Encerrados (The House 1) EDGAR
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EDGAR

No he pegado ojo y no dejo de pensar en qué pasará la semana que viene. Nunca hubiese imaginado que iba a estar nominado con Wyatt e Iris. Cometimos un error, nos dejamos llevar por mi triunfo y nominamos con odio.

Si Iris le hubiese dado tres puntos a Killian, Wyatt no habría salido nominado, y aún tendríamos esperanzas de seguir juntos.

Pero, ya no hay vuelta atrás y él no nos ha recriminado nada.

Dice que la culpa es suya por haberse dejado llevar por la impulsividad y haberse quedado sin derecho a nominar.

Ahora, duerme plácidamente a mi lado. No quería dormir solo y me preguntó si podía hacerlo conmigo. ¿Cómo negarme a algo así? Lo necesito cerca y más cuando es él quien da el paso para acercarse.

Nadie está a salvo, porque a pesar de la relación que tenían Dante y Anahí, él fue el expulsado, en vez de Killian, que era el que todos pensábamos que saldría de la casa.

Iris no tiene que ser la eliminada, y eso me calma porque me sentiría mal si estuviese tan claro.

A pesar de mi relación con Wyatt, no puedo obviar la adoración que siento por ella.

Es mi mejor amiga aquí dentro y la necesito a mi lado.

Nos queda una semana a los tres juntos y tenemos que aprovecharla al máximo. Necesito aprovecharlos a ambos por si me voy. Tengo que mostrarles cuanto los quiero.

A mi lado, Wyatt se mueve y su frente choca con mi hombro. Hago una mueca, intentando no reír para que no despierte, pero el golpe lo ha avispado. Desliza su mano hasta mi vientre y suspira, sin separar su cabeza de mi hombro.

—¿Estás despierto? —susurro muy bajito.

Escucho un soplido y Wyatt alza su cabeza para apoyarla en la almohada y tenerla a la misma altura que la mía.

Nos miramos. Sigue estando algo adormilado, pero puedo distinguir esa sonrisa ausente.

Sube su mano con delicadeza hasta llegar a la zona de la mandíbula y la acaricia varias veces, finalizando en la barbilla.

Sus ojos no se apartan de los míos y creo que me están absorbiendo, me es imposible dejar de mirar esas manchas color miel.

—Gracias por dejarme dormir contigo —musita.

—Ha sido un gran sacrificio.

Le guiño un ojo y beso su frente.

—Creo que voy a ser el expulsado, Edgar —confiesa de golpe—. Mis actitudes no han sido correctas y sé que van a tener consecuencias. Si me voy, quiero que sepas que también te esperaré y que voy a apoyarte para que ganes.

—No digas eso. Edgatt tiene que llegar al final. —Me obligo a sonreír y arrugo mi nariz—. Ya te lo dijo ayer Xavier, muchos apoyan lo que hiciste. Vamos a aprovechar esta semana para estar los tres juntos y disfrutar de nosotros, ¿vale? Fuera los malos pensamientos.

—Gracias por estar aquí.

Nos abrazamos y dejamos que las palabras vuelen entre nosotros dos, como si estuviéramos rodeados de nubes. La diferencia es que estas nubes están cargadas de temor.

Me he levantado con hambre, así que he decidido robarle las galletas a Iris y Wyatt, que no quieren su ración diaria. No lo entiendo, están de muerte. Además, mi café no puede faltar.

Iris y él comparten un cuenco de arándanos y beben té verde. ¿Cómo puede gustarles esa agua sucia? Jamás me explicaré cómo Wyatt puede tomarse tres diarios. Me ha dicho que es bueno para la piel, el pelo y el ánimo, pero yo paso de esas tonterías. Prefiero la cafeína.

Wyatt propone ir al jacuzzi más tarde. Sé que no le gusta nada, pero tiene que decirnos algo y está claro que la organización no puede enterarse de ello. Ambos asentimos y decidimos que cuando Iris y yo dejemos el almuerzo preparado, ya que esa es nuestra tarea de hoy, nos juntaremos allí.

Escucho murmullos, supongo que los grandes finalistas ya están gozando de haber conseguido ponernos a los tres en peligro.

Les hago una señal cuando me miran para avisarles de que vienen y tratamos de obviarlos lo máximo posible.

Para Wyatt es mucho más fácil que para mí e Iris, ya que lleva puestas unas gafas de sol.

Por lo visto, se ha levantado con sensibilidad en los ojos y la luz le molesta.

Atrapo con la boca el arándano que Wyatt acaba de coger con los dedos y río.

—Tenemos que limpiar los baños y poner las lavadoras —le dice Anahí a Wyatt.

Él finge no haberla oído y le da un sorbo al té.

Muerdo mi labio inferior para no sonreír y miro discretamente a la mexicana, que tiene la ceja alzada y los brazos cruzados.

