EDGAR
Hace un par de horas volví a entrar en la caja y he logrado hacer los cien minutos. He sido el primer concursante en lograrlo, espero ser recompensado por ello, porque ha sido horripilante.
Al ser la segunda vez que entraba, no me ha costado tanto estabilizarme ni saber qué era real y qué no.
Lo he pasado mal, eso no lo voy a negar, pero he podido aguantar los minutos que necesitaba.
Tenía que aguantar setenta minutos y lo he conseguido.
Además, al miedo al que me he enfrentado no le temía tanto como a los sitios cerrados.
Tarántulas.
Bueno, tarántulas los primeros treinta minutos quizás, luego se han ido alternando los bichos que me provocan micro-infartos.
Si hago el recuento, en setenta minutos he sentido recorrer por mi cuerpo a tarántulas, pitones, viudas negras, escorpiones y cobras.
Juro que he estado a punto de morir ahí dentro, de hecho, cuando he sentido que una viuda negra se introducía en mi boca, he empezado a sollozar y a gritar a tal potencia que me he desmayado del esfuerzo.
Gracias a Dios, el chico de la organización me sacó de la caja y me felicitó por haber durado setenta minutos, además de confesarme que él habría muerto al ver la primera tarántula.
Claro, yo tenía más lúcido el concepto de real y no real, hasta que ese puto bicho ha intentado que me lo comiese.
Cuando se lo cuento a Iris y a Anahí, a ambas se les pone la piel de gallina. Les he recordado que tienen tres días para volver a entrar a la caja y conseguir los cien minutos. Bueno, a ellas y a todos. No quiero perder la prueba después de haber padecido tal horror.
Después, hemos estado hablando de cómo vamos a nominar, a pesar de no estar Wyatt.
Lo preferimos así, ya que ninguno sabe seguro si podrá salvarse esta vez.
Espero y deseo que sí. Hemos decidido mantener nuestras nominaciones con Antonella o Peter, quien se quede de los dos, claro.
O si Wyatt es el que se marcha, los nominaremos a ambos.
Y ya tenemos un objetivo claro: Killian.
Es hora de que salga de esta casa. Además, contamos con el apoyo de Olga, que se ha hecho amiga de Wyatt y de las chicas, e Ikki, que seguro le hará caso.
Las chicas se meten en el habitáculo para hablar con el jefe de un tema secreto, según ellas. Miedo me dan las dos.
El sol me da de lleno en la cara. Es relajante, justo lo que necesito para poder olvidarme de las tarántulas y el resto de sus amigos.
Me esfuerzo para recordar el sonido del mar, que suena en el fondo de mi cabeza, siento que hace demasiado tiempo que no lo escucho.
Respiro su aroma a salitre, tierra y libertad.
Echo tanto de menos estar en Costa de Oro y disfrutar de sus aguas, de su sol, de su arena.
Dejé en ella un pedazo de mi corazón, el cual espero recuperar pronto.
De la nada, surge un sonido hueco que me saca de mi tranquilidad.
Abro los ojos y veo junto a la hamaca una especie de pelota pequeña.
Frunzo el ceño y me apresuro a cogerla. Es como una pelota de tenis y hay algo escrito en ella con una caligrafía bastante mala, puede que sea porque se ha corrido un poco la tinta. Me esfuerzo por entender lo que pone.
SALID DE AHÍ .
De repente, la voz del jefe me pide que vaya al habitáculo cuanto antes. Entro después de que las chicas salgan de él y me siento en el sillón.
—¡Edgar, ¿qué has recogido del suelo?
Le enseño la pelota que saco del bolsillo de la sudadera a la cámara.
—Han tirado esto —expongo.
—¿Hay algo escrito?
Asiento y leo el mensaje.
—Dice: salid de ahí.
—¡Siento que te haya podido molestar esa gamberrada, pero a veces las personas burlan los sistemas de seguridad que tanto nos cuesta mantener! Puedes irte y dejar la pelota sobre el asiento. Gracias, Edgar.
—De acuerdo, jefe.
Noche de película. No sé a qué se debe, pero la organización nos ha preparado todo para disfrutar de una sesión de cine en el salón de la casa: palomitas, chuches, refrescos y nada de alcohol.
No me he enterado de cómo se llama la película, la verdad.
Creo que lo hacen para publicitarla, ya que se estrenará en dos días en todos los cines.
No le he contado a nadie lo de la pelota, aunque llevo todo el día pensando en ella.
Algo positivo es que he podido dejar de sentir las tarántulas sobre mí para obsesionarme con aquel mensaje.
Dante y Anahí se besan sin ningún pudor en el sofá del centro y decido, por precaución, tirarme en el sofá de la izquierda.
Casi vomito ante tanta pasión. La cara de Olga cuando los ve es para enmarcarla y exponerla en los mejores museos.
Lo que más me sorprende es verla de la mano con Kora.
¿Se me ha escapado algo? ¿Romance entre ellas dos? ¿Verdad o estrategia?
Iris y Wyatt entran al salón riendo y murmurando algo. Debe de hacer frío en el jardín, porque vienen tiritando. Se sientan a mi lado y me miran con una sonrisa. Les saco la lengua y me acomodo para disfrutar mejor de la película.
Miro de soslayo a Wyatt, que habla en voz baja con Iris sobre Killian.
Supongo que será por el intento fallido de ligar con ella.
El cuello de su sudadera está más abajo de lo normal y puedo apreciar en su nuca dos picos paralelos.
Creo que es un tatuaje, porque es demasiado oscuro para ser lunares.
Iris se levanta y se dirige a la cocina. Él ladea su cabeza y me pilla mirándole. Hace un mohín con los labios y se acerca más a mí, hasta apoyar su codo en mi hombro.
—Felicidades —suelta—. Has sido el primero en conseguir los cien minutos.
Asiento varias veces y se lo agradezco.
—Te habría felicitado antes si me lo hubieses contado tú —dice, alzando las cejas.
No puedo evitar reírme ante su expresión. A pesar de que tan solo le llevo dos años, su rostro es bastante más aniñado. Me parece tierno.
—He estado distraído y tú perdido.
Se encoge de hombros y cruza sus piernas, separándose un poco de mí.
Apoyo mi cabeza en el brazo del sofá y dirijo mi mirada a la pantalla. Las luces se apagan y una chica pelirroja aparece en el televisor, haciendo una especie de ouija casera. Esto va a ser un puto coñazo.
Hace quince minutos que he perdido el hilo de la historia. En cuanto el fantasma, que la pelirroja idiota ha invocado, ha poseído al novio de la rubia, sabía lo que iba a pasar: primero, moriría la rubia tonta y, luego, la amiga de color con tanto swag .
Y, efectivamente, han sido las primeras en morir, por eso he vuelto a pensar en la pelota y en su mensaje.
¿Por qué tenemos que salir de aquí? ¿Tan mal se nos ve?
¿Nos estarán insultando fuera? Desde que empecé el concurso me he preguntado a dónde va el expulsado, cómo será su entrevista y qué pasará después de irse del programa.
Por otro lado, también está aquello que planteó Wyatt sobre por qué no había un representante de La Gran Potencia.
Wyatt se mueve un poco y choca con mi pierna, que la tengo levemente estirada.
Frunce los labios y me hace un gesto con la cabeza.
Río bajito, me pego aún más al respaldo del sofá y dejo que su cuerpo se ponga delante del mío y apoye su espalda a mi pecho.
Ahora puedo estirar mis piernas totalmente. Placer.
De nuevo, puedo ver los picos negros salir de su cuello. Sin duda es un tatuaje. Lo raro es que no se lo vi cuando dormimos el otro día. Quizás sea porque el cuello de esta sudadera es más abierto que las otras.
—¿Puedo verte el tatuaje? —le pregunto en un tono de voz muy bajo para que no me escuchen los demás.
Su cabeza se mueve, creo que ha asentido.
Deslizo mi dedo hasta el cuello de la sudadera y lo bajo un poco más, visualizando un búho pequeño.
No mide más de cinco centímetros y no es a color.
Sonrío levemente y paso mi dedo por él. No es un búho realista, sino un dibujo: pico pequeño, ojos grandes, gordito y apoyado en una fina rama. Es bonito, la verdad.
—Lo dibujé yo —susurra como si me hubiese leído el pensamiento—. El búho es mi animal favorito.
—Es bonito —le digo—. Me gusta.
Sin ninguna dificultad, se mueve y le da la espalda a la pantalla. Nuestros ojos se cruzan.
—Cuando pienso en un búho, siempre lo asocio a lo mágico, lo fantástico o misterioso... Y, en cierto modo, también a lo oscuro y tétrico. Además —hace una pausa y vuelve a susurrar—, los griegos lo conectaban directamente con Atenea, diosa del aprendizaje y la sabiduría.
Sonrío al escucharlo y asiento, recogiendo un corto mechón de pelo de la frente.
—¿Por eso es tu animal favorito? —Asiente—. Buenas razones. ¿Tienes más tatuajes?
—No —susurra—. ¿Y tú?
—Uno.
—No te lo he visto.
Río y relamo mis labios con suavidad:
—Lo tengo en un sitio que no se ve a primera vista.
Enarca una ceja y se mueve un poco sin dejar de mirarme. Lleva sus dedos al lóbulo de mi oreja y lo acaricia con la yema de sus dedos. Río de nuevo.
—¿Dónde lo tienes?
—En la pelvis.
—Qué erótico —ladea su cabeza hacia la pantalla y vuelve a mirarme—. Me he perdido tres muertes por tu culpa.
—Qué tragedia, ¿no?
—¿Para qué te llamó el jefe esta tarde?
Desvío mi mirada y trago saliva. No sé si debería contárselo. Quizás solo sea una tontería y me esté preocupando por nada.
—Me preguntó cómo me sentía por haber sido el primero en conseguir los cien minutos —miento y creo que me lo nota, porque se da la vuelta de nuevo para ver la película.
Intentando disimular mi mentira, apoyo mi brazo en su cintura para estar más cómodo y poder saber cuándo van a descubrir que el espíritu está dentro del novio. Ineptos.
La película acaba con el novio vivo, el espíritu derrotado y todos excepto la protagonista, muertos. Muy original, sí.
Esta mañana me he sorprendido al ver el marcador: Iris y Killian habían conseguido completar los cien minutos.
Han tenido que madrugar mucho para poder estar tanto tiempo.
Bueno, también influye que me haya levantado tres horas después de que haya sonado la campana.
Como yo ya he cumplido, no veo la necesidad de madrugar, la verdad.
Según me ha contado Iris, se ha enfrentado de nuevo a las muñecas.
Sin embargo, esta vez, a pesar de estar durante treinta minutos huyendo, ha comprendido que no era real y ha jugado con ellas.
Luego, el miedo ha cambiado y ha sentido cómo el avión en el que volaba se estrellaba sin remedio.
Pero ha durado poco, ya que había consumido buena parte del tiempo con las muñecas.
Anahí ha querido meterse también. Ha tenido una discusión muy fuerte con Peter, porque quería entrar y ella se ha negado a que pase antes.
Pero me he dado cuenta de que con ella no se batalla, simplemente, se pierde.
En ese momento he agradecido tenerla de mi lado.
Sin embargo, no ha estado más de setenta minutos, por ello, tendrá que volver a entrar en estos días que quedan.
En total lleva consumidos sesenta y siete minutos.
Al principio no nos quería contar nada, pero luego se ha rendido, ha secado sus lágrimas y nos ha contado cómo se despertaba en una cripta llena de cadáveres, cómo el olor a putrefacción penetraba en sus fosas nasales y cómo los gusanos recorrían el interior de su piel, comiéndosela por dentro. Ella era otra muerta.
Miedo a la muerte.
—Ayer te vi bien con Wyatt —suelta Anahí rascándose la cabeza.
—No creas, cuando acabó la película no nos volvimos a dirigir la palabra.
—¿Qué hiciste?
Miro a Iris y trago saliva. ¿Cuento la verdad?
—Le mentí.
—¿En qué?
—Me dijo que el jefe le había llamado para felicitarlo por la prueba y sé que me mintió. No soporto a los traidores —suelta.
Wyatt ha aparecido de la nada y se sienta al lado de Iris.
Soy el centro de las miradas. Sabía que no se lo había tragado. Este puto crío es demasiado inteligente para mí.
—Primero —lo miro enfadado—, no soy un traidor.
—Demuéstramelo.
—De acuerdo, os lo contaré. —Ordeno mis pensamientos para poder hablar—. Ayer tiraron una pelota de tenis desde el exterior, yo la recogí y vi que habían escrito sobre ella: « salid de ahí ». La organización debió de verme al cogerla y me pidió que la entregase. Eso es todo.
—¿Por qué no me lo contaste?
—Porque ya estamos demasiado agobiados con esta maldita prueba, ¿entiendes? Solo os estaba protegiendo. —Furibundo, me levanto y niego con la cabeza—. Gracias por la confianza.
—Edgar —dice, pero paso de él y me meto en la casa.