Encerrados (The House 1) IRIS
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IRIS

¿Qué demonios hace Edgar hablando con el francés? ¿Será otra de sus estrategias? No entiendo nada. De soslayo, advierto que Anahí también los está observando, y no parece nada contenta. ¿Nos estarán traicionando? A fin de cuentas, esto es un maldito concurso y conozco a Edgar de siete días.

A la mierda.

El silencio se instala entre ambos cuando interrumpo en el jardín, saltándome todas las barreras de la privacidad.

Están muy cerca, demasiado para que fuese una conversación normal.

Wyatt ha intentado intimidar a Edgar, siempre rompe toda distancia para hacerlo.

Lo he estado observando con cautela durante estos días.

Ambos me escrutan, pero no de igual manera. Edgar me mira con normalidad e inocencia, se alegra de verme. Conozco esa mirada porque es la que yo uso cuando lo veo.

Sin embargo, la mirada de Wyatt no es así.

Tiene sus ojos entrecerrados, como si me analizase.

Me pone la piel de gallina. Además, tiene una especie de sonrisa que no sé cómo interpretar.

Hay muchas cosas en él que no soy capaz de entender.

Es un tío misterioso y si no estuviese junto a Anahí, quizás y, solo quizás, le habría dado una oportunidad.

Mi cuerpo funciