IRIS
Las manos de Ikki son especialmente bonitas y femeninas.
Me encanta pintarle las uñas. Además, tiene obsesión por mi esmalte plateado y es normal, a mí me vuelve loca.
Aunque es verdad que me encanta cotillear con él, hoy no estoy concentrada en las comparaciones tan ingeniosas que le vienen a la cabeza, como decir que Antonella es una víbora venenosa.
Afortunadamente, uno de los mayores defectos de Ikki es que no deja de hablar nunca.
Por suerte, Olga y Anahí llegan al jardín y se sientan con nosotros para disfrutar de esta tarde de manicura y es aún menos notorio que no esté haciendo ni pizca de caso a la conversación.
Desde esta mañana, mi cerebro intenta encontrar la solución a mi gran intriga con la tabla de concursantes.
Sí, en la sala de espejos, además de estar todas las tareas, hay una gran pared de hologramas con nuestros nombres, aunque dos de ellos están apagados por su expulsión (Ambika y Peter).
Mientras estaba recargando la casa con la bicicleta estática —esa era mi tarea de hoy junto a Ikki—, no podía dejar de mirar nuestras caras, nuestros nombres, nuestra edad y nuestra nacionalidad.
La duda que me planteó Wyatt cuando conté lo del punto ciego me vino a la cabeza.
¿Por qué no hay nadie de La Gran Potencia aquí?
No obstante, en la tabla que contiene nuestros nombres hay algo que me resulta familiar.
La maldita tabla tiene un factor común que intento averiguar desde esta mañana.
Me excuso y voy a la habitación, buscando el bloc de Edgar para cogerle prestada una hoja.
No lo encuentro y me veo en la tesitura de acercarme a la cama de Wyatt y despertarlo.
Me cuesta, porque verlos dormir juntos me parece lo más adorable de la casa, pero es necesario para que mi cerebro no estalle.
—Edgar —susurro, posando mi mano en su hombro—. Edgar.
Se mueve con pesadez y abre un ojo.
—¿Qué pasa?
—Necesito una hoja de tu bloc. ¿Me dices dónde está?
Adormilado, consigue decirme que lo encontraré en el vestidor, en el cajón inferior de su armario. Efectivamente, aquí está su bloc con todos sus dibujos, algunos hechos en la casa, como mi propio retrato. Tengo que tener cara de estúpida mirando detalladamente el dibujo.
Iris, céntrate.
Arranco una hoja en blanco y voy a la despensa a buscar el bolígrafo que usamos para apuntar los caprichos que nos surgen y podemos pedir cuando no perdemos las pruebas.
De nuevo, en la habitación de los espejos, apunto todos los nombres, edades y nacionalidades.
Parece que voy a contrarreloj, en una carrera donde no veo la meta ni sé cuál es el premio.
El público debe de estar viéndome como una histérica y desquiciada.
En el sofá, observo el papel como si fuese un jeroglífico. Hay algo que me suena en esta lista y no sé el qué.
Vamos, Iris. Eres lista, en clase eras la primera en todo, en los bailes siempre luchabas por ser la más elegante, incluso en las cadenas de televisión intentabas quedar por encima de tu propia madre. Muestra tu inteligencia.
Y ahí está.
Clase.
Claro, de eso me suena esto. De clase.
Doy la vuelta al folio y hago memoria atrás varios años. Empiezo a apuntar una serie de acrónimos que utilizaba para poder reconocer el contenido estudiado días antes.
En el primer acrónimo no encuentro nada. Ninguno coincide con nuestros nombres.
—Mmmm...
Con los ojos cerrados, rememoro una serie de siglas que vinen a mi cabeza: «RAFEJIMARISA».
He de decir que creaba estas palabras para que me sonasen.
Primero era «Rafej», que me recordaba a mi amigo de la infancia Rafael.
Luego, solo tenía que emparejarlo con esa «I» sustituyendo a la «y» y buscar a su pareja: «Marisa».
Y así pasaba yo las tardes, buscando facilidades para recordar nombres, países, números...
De hecho, si hubiese invertido el mismo tiempo en estudiarlo todo, mi ronda de estudio habría durado menos.
