ANAHÍ
Ambika y Antonella hablan entre susurros, asegurándose de que nadie pueda percatarse. Ahora mismo, me gustaría que Wyatt estuviese aquí para poder leerles los labios. Sé que están planeando algo para quedarse y él va a ser el afectado.
De súbito, una mano pasa por mi cintura con mucha suavidad.
Mis párpados caen al sentir el aliento de Dante colisionar contra mi nuca y un escalofrío me recorre todo el cuerpo.
Sus labios se posan en mi piel y recorre con ellos mi cuello en suaves y húmedos besos que terminan con uno más largo sobre mis labios.
En esos instantes donde su lengua viaja por mi boca sin ningún pudor, se me olvida que estoy enojada con él por no hacerme caso en las nominaciones y hacer que mi único aliado esté nominado.
Despegamos nuestros labios y me coloca un mechón suelto tras la oreja. No puedo recriminarle nada. No ahora que Wyatt tiene esa extraña amistad con Edgar. No voy a arriesgarme y a quedarme sola por él.
—Estás preciosa —dice con una gran sonrisa.
—Gracias, hermoso. ¿Quieres? —Le enseño un trozo de sandía—. Está bien rico.
Lo muerde y me guiña un ojo.
Wyatt llega a la cocina y busco su mirada. Cuando la encuentro, esbozo una sonrisa sincera, temiendo su rechazo. Tengo miedo de verdad. Él no puede dejarme, quedaría demasiado expuesta. Mi corazón se expande cuando sus rosados labios se mueven y sonríen para mí.
Dejo a Dante con el trozo de sandía y me acerco a él, más animada.
Se mete en la boca un trozo de chocolate y lo abrazo sin que se lo espere.
Necesitaba hacerlo. Llevaba horas pensando en acercarme a él para que, cuando sonase el timbre, no tuviese otro remedio que aceptar el abrazo, pero ya no hace falta.
—¿Dónde fuiste anoche?
—Al jardín a despejarme un poco —se encoge de hombros—. También estaba Edgar.
—Ambika y Antonella están planeando algo. —Sus ojos se clavan sobre ellas, analizándolas mientras hablo—. Tenemos que tener cuidado.
—Será mejor que hablemos con Alemania y España para ver qué hacemos.
—¿Por? Podemos actuar nosotros solos.
—Ahora tenemos una alianza, Anahí —me recuerda como si tuviese un momento amnésico—.
Nos conviene respetarla si queremos tener la oportunidad de ganar.
Cuando llegue la hora de traicionarlos, no dudaré ni un segundo.
Nosotros dos vamos a ser los finalistas de este concurso y vamos a aprovecharnos de esa pequeña ayuda que puede impulsarnos.
—De acuerdo.
Iris es la última en entrar a la habitación, ya que se cerciora de que no haya nadie que nos pueda escuchar. Desde el día que nos aliamos, no la odio tanto. Incluso, creo que puedo llegar a soportarla más de diez minutos seguidos.
Sé amable, Anahí. Sé amable por salvarle el culo a tu amigo.
Se recoge el cabello y empieza a decir que lo mejor para salvar a Wyatt es que el público nos vea como una verdadera alianza, como cuatro personas que han encontrado una amistad y que están dispuestos a luchar por llegar hasta el final juntos.
—Sí, me parece una idea chida —apoyo, llamando la atención de los tres—, pero no podemos obviar las personas que están acá. Si nos ven unidos, irán a por nosotros y saldremos nominados juntos.
—Anahí tiene razón —dice Edgar.
Wyatt es ahora quién habla. Según él hay que seguir como estábamos, juntándonos cuando haga falta y sin olvidarnos de atacar por detrás a los demás. Hay que enfrentarlos entre sí, para que se nominen entre ellos también, como pasó ayer.
—No importa que uno de nosotros salga nominado si tenemos una buena estrategia para salvarlo. Hay que intentar que el público vea a una de ellas como alguien insoportable y, a la vez, hacer que todos se enfrenten —dice Edgar con un tono calmado.
—De los cuatro —interviene Wyatt—, vosotras dos sois las que menos nominaciones habéis recibido. Caéis mejor, así que os toca jugar. Haced que se odien entre ellos. Edgar y yo nos encargamos de salvarme.
—Sí, es un buen plan —afirma Iris.
—¿De verdad lo crees? —pregunto, sorprendida.
—Sí —responde, mirándome a los ojos—. Es hora de que tú y yo nos conozcamos.
Trabajar con Iris no me entusiasma, pero en mi vida he aguantado cosas peores.
Vengo de una familia importante y eso, en ocasiones, no es tan bueno.
He sido manipulada muchísimas veces y mucha gente se acercaba a mí por mero interés.
Hubo un tiempo en el cual tan solo quería encerrarme en casa y no salir nunca, pero « una Arismendi jamás se hunde ».
Esas fueron las palabras que me dijo mi madre cuando me vio hundida.
Ni siquiera me dejó superar mi relació Alfonso, el chico más guapo de mi instituto, que me dejó por otra.
Tal vez, por todas esas decepciones, me he convertido en la persona que soy hoy: una chica que tiene las garras dispuestas para atacar.
Iris ríe junto a Olga y Antonella como si fuesen amigas de toda la vida.
Es increíble lo bien que se le da mentirles.
Al final, tenemos cosas en común. Yo también río y comienzo a pintarle las uñas a Olga de un color metalizado.
Ikki también está aquí, disfrutando del masaje que Antonella le hace en la espalda.
De repente, Iris peina su cabello y me sonríe: empieza el juego.
Mientras pensábamos a quién elegir para manipular, también hablamos de las siguientes nominaciones: somos cuatro personas y podemos hacer que una salga si le damos nuestros mayores puntos, así que solo hay que buscar a otra víctima que vaya a ser nominada por los demás.
No lo dudé ni un segundo: Peter. Escuché a Olga decirle a Ikki lo mucho que le molestaba su presencia, ya que era demasiado reservado y le daba grima.
Ikki le apoyó en todo, así que ya tenemos nuestro segundo nominado.
—Tía, creo que Peter me mira mal —musita Iris.
—A Peter le caemos mal todos —conviene Olga—. Es como si no estuviésemos a su altura.
—Es británico y viene de una familia demasiado refinada. Para él seremos nada —Mis comentarios están cargados de veneno—. Ojalá saliese nominado la semana que viene.
—Puede salir si nos ponemos de acuerdo.
Ikki nos mira con nerviosismo, como si plantear aquello fuese un delito en un programa de convivencia.
—¿Lo nominamos? —Olga sonríe con cierta malicia.
Está hecho. Han caído. En ese momento, miro a Iris y ella me mira a mí. Me parece increíble, pero estamos compartiendo una mirada cómplice y victoriosa. Quizás la he juzgado demasiado rápido.