EDGAR #2
Le doy las gracias a Olga por su sabio y obviado consejo, me levanto de la cama y me dirijo al jardín para fumar.
Creo que es lo único que tengo ganas de hacer ahora mismo.
En mi camino, me encuentro con Killian que se dirige al vestidor para cambiarse.
Me dedica una sonrisa, pero reconozco esos ápices de malicia a distancia.
El rumor de mi distanciamiento con Wyatt ya debe ser comentado.
¿Qué se puede esperar cuando estás encerrado en una casa?
El salón está vacío, aún estarán en el jacuzzi. Pero ¿y Wyatt? Por lo que dijo Olga, el no quiso ir. En el jardín tampoco hay nadie, así que me tiro en la hamaca y enciendo el cigarrillo que acabo de sacar del bolsillo.
¿Cuál será el secreto de Iris? ¿Tendrá que ver con su miedo a las muñecas?
El secreto de Anahí sí puedo imaginármelo. Creo que tiene que ver con el novio que tuvo y la dejó por otra. No me creí del todo la historia que me contó y sé que oculta algo.
—¿Intentando descubrir nuestros secretos?
Iris se acerca a mí con una sonrisa y me pellizca el vientre. ¿Sabe leer el pensamiento o qué?
—Hay personas que saben varios secretos, ¿sabes? Quizás sea porque todos estamos un poco relacionados al venir de familias tan importantes. Yo sé que tuviste un fuerte enfrentamiento con la policía por algo que sucedió en un centro comercial —suelta de golpe—. ¿Es ese tu secreto?
—No —espeto—. Yo también he intentado recordar cosas de vosotros... Pero aún no caigo.
—¿Qué sucede con Wyatt?
—Necesito aclararlo yo, Iris. —Mi voz suena más dura de lo que pretendía—. Espero que no te moleste, pero no necesito que me digas que tengo que ir a él y arreglar las cosas. No quiero que nadie se meta en esto. Por favor.
Se encoge de hombros y ríe.
—No iba a hacerlo, solo quería saber qué ocurrió. Pero si necesitas pensarlo, te dejo a solas. —Se da la vuelta, pero antes de marcharse, añade—: No olvides que somos un equipo.
Necesito dejar mi mente en blanco, centrarme en la nada para poder estar tranquilo, aunque sea un par de horas.
Al final, he decidido dibujar. Es la única manera que conozco de librarme de los malos pensamientos.
La hoja en blanco parece juzgarme durante los segundos que tardo en pasar la mina del lápiz por ella.
Poco a poco, distintas tonalidades de gris van apareciendo en la hoja.
No tengo muy claro a quién estoy dibujando, solo sé que los ojos son los de Anahí, que la nariz y los pómulos son de Iris, su boca de Wyatt, el cabello de Olga...
Con cada trazada, creo a una persona hecha de la fusión de todos nosotros.
Los últimos retoques son los que más trabajo me cuesta siempre: las sombras, las pequeñas marcas en el rostro, cómo hacer que el cabello caiga de forma natural... Lo bueno es que dibujar me ha distraído y no sé cuánto tiempo llevaré aquí, pero ha dado el resultado que esperaba.
En la cena, todo parece normal, exceptuando que Iris se ha colocado entre Wyatt y yo.
Seguramente, se lo ha pedido él. Cenar sushi no es lo que más me motiva, pero Ikki se ha tirado toda la tarde preparándolo con la ayuda de Anahí.
Killian hace un comentario bastante desafortunado sobre los secretos.
Se supone que para él esto es una caza de brujas y, aunque no queramos, los averiguará todos.
Pobre idiota. Creo que tenía ganas de ser protagonista y no lo ha conseguido, ya que todos han pasado totalmente de él.
Iris me susurra que tiene que hablar con nosotros sobre algo que ha descubierto. Tenemos que estar en el jacuzzi los cuatro y sin nadie más, por lo tanto, debemos acabar de cenar antes que el resto y sin ser demasiado descarados.
Como buena actriz, Iris comienza el show: se lleva las manos a la cabeza, tapándose el rostro.
—¿Estás bien? —le pregunto, confundido.
Niega sin apartar las manos y me susurra que la acompañe a la cama un rato. Kora me dice que la lleve rápido, ya que puede ser una bajada de azúcar, según ella.
Total, que he descubierto que Iris es una verdadera actriz del drama. Nos quitamos los micrófonos y nos metemos en la tarima del jacuzzi, intentando estar de espaldas a las cámaras. Poco después nos siguen Wyatt y Anahí, pero no sé con qué excusa se han librado de la cena.
—He descubierto una cosa, chicos.
—Suéltalo.
—Creo saber por qué no hay nadie de La Gran Potencia concursando.
Anahí frunce el ceño y mira a Wyatt, que le devuelve la mirada. Han hablado de ello, seguro.
—¿Qué has descubierto? —dice, intrigada.
—No hay nadie de La Gran Potencia concursando porque solo están compitiendo los países a los que salvó de la quiebra —explica con una sonrisa en los labios.
Joder, Iris está demostrando ser muy lista. Más de lo que pensaba.
—Claro... —susurra Wyatt—. Francia, México, España... Pero ¿por qué solo estamos los adinerados?
—No lo sé —reconoce.
—Quizás sea porque nuestras familias benefician a La Gran Potencia —comento.
—La cuestión es que ya no hay que tener miedo, chicos. Ya sabemos las respuestas a nuestras dudas.
—No te confíes, Iris. Todo es demasiado raro aquí. Los secretos, las pruebas, los expulsados...
—Wyatt, para —protesta Anahí—. Intentemos disfrutar del concurso, ¿de acuerdo?
El tema se zanja aquí. Ya tenemos una respuesta y, la verdad, agradezco aclarar la maldita duda que Wyatt me provocó el primer día.
Caminamos hacia el interior de la casa, pero detengo a Wyatt, dejando que las chicas se vayan al comedor con los demás. Me mira extrañado y se cruza de brazos, esperando que hable.
—¿Has pensado algo?
Se encoge de hombros y arruga la nariz.
—No me apetece hablar de ello.
—Confío en ti. Te lo prometo. No te he contado mi secreto porque no estoy preparado para desenterrarlo todavía.
Siempre me he arrepentido de mi pasado y ese fue el motivo de mi marcha a Costa de Oro.
No es por ti, no es porque piense que vas a utilizarlo.
Tú me contaste el tuyo y sé que te lo debo, pero dame tiempo, por favor —digo, agarrando sus manos—. Solo dame tiempo.
Asiente suavemente y aprieta mis manos.
—¿Por qué no me dijiste esto esta mañana?
—Porque soy un idiota —digo en voz queda—. Me pone nervioso tu reacción hacia mí, me bloqueo y me comporto como un descerebrado. Pero eres la persona en la que más confío de la casa.
Sus labios dibujan una pequeña sonrisa y baja su mirada.
—Siento haber dudado de ti —susurra.
El arrepentimiento en su voz me hace acariciarle la mejilla con suavidad, como si su piel fuese el tesoro más delicado que tenga la tierra, y yo pudiese tenerlo en mis manos.
Sus ojos brillan y sus pupilas están ligeramente dilatadas. Mi corazón late con tanta fuerza que apenas puedo pensar mientras mi mano izquierda continúa entrelazada con la suya.
La distancia que nos separa desaparece poco a poco. Cuando nuestros labios por fin se encuentran, una corriente cálida me recorre el cuerpo. Son suaves, tibios… y, durante unos segundos, el mundo deja de existir.
Wyatt responde con una timidez que me desarma. Entreabre los labios apenas lo suficiente para invitarme a seguir, y el beso se vuelve más profundo, más íntimo. Mi respiración se acelera. Nunca había sentido algo así.
El sabor de su boca me recuerda a lo que sentí cuando me dejé envolver en el mar de Costa de Oro el primer día que pisé sus playas, y no quiero que esta sensación acabe nunca. Nuestros dientes chocan torpemente un instante, pero logro recuperar el ritmo.
Su mano descansa sobre mi costilla y tiembla, al igual que todo mi cuerpo.
No hay nada a nuestro alrededor, solo él y yo, su respiración entrecortada, sus ojos cerrados, el lunar que tiene en la sien derecha, el roce de nuestras narices, el rubor de nuestras mejillas...
Ansiaba tanto este momento, poder saborear sus rosados labios, sentir que somos parte de algo.
Y, entonces, escucho los latidos de su corazón y el sonido que provocamos al separarnos.
Nuestras miradas se encuentran tras unos segundos en los que solo lo miraba yo, esperando a que él abriese los ojos. Estoy al límite. Creo que nunca había besado a alguien con tanto miedo y ganas a la vez.
—No he podido retenerme más —musito, mordiendo mi labio inferior.
Mi mano sigue agarrando la suya y eso me tranquiliza. Sin articular palabra, me abraza y apoya su frente sobre mi hombro. Beso su cabeza y dejo que su aroma fresco penetre mis fosas nasales.
Tengo miedo, demasiado. No sé qué línea he pisado, si he podido estropearlo todo, si he acertado... Solo sé que necesitaba besarle, saborearle, viajar solo recorriendo su boca.
Joder, tengo un puto problema.
Lo quiero.