La cuestión es que he encontrado lo que me sonaba en la tabla, porque RAFEJIMARISA es el acrónimo que usé para aprenderme los doce países que consiguieron renacer después de la Tercera Guerra Mundial gracias a la ayuda de La Gran Potencia:
En historia saqué un sobresaliente. Mi cerebro descansa ahora que he resuelto el problema que me carcome desde hace horas. No sé si es un gran descubrimiento, pero voy a contárselo a los chicos en cuanto pueda.
Por lo tanto, con esto puedo responder a la pregunta de Wyatt: no hay nadie de La Gran Potencia, porque los concursantes representan a los países que recibieron su ayuda.
La duda está aclarada y ya no veo el peligro o el miedo a ese pequeño detalle. Dios, menos mal.
Quizás el concurso no sea más que una forma de fortalecer ese pacto o alianza con los países que La Gran Potencia ayudó de manera significativa.
Creo que empiezo a entenderlo. Por eso no hay nadie tampoco de los otros países que existen y sobrevivieron con más dificultades y menor incidencia de EE.UU. Será algo medio diplomático, supongo.
La noche de la gala ha llegado. Esta semana ha pasado más rápido de lo habitual, quizás sea porque la prueba semanal ha sido más amena.
Al menos para mí, vaya. Además, apartando el pequeño percance que tuvieron Antonella y Killian contra Anahí y Wyatt, la tranquilidad ha vuelto a instaurarse en la casa.
Es más, ayer estuvimos todos sentados en el jardín, hablando de nuestras familias.
Todos estábamos tranquilos y de buen rollo. Aunque nuestra rivalidad sigue estando latente, no podemos olvidar que esto es un concurso de convivencia y debemos vernos las caras todos los días.
Killian intentó un par de veces acercarse a mí. ¿Cuándo se va a enterar este chico de que lo aborrezco y jamás tendría nada con él? Es verdad que al principio del concurso me llevaba bien con él, pero también lo hacía con Antonella.
El ambiente está calmado y es de agradecer. No le he contado nada a los chicos de lo que descubrí, quiero hacerlo en la intimidad y cuando no tengamos micrófonos. Debo tener mucho cuidado con lo que digo.
—¿En qué piensas?
Anahí me observa intrigada y sonriente. Parece una famosa de alta alcurnia: su cabello rizado, sus labios pintados en carmesí, un vestido color plata y unos taconazos que roban el aliento mientras camina.
—Estás guapa —apunto con un guiño de ojo.
—Gracias. —Por el rubor de sus mejillas, le ha pillado desprevenida el halago—. Tú deberías vestirte, no creo que a Xavier le interese hablar contigo en albornoz.
Xavier ha mandado a los nominados al habitáculo. Espero que Olga vuelva y Killian se vaya a su casa. Tampoco me importaría mucho que Antonella fuese la expulsada, la verdad.
Dante debería estar nervioso: dos de sus amigos/aliados están jugándosela ahora mismo.
Ya perdió a Peter y ahora puede perder a otro más.
Sin embargo, está tranquilo, riendo con Anahí como si nada.
¿De verdad le importa lo que le pase a alguno de los suyos?
Claro que no. Ya me gustaría verlo si Anahí estuviese nominada, seguro que rezaría para que se fuera y quedar como el novio desolado por la expulsión de su chica. Hipócrita.
Ladeo mi cabeza al escuchar hablar a Wyatt. Está con Kora y le está diciendo que no se preocupe, que Olga va a volver. Es tan adorable... Me cuesta reconocer al chico antipático y manipulador que conocí durante las dos primeras semanas de concurso. Me gusta que se muestre tal y como es.
Entonces se escuchan pasos provenientes del jardín, pero no son tacones, por lo tanto, Killian se ha salvado. No es recibido con un saludo eufórico, como se ha visto otras veces con Wyatt. Simplemente, lo felicitamos y su amigo Dante le abraza. Repugnante.
Si no fuese por Anahí, le nominaría sin pensarlo.
Espero que estas nominaciones sean anónimas, porque quiero ver qué sucede si este mosquetero sale a la palestra.
Está todo perdido. Antonella se ha salvado dos veces ya, el público empatiza con ella y eso es una gran putada.
Pobre Kora, debe de estar pensando lo mismo, ya que se tapa la cara con las manos.