Anahí niega y suelta un soplido, dándose la vuelta para prepararse el desayuno.

Wyatt arruga la nariz y me mira, enseñándome los dientes.

Río y me meto otra galleta en la boca. Este chico sabe cómo sacar de quicio a sus enemigos y es algo que me encanta.

—Me he quedado sin tabaco —dice Wyatt, mirando a Iris con una sonrisa—. ¿Me invitas a uno?

—Por supuesto.

—¿Qué tienes contra mis cigarrillos? —le pregunto con el ceño fruncido.

—Que tengo que liarlos y se acaban antes. Prefiero los de fábrica, bicho —me saca la lengua y se levanta del taburete, acercándose a la papelera, justo donde Anahí está tomando su café, y tira las sobras—. ¿Vamos?

Asentimos y salimos al jardín para poder fumar tranquilos.

Iris ríe y le da un cigarrillo. Sé lo mucho que le gustan los conflictos en la casa y más cuando los protagonistas somos nosotros.

Además, se ha empeñado en que Anahí se salga de sus casillas.

Y veo que no es la única que quiere conseguir eso.

—La estás cabreando —suelta entre risas.

—Lo sé. —Wyatt se encoge de hombros—. Que se joda. ¿Visteis la sonrisa asquerosa que puso ayer cuando Xavier nos dijo que estábamos nominados? Que se prepare, va a lamentarse por no haber salido nominada. Pienso ponerla al límite.

—Ten cuidado —le advierto—. No sabes cómo puede afectarte de cara a la audiencia.

—Edgar, yo soy el culpable de que nos encontremos en esta situación. —Su rostro pierde cualquier rastro de humor—. Si me voy a ir, lo haré a lo grande. Me apetece hacerle la semana imposible y es lo que haré.

—Si no fuera porque no me gusta liarme con personas que tienen, te llevaba a la habitación y te comía la boca.

Los tres soltamos una carcajada y dejamos que ese sonido tan estupendo nos rodee y nos muestre que nosotros sí somos una alianza de verdad. Amigos, más bien.

Wyatt se ha ido para hacer su tarea. No va a avisar a Anahí y sabe que empezará a montar un espectáculo, justo lo que él quiere.

Iris y yo estamos en la hamaca ya que hemos dejado el arroz hirviendo y aún le queda unos minutos.

Tenemos nuestras manos entrelazadas. Con ella necesito estar en continuo contacto.

Es como un alma gemela que no sabía que tenía.

—No quiero que nos vayamos —susurra—. Me duele demasiado estar así. No sé quién va a irse, pero odio esto.

—Lo sé. Es una mierda.

Le beso la mejilla varias veces, como solía hacerlo con mi hermana. Quizás la quiera tanto porque me recuerda mucho a ella. Su carácter es muy parecido, al igual que su afán por hacerme reír. La echo de menos, pero tengo a Iris conmigo. No puedo quedarme sin ella.

—Te quiero mucho, Edgar. Eres como un hermano aquí.

—Iris... —aprieto su mano y niego—. Vamos a disfrutar esta semana, ¿vale?

Ya habrá tiempo de lamentaciones el jueves.

—Frunce una sonrisa y cierra los ojos—. Yo también te quiero y agradezco a la organización desde el primer día que te hayan metido aquí dentro. Eres la mejor de esta casa y lo sabes.

—Me voy a poner colorada, idiota. Disfrutaremos juntos.

—Hasta el final.

Iris me cuenta que lo que estamos preparando se llama Paella .

Es un plato típico en España, o eso cree.

La cuestión es que me ha dado a probar un poco y está muy rica.

La dejamos tapada, aún queda un rato para ponernos a comer.

Le hago un gesto con la cabeza y nos adentramos en el baño, donde Wyatt está limpiando con una bayeta los cristales y Anahí barre el suelo.

Sonreímos y nos metemos en el vestidor para ponernos los bañadores e ir al jacuzzi a esperarle y poder saber qué es lo que su pequeña e ingeniosa mente ha descubierto.

Sabemos que, si vamos nosotros, los demás no querrán estar y eso es un punto a favor.

Necesitamos privacidad para este tipo de cosas.

Anahí nos observa y sabe qué vamos a hacer. Ella ha formado parte de esta estrategia para ocultar lo que sabíamos. La hemos preocupado, ya que su gesto se ha torcido.

Cuando entramos en el dormitorio, vemos cómo Ikki está tirado en la cama con el rostro serio. Al ver a Iris se reincorpora y baja la mirada. Traidor.

Killian está en la zona del gimnasio, por lo que no será un inconveniente.

Nos introducimos en el agua caliente y nos relajamos.

Creo que esta forma de conspirar es la mejor del mundo.

Los micrófonos están en la tarima, cuando llegue Wyatt los apagaremos e intentaremos hablar lo más rápido posible, hasta que la organización se dé cuenta de que están desconectados.

