Encerrados (The House 1) IKKI
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IKKI

Iris, Edgar y Wyatt dan bastante miedo. Saben cómo tienen que actuar delante de las cámaras y va a ser casi imposible expulsarlos por mucho que salgan nominados. Esto es una locura.

Los murmullos en las comidas provocan demasiada tensión.

Anahí y Dante están más unidos que nunca y sé que lo hacen para que se salve de nuevo.

Killian es el que está en peligro, realmente.

Edgar tampoco va a ser el expulsado, ya que, por lo que puedo ver, su relación con Wyatt va cada vez mejor.

Además, cuando los tres están juntos son un show que nadie querría perderse.

Este tipo de cosas son las que tengo que guardarme para mí si no quiero recibir un mal gesto o un comentario malhumorado. Esta situación es asquerosa y necesito volver a lo de antes.

En el almuerzo, Killian y Dante han sido los cocineros y nos han preparado pasta. No es un plato muy complicado. Wyatt ha decidido que no beberá agua, sino zumo de naranja, y sé que Dante guarda las naranjas para él.

Hoy puede estallar una bomba.

Dante no deja de mirarlo y él sonríe cuando sus miradas se encuentran. Iris tiene los labios apretados para no reírse a carcajadas como sé que está deseando. Anahí le lanza una mirada y entrecierra sus ojos.

—¿Le has preguntado a alguien si tenía las naranjas guardadas? —pregunta la mexicana de golpe.

Wyatt ladea su cabeza y muerde su labio inferior, moviendo el vaso un poco para que el jugo baile dentro del cristal.

—No sabía que había que guardar la comida si querías comer —reflexiona el francés mientras pestañea, fingiendo confusión—. ¿Es una norma nueva?

—No, pero quizás deberías de tener un poco de compañerismo. No eres el único que está en la casa.

—Por desgracia —susurra—. Quería un zumo, he cogido naranjas y me lo he hecho. ¿Qué problema ves ahí?

Edgar enarca una ceja e intercambia miradas con Iris. La frente de Dante se llena de arrugas, aprieta los dientes y cierra el puño.

—No vale la pena discutir por un malcriado, Anahí —comenta Dante.

—Ay, saltó el caballero —interviene Iris.

—¿Eran tuyas las naranjas? —pregunta Wyatt con una expresión que da a entender que conoce la respuesta.

—Sí, eran mías. Y, ¿sabes qué? —Dante se inclina hacia él con una sonrisa impostada—. Me han entrado ganas de zumo y, como no hay más naranjas, deberías darme del tuyo.

Wyatt estalla en una carcajada que casi revienta mis tímpanos. Ha sonado demasiado malvada. Se levanta y asiente suavemente.

—Toma.

Sin mediar palabra, Wyatt le arroja el zumo en la cara. Lo ha hecho con fuerza, tanta, que me ha salpicado un poco el plato. Dante está empapado de jugo y Anahí grita como una histérica, mientras Killian observa todo como yo, en silencio.

—Ups.

Wyatt se lleva la mano a la boca y pone cara de inocente.

—¡Pendejo! —increpa Anahí.

—Creí que quería zumo.

Dante se levanta furioso, pero Wyatt ni siquiera parpadea, sigue esbozando esa sonrisa victoriosa. Es realmente admirable. Creo que es el más fuerte de la casa.

Anahí lo agarra del brazo y se lo lleva al baño. Va echando pestes por la boca, pero no se le entiende bien.

Edgar e Iris ríen junto a él y vuelven a disfrutar de su almuerzo.