Todos nos levantamos al escuchar la puerta del habitáculo. Mis nervios están a punto de provocarme un infarto.
¡Es Olga! No me lo puedo creer. ¡OLGA SE HA SALVADO!
Adiós, querida Antonella. Diría que ha sido un placer conocerla, pero mentiría.
Edgar me sonríe con la misma malicia que yo a él. Otro enemigo menos. Menos posibilidades de salir nominados esta semana. Me fijo en Dante y Killian, que están de brazos cruzados, negando una y otra vez. Por fin nos hemos librado de la arpía de Antonella. Ya era hora, joder. Ya era hora.
Xavier aparece delante de nosotros vestido de punta en blanco.
El plató parece más brillante y luminoso que nunca.
No debo ser la única en darse cuenta, porque estamos todos embobados con el holograma.
Nos muestra sus dientes alineados y nacarados en una sonrisa que da comienzo a la segunda parte de una gala cargada de tensión.
Todas las miradas están puestas en ellos dos, que sonríen con amplitud hacia el presentador. No puedo evitar reír al ver que Wyatt tiene las mejillas pintadas de rotulador. En una pone Team y en otra Edgatt .
Aunque no nos guste mucho esto, hemos decidido que tenemos que empezar a nominar a Kora y Olga.
Dante se volverá a salvar de las nominaciones, bueno, de la mía no.
Así que, los cuatro tendremos que nominar a Olga y Kora sí o sí, si no queremos salir alguno de nosotros. Algún día teníamos que hacerlo.
En el habitáculo, me froto las manos a la espera de que Xavier aparezca y me pida nominar con las razones pertinentes. Cuando lo hace, saco la vena de actriz heredada de la gran Patricia Montenegro y suelto un gran suspiro. Me froto las sienes un par de veces y asiento con suavidad.
—Está complicado, Xavier —susurro y fuerzo una sonrisa cargada de pena—.
Cada vez quedamos menos y es más difícil no tocar a las personas que mejor te caen.
Mis tres puntos son para Dante, creo que no es del todo claro con nosotros y lo siento por Anahí, la verdad.
Con dos puntos voy a nominar a Killian. —Tendría que haber nominado a Kora o a Olga, pero hemos pensado que uno de los cuatro no las nomine y, al ser la primera, es el papel que me toca—. Es un verdadero suplicio para mí.
Oigo risas en el plató y retengo la sonrisa triunfal que se muere por dibujarse en mi cara.
—¿Con un punto?
—Con un punto nomino a Kora, aunque me duela, porque le tengo muchísimo cariño. Pero el resto son intocables por ahora.
—Muchas gracias, Iris. Vuelve con tus compañeros.
Mientras acaban de nominar, Anahí, Edgar y yo hacemos cuentas.
Claro, yo me he callado que le he dado tres puntos a Dante y he dicho que han sido para Killian.
Anahí ha nominado con tres puntos a Kora, con dos a Olga y con uno a Killian.
No está mal. Edgar ha nominado con tres puntos a Kora, uno a Olga y dos a Killian.
Lo siento muchísimo por las chicas, de verdad. Pero necesitamos estar una semana más. Además, con suerte echan al tercer nominado para no separarlas. Está todo pensado para que eso pase.
Si todo va bien, Wyatt debe estar nominando ahora mismo a Kora, Killian e Ikki, porque él se negó a nominar a Olga. Lo entiendo, le ha cogido bastante cariño.
La última persona en nominar es Olga y vuelve con un sobre en las manos. Supongo que será la prueba semanal. Antes de que pueda leerlo, Xavier aparece y nos dedica esa sonrisa que me pone la carne de gallina.
—Olga, Kora y Dante sois los nominados de esta semana. ¡Suerte y que paséis unos días geniales! Olga, puedes leer el sobre.
Dante nominado, no me lo puedo creer. Justo lo que quería. Gracias a Dios.
Olga saca el sobre y se aclara la voz unos segundos.
—Chicos, llegó la hora de destapar los secretos más ocultos que guardáis. Se acabaron las pruebas semanales, por ahora. Vuestra misión será descubrir qué secreto escondéis cada uno de vosotros. ¿Lo conseguiréis? Puede que no, pero será divertido. Mucha suerte.