actuado de una forma muy extraña.
No he sido capaz de decir lo que siento por él, por el simple hecho de no saberlo.
Edgar tampoco ha insistido mucho para que le dé una respuesta.
Se ha limitado a estar conmigo y seguir como si nada, dándome el mismo cariño. Eso me gusta de él.
Las luces comienzan a parpadear y eso solo significa que es la hora de la conexión con el plató. Aprieto la mano de Edgar con fuerza, a la par que Xavier aparece en el salón con su peculiar y asquerosa sonrisa. De fondo se pueden escuchar los aplausos y siento náuseas.
—Lo llevo bien, supongo. —Lanza una mirada al techo y termina por encogerse de hombros—. Lo mejor que se puede.
Xavier asiente y dice algo que no llego a entender, pero creo que le ha preguntado a Edgar cómo está él, ya que ha dicho que está muy nervioso por la situación en la que nos encontramos. Su voz suena firme, fuerte. Me encanta su voz.
Ahora todos me miran a mí y no sé por qué. ¿Me ha preguntado algo?
—Wyatt, ¿te encuentras bien?
—Sí, sí. Lo siento. Estoy demasiado nervioso.
—No te preocupes, es normal por todo a lo que os vais a enfrentar. Os prometo que no alargaré mucho esto, ¿de acuerdo? Sé que necesitáis saber quién se irá.
» Antes, la organización quiere agradeceros a los tres los grandes momentos que nos habéis dado en el concurso. No podemos negar que habéis sido de los concursantes más activos de la casa y creedme cuando os digo que es una pena que uno de vosotros tenga que marcharse esta noche.
La figura de Xavier se esfuma para dar paso a una escena donde Iris y yo estamos en el jardín fumándonos un cigarrillo y aparece Edgar echándonos un cubo de agua.
No puedo evitar reír al verlo. Ahora aparecen ellos dos hablando en la hamaca, sincerándose, diciéndose lo mucho que se quieren; el corazón se me encoge.
Frunzo los labios al verme con una sudadera azul.
Sé qué día es y no quiero recordarlo, pero es inevitable.
Anahí aparece y se tira sobre mí mordiéndome la cara mientras le grito que es un chucho asqueroso.
Menos mal que acaba rápido. Hay muchas escenas bonitas y graciosas.
Los confesionarios junto a Iris salen como cinco veces, hemos dado momentos muy buenos, sobre todo cuando empezamos a preguntarle al Jefe si nos darían una copa en secreto, pero nunca la recibimos.
De golpe, la escena de mi primer beso con Edgar aparece y me hielo.
No por pudor, sino porque al instante aparece el momento donde le cuento que estoy enfermo y él me apoya sin dudarlo.
Tengo ganas de llorar. Finalmente, aparecemos los tres, riendo en el habitáculo como locos poseídos.
Ha sido un vídeo precioso y muy doloroso, sabiendo lo que va a pasar ahora.
NOS HAN DADO UNOS MOMENTOS GENIALES.
PERO UNO DE ELLOS.
DIRÁ ADIÓS PARA SIEMPRE
¿PREPARADOS?
Llegó el gran momento.
—¡Iris, eres la cuarta finalista de THE HOUSE!
Iris da un grito y se escuchan los cientos de aplausos que hay en el plató.
Nos abrazamos los tres y le digo que se lo merece y que espero que luche hasta el final.
Ella se limita a negar, llorar y temblar.
Edgar la ayuda a sentarse en el sofá entre risas.
Frunzo los labios y miro a Edgar. Lo que surgió dentro, se acaba dentro.
Uno de los dos está fuera y no podremos estar juntos hasta que esto acabe.
Me rodea con sus brazos y me besa la cabeza.
—El quinto finalista de THE HOUSE es...
Todo me da vueltas y tengo que cerrar los ojos con mucha fuerza. No estaba preparado. Me he estado engañando a mí mismo, pero es mentira, no quiero salir aún.
—¡EDGAR!
Los aplausos inundan todo y yo solo siento los brazos de Edgar rodeándome. Se acabó el viaje para mí. Me lo merezco. Trago saliva y esbozo una sonrisa, separándome de él un poco.
—Wyatt, lo siento muchísimo. Debes abandonar la casa.
Asiento suavemente y le sonrío a Edgar de nuevo.
—Te lo mereces —susurro—. No la cagues, ¿vale? Gana, que te estaré esperando fuera.
—Vale...
Lo abrazo con fuerza y retengo las ganas de llorar, pero es imposible, trato de que Edgar no me vea así. Iris viene hacia mí, bañada en lágrimas y me cubre con sus brazos, llenándome de besos y diciendo lo mucho que lo siente y que me quiere muchísimo. Esto hace que llore más.
Dios, es imposible que no los vaya a ver mañana.
—Te quiero, ¿me oyes? —susurra—. No sé qué haré sin ti...
—Luchar y apoyar a Edgar, ¿de acuerdo? —Me seco las lágrimas con la manga de mi sudadera y le cojo las manos—. Uno de los dos tenéis que ganar este concurso, ya os esperaré fuera para daros muchos, muchos abrazos. No dejéis que esto os afecte. Prométemelo.
Asiente y me vuelve a abrazar, sin dejar de llorar.
Nos separamos y Edgar se ha dado la vuelta para poder llorar.
Muerdo mi labio inferior y me voy a acercar a él, pero Anahí me lo impide.
Tiene los ojos húmedos y cristalinos. No sé qué siento al mirarla.
Juro que tengo ganas de darle un puñetazo y abrazarla a la vez.
Dejo que las lágrimas salgan cuando me da un abrazo.
Vuelvo a sentir ese olor a primavera que tanto me gusta y que echaba de menos.
Me pego más a ella e intento olvidar todo.
—Lo siento, Wyatt —suelta entrecortada—. Te quiero demasiado, no puedo dejar que pienses...
—Anahí, hazle caso a Edgar, por favor —le ruego y ella frunce el ceño—. Júrame que le harás caso a Edgar.
—¿Por qué?
—Anahí, por favor. Haz lo que él te diga. Sabrás a lo que me refiero.
—Vale... —Beso su mejilla y sonrío—. Te quiero mucho...
—Y yo a ti, idiota.
— Awy siempre...
—Siempre.
Segundo intento. Me dirijo hacia Edgar para abrazarlo desde atrás.
Se queda quieto, pero una de sus lágrimas cae en mi mano y pego mi frente a su espalda.
Segundos después, gira su cuerpo y golpea nuestras frentes como hace siempre.
Sonrío y paso mi mano por sus mejillas, tratando de enjugar sus lágrimas.
Me parece absurdo cuando yo estoy llorando más que él.
Tiene los mofletes enrojecidos y el ceño fruncido.
Lo beso varias veces, intentado que deje de llorar.
Voy a echarlo muchísimo de menos. Demasiado.
—Estaré fuera, te lo prometo.
— Wyatt, por favor, sal por la puerta de espejos. Es el momento de que abandones el concurso.
Edgar me agarra de la mano y me acompaña hasta la puerta; detrás nos siguen Anahí e Iris. Trago saliva mientras la puerta se va abriendo y me giro para mirarlas. Les sonrío por última vez dentro de la casa y me llevo la mano al corazón.
Edgar vuelve a ser el centro de atención, lo único que veo mientras mi corazón late desbocado. Soy incapaz de respirar con normalidad, pero consigo articular palabra.
—Edgar.
—¿Qué?
—Te quiero.
Entonces lleva sus labios hasta los míos, uniéndolos en el beso más frustrante, torpe, fuerte, apasionado y bonito que me ha dado nunca.
Sus labios me llenan de vida y aferro su rostro contra el mío para poder seguir respirando de él, de su magia, de su azul océano.
Todo explota a nuestro alrededor, no hay programa, ni público, ni concursantes.
Solo estamos él y yo disfrutando de nosotros, olvidando lo que pudo ser para pensar en lo que será.
Porque lo único que sé es que lo necesito en mi vida para poder quererlo, él ha conseguido una mejor versión de mí.
—Te quiero —susurra.
Su temblorosa sonrisa es lo último que veo cuando la puerta se va cerrando poco a poco, marcando el final de mi estancia en THE HOUSE.
Una chica me está esperando, sonriente. Me dice que siente mucho mi expulsión y que era su favorito.
Se lo agradezco mucho mientras salimos por una puerta oculta.
Los pasillos internos son verdaderamente tétricos, llenos de puertas cerradas y un silencio atronador que aturde mis oídos.
Además, hay cámaras por todos lados y eso me parece extraño.
La chica se detiene ante una puerta plateada y marca un código de seguridad.
Frunzo el ceño e intento captar el número que marca: 4395. La puerta se abre al segundo.
Me desea suerte y, de forma repentina, me abraza, sorprendiéndome.
Noto una especie de pinchazo en el cuello y estoy a punto de apartarme cuando lo hace ella y me pide que entre.
Cierra la puerta y observo la sala. Es gigantesca, futurista y oscura.
Hay una pared hecha solamente de espejo y supongo que proyectará a Xavier para hablar conmigo antes de ir a plató.
Esta habitación es demasiado tétrica, y me pone nervioso. Hay otra puerta al final y si no me he despistado en el recorrido, creo que conecta con el jardín. Estoy demasiado nervioso para pensar. Lo único que tengo que tener claro es que debo seguir el plan para que todo vaya bien.
Xavier aparece repetidas veces por toda la pared y espero a que hable para acabar con este circo de una vez por todas.
—Hola, Wyatt. Antes de nada, quiero decirte, ahora que estás fuera, que eras mi concursante favorito y creo que es muy injusto que estés aquí fuera.
—Muchas gracias —sonrío, algo más tranquilo.
—Ahora llega la parte que no te va a gustar mucho. La verdad, no estoy contento con que lo recibas, pero todos los concursantes están aquí por una razón y quiero que veas esto.
» Aquí tienes la verdad que envuelve a THE HOUSE.