Tenemos unos tres, máximo cuatro minutos. Lo hemos calculado un par de veces.

Pasa un buen rato hasta que Wyatt aparece ante nosotros. Se quita la camiseta y el micrófono y se introduce en el agua. Los tres asentimos a la vez y apagamos los micrófonos. Que empiece la carrera contra el tiempo.

—¿Qué ocurre?

—El mensaje de Dante —susurra—, había algo raro. Pude distinguir algo en su rostro, en cómo hablaba y cómo gesticulaba sus labios.

—¿El qué?

—Terror —murmura—. Dante debe haber visto algo que le ha aterrado.

—Lucha contra todos —comento.

—Abre bien los ojos —continúa Iris.

—No se refería a nosotros, chicos. Es obvio que Dante sabía que Anahí no confiaría de nuevo en la alianza. Hablaba de la organización. Y creedme, su rostro dejaba ver que estaba esforzándose para mentir. Eran indirectas para que abramos los ojos todos.

—Una advertencia —sentencia Iris.

—La organización nos oculta algo. ¿Y si estamos en peligro? —pregunto, realmente preocupado.

—Tenemos que planear algo para avisar a los que se queden. Necesitamos un código para que, cuando veamos el vídeo del expulsado, sepamos si estamos en peligro. —En sus ojos baila un reflejo brillante que me encoge el alma—. Uno de nosotros deberá desvelar todo.

—Wyatt, Iris y Edgar, activad los micrófonos.

—Mañana planearemos algo, ¿de acuerdo? No podemos dejar que sospechen de nosotros. El tema se zanja aquí.

Los dos asienten y encendemos los micrófonos, forzando unas risas que esconden el pánico que sentimos. Wyatt se queda mirando hacia la puerta que da al dormitorio y busco qué lo tiene tan concentrado: Anahí. Nos observa desde la puerta del dormitorio.

Salimos del jacuzzi y pasamos por su lado para entrar en la habitación, pero ella detiene a Wyatt, agarrándolo del brazo y con seriedad.

—¿Qué está pasando? —pregunta, enfadada.

Wyatt se suelta y ríe, negando con su cabeza.

—No sé si en México es una costumbre destripar a alguien y luego pretender que todo vaya normal. Ya no estás en la alianza y no tienes por qué saber lo que hablamos o no. Retoma tu pena y tu estrategia, no quiero que vuelvas a tocarme —sentencia, y nos adelanta con una sonrisa.

—Edgar —dice ella.

Niego y me encojo de hombros:

—Tú decidiste que esto fuese así. Lo siento, pero no te interesa.

—No lo sientas —dice Iris con una sonrisa—, ella sola se lo ha buscado.

La organización nos ha avisado de que mañana se hará una fiesta por el cumpleaños de Ambika que, aunque no esté, quieren hacerle ese homenaje.

Nos ha parecido bien, no nos viene mal algo de alcohol y distracción a la casa.

Miro a Wyatt y me sonríe. Ya no tiene las gafas de sol, tendrá los ojos mejor que esta mañana.

Cuando salimos del habitáculo, le agarro del brazo para abrazarlo y llenarle la cara de besos.

Él ríe intentando apartarme, pero no lo consigue.

Me muerde los labios cuando intento besarle y alza una ceja sin soltarme.

Siento cómo va apretando un poco más y le pellizco el vientre para que me suelte. Lo consigo.

—¿Mejor de los ojos?

—Sí.

Asiento y comienzo a andar sin decir nada.

—Oye, idiota.

Pero no me detengo, sino que me giro para andar de espaldas. Cada vez está más distanciado, así que camina hacia a mí. Cuando veo que está cerca, acelero y estoy a punto de llegar a la puerta, pero se detiene enfadado.

—¡Para! —exclama, haciendo un mohín que me provoca carcajadas.

Me aproximo a él de nuevo y le doy un suave golpe a su frente con la mía.

—¿Querías algo?

—Eres un imbécil —espeta, cruzándose de brazos.

Muerdo mi labio inferior y paso mi mano por su cintura, llevando mis labios al encuentro de los suyos, para poder sacarlos a bailar y disfrutar del movimiento y sabor que nos aporta besarnos.

No cierro los ojos, aunque él si lo hace y su gesto se vuelve blando, como si fuese un niño.

Rodea mi cuello con sus manos y no separamos nuestras bocas por pura necesidad.

¿Quién necesita respirar cuando estás dentro del paraíso?

Pero, al parecer, el oxígeno también se agota en el Edén.

Nos separamos unos pocos centímetros, los suficientes para juntarlos de nuevo en un corto beso, como si fuésemos dos imanes.

—¿Dormirás conmigo hoy?

—Puede. —Sonríe y arruga la nariz—. Sí.