Encerrados (The House 1) EDGAR
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EDGAR

¿Desde cuándo un concurso de convivencia se ha convertido en la caza de nuestros secretos? Y lo más importante, ¿cómo sabe la organización lo que ocultamos en lo más profundo de nosotros?

Me tapo la cara con las manos. ¿Por qué cojones vine aquí?

Jamás debí aceptar, jamás debí volver a Alemania.

No voy a permitir que mis mierdas salgan a la luz solo porque un programa de televisión quiera más audiencia.

Ladeo mi cabeza y observo a los demás. Todos parecen tan preocupados como yo.

De hecho, no hemos querido comentar nada.

Simplemente, cuando el rostro de Xavier ha desaparecido, nos hemos metido en la cama.

Iris tiene rodeadas sus rodillas y la mirada perdida. Estará pensando qué secreto puede saber la organización. Yo, por suerte, solo tengo uno, pero es demasiado para mí. Anahí está abrazada con Dante. No creo que le preocupen sus secretos, sino que puede ser la última semana que pasan juntos.

He hecho cuentas, y si Dante ha salido nominado es porque Wyatt o Iris lo han nominado. Y creo saber quién es. Sé que Wyatt no se cree a Dante, pero dudo mucho que traicionase a Anahí de ese modo, por eso Iris es la única que queda. Mañana le preguntaré.

Como no puedo dormir, me levanto de la cama y me dirijo a la de Wyatt, que me observa con una minúscula sonrisa. ¿Su secreto será la enfermedad que me contó?

Intento encontrar algo nuevo en su rostro que arroje luz a mis dudas, pero no encuentro nada.

—¿Estás bien?

Asiente con suavidad y hace que las mangas de la sudadera cubran sus manos.

—¿Tienes un secreto? —pregunta en voz baja.

Desvío mi mirada y tenso la mandíbula. Maldita impulsividad.

—Tienes un secreto —afirma—. No voy a pedirte que me lo cuentes, si es lo que te preocupa. Solo quería que supieras que puedes confiar en mí.

Lo miro de nuevo, pero él no lo hace. Tiene sus ojos clavados en la nada. ¿Es una estrategia o lo dice en serio?

—Lo sé —confirmo—. Yo sé cuál es el tuyo, ¿verdad?

—Sí. —Me sonríe un segundo—. No lo utilices, por favor.

—No lo haré, confía en mí.

Le beso la frente con suavidad. Sigue sin mirarme y el silencio nos envuelve. Sé que en el fondo espera que le cuente mi secreto, pero no estoy preparado para desenterrar aquellos recuerdos después de tanto tiempo. No quiero recordar al Edgar del que he intentado huir estos últimos años.

Por inercia, mi mano cae sobre su pierna y es demasiado tarde cuando me percato de que le estoy acariciando. Mi corazón late con fuerza, un bombeo ensordecedor que me recuerda que nunca sé cómo va a reaccionar Wyatt ante mi contacto físico.

Sus ojos se cierran un segundo y, al instante, destapa su mano de la manga de la sudadera y la coloca sobre la mía. Ahora sí me mira y parece querer indicarme que realmente puedo confiar en él, y que me entiende. Entrelazo nuestros dedos con duda y miedo a lo que pase a continuación.

Pero no ocurre nada, se deja hacer y apoya su cabeza en mi hombro hasta que se queda dormido.

Por la mañana, los ánimos parecen haber cambiado.

Para bien, supongo. Iris y Wyatt están riendo de forma escandalosa en el desayuno, porque, según ella, el secreto de Wyatt es que no bebe té verde, sino marihuana en polvo.

Anahí llega con una sonrisa demasiado grande para su rostro.

Parece ser que el premio es una cena íntima con Dante, sin cámaras ni micrófonos.

Le doy un par de codazos y se ruboriza. Lo único que no saben es cuándo ocurrirá.

—Oh, qué pena. Vosotros podríais haber aprovechado bien esa cena —suelta Iris metiéndose una galleta en la boca y mirándonos con esa mirada pícara y maliciosa que tanto me gusta de ella.

Wyatt parece que no la ha oído, pero el color de sus mejillas lo delatan. Killian aparece y se sienta en la barra, sirviéndose zumo en un vaso.

—Una pena que sigas aquí —suelta Wyatt como si nada—. Pensé que te perdería de vista, por fin.

Él está igual de sorprendido que yo.

—Estaré de suerte —comenta.

—Eso parece. Esperemos que no se te agote —le dedica una amplia sonrisa y se dirige al baño.

Vaya, parece que el Wyatt sarcástico y directo ha vuelto, y a lo grande.

Hacía días que se reservaba e intentaba pasar de los conflictos, pero parece que le ha durado poco esa postura y no sé si me gusta o no.

Iris me acaricia el hombro y me muerde la oreja al verme ausente.

Agarro su cintura y atraigo su cuerpo al mío en un abrazo que aplaca todas mis dudas.

Es la única que me relaja de esta forma.

Anahí nos ha reunido en el vestidor, aprovechando que los demás están en el jacuzzi.

Esto puede afectarnos, ya que Killian y Dante podrían meter mierda de nosotros a Kora, Olga e Ikki, pero nos ha dicho que es importante.

Estamos esperando a que Wyatt llegue, ya que estaba en la cocina preparándose un té.

Al llegar, se pone al lado de Anahí y le da un sorbo a la taza humeante que lleva en las manos.

—¿De qué querías hablar?

—He estado pensando en cómo Dante ha podido salir nominado y he llegado a la conclusión de que uno de vosotros le ha dado puntos.

—Sí, era de esperar que una mente tan brillante como la de la mexicana, se percatase de esto—.

No voy a obligaros a que sea inmune para vosotros, pero tampoco voy a ser la estúpida para la audiencia.

Vaya, parece bastante razonable en sus palabras. Me confunde, pues si hay algo de Anahí que se conoce, es su impulsividad. Ahora, parece sosegada a la espera de una verdad.

—Yo no lo he nominado —aseguro, encogiéndome de hombros.

—Yo tampoco —dice Wyatt—. Pero no hemos tenido que ser uno de nosotros. ¿Has pensado en Killian?

—Es su único aliado.

—¿Y? —Deja la taza en el suelo y se sube las mangas de la sudadera hasta el codo—. Piensa un momento, Any. ¿Qué ocurre si Dante se marcha?

—Que Killian se queda solo —interpela Iris, entendiendo lo que el francés dice.

—Sin su único aliado, estaría solo. ¿Cómo crees que la audiencia tratará al único concursante que no se relaciona con nadie de la casa? Felicidades, Irlanda, has ganado un puesto en la final.

Anahí se queda en silencio, sopesando la teoría de Wyatt.

—Tiene lógica —dice, por fin—. Perdón por desconfiar de vosotros.

—No te preocupes, es normal —le sonrío antes de besarle la cabeza—. No dejes que Killian consiga separarnos.

—Vale. Sí. —Vuelve a sonreír, lo que me alivia bastante—. Voy al jacuzzi —anuncia—. ¿Venís?

—Yo voy ahora —dice Wyatt.

Anahí sale del vestidor y nos deja a los tres solos.

—La próxima vez, piensa antes de actuar —comenta Wyatt, mirando a Iris—. Sé que has sido tú y te entiendo, yo estoy deseando que ese capullo salga de esta casa, pero que no te cieguen las ganas de cargártelo o perderemos a Anahí.

—Gracias —suelta de golpe.

Lo sabía. Sabía que había sido ella. Lo peor es que Wyatt también y, en vez de limitarse a negarlo como he hecho yo, la ha tapado como haría un verdadero amigo.

Iris le besa la mejilla y sale del vestidor con el bikini, así que irá al jacuzzi también.

Wyatt se dispone a salir del vestidor, pero se lo impido. Ceñudo, me observa, pero no como suelo estar acostumbrado; su mirada se asemeja más a la de los primeros días. Es fría, distante.

—¿Estamos bien?

Se encoge de hombros con levedad.

—Estamos bien.

—Entonces, ¿por qué estás frío conmigo? —Se queda callado—. ¿No eras tan sincero? Demuéstramelo.

—Vale —espeta, cruzándose de brazos—. Sé lo que estás haciendo, Edgar. Estás conmigo porque me ves como un pase a la final y tus ansias de ganar en todo siempre te ciegan. Pero ni confías en mí, ni te gusto, ni nada. Solamente esperas que sea un trofeo más en la colección de Edgar Becker.

—¿Pase a la final? ¿Colección de trofeos? —Mi cara debe de ser un poema, porque no entiendo nada de lo que dice—. ¿Te estás escuchando?

—Sí, Edgar. ¿No querías que fuese sincero? Pues ahí la llevas.

—Es verdad que al principio solo quería aliarme contigo por pura estrategia, no te lo voy a negar.

Te detestaba, pero te veía fuerte. Sin embargo, poco a poco me has demostrado ser una persona totalmente diferente a la que me imaginaba y me gusta demasiado.

No quiero que seas un maldito trofeo, ¿entiendes?

Si lo hubiese querido, la noche que estabas bebido podría haberte besado y luego pasar de ti.

Pero no lo hice. Y si no lo he hecho es porque me gustas de verdad.

Agarro sus brazos y lo obligo a mirarme, pero está enfadado y confuso.

—Confío en ti, Wyatt. Te prometo que lo hago.

—Sabes que eso no es verdad —se libra de mí—. Solo, déjame pensar.

Si soy sincero, no entiendo nada de lo que ha pasado.

¿Desde cuándo tiene ese pensamiento y por qué lo saca ahora?

Quizás esperaba que le contase el secreto sin más, con la esperanza de que me abriese a él al igual que hizo conmigo.

Pero no puedo. Y eso no significa que no confíe en él...

¿no? O puede significar justamente eso. Cierro mis ojos con fuerza y dejo que la almohada me cubra la cabeza.

—¿Estás bien?

Despego la cabeza del colchón y veo a Olga sentada a lado de la cama. Le dedico una pequeña sonrisa y asiento suavemente.

—Estoy bien.

—No quiero ser una cotilla, pero ya sabes que estando encerrados te percatas de todo.

—Dubitativa, se muerde el labio inferior—.

Y, bueno, Wyatt no ha querido ir al jacuzzi con los demás y no me ha querido decir por qué.

Sé que lo aprecias, Edgar. No dejes que piense cosas sobre ti que no son ciertas.

No sé qué me ocurre, será que no quiero que nadie opine sobre mi relación con Wyatt o porque, simplemente, el Edgar Becker que he querido dejar atrás está volviendo poco a poco.

Sea por la razón que sea, mientras Olga suelta su opinión, yo solo puedo pensar en cuál será su secreto y cómo puedo averiguarlo y usarlo para ganar.

Necesito aclarar mis ideas. Y necesito que sea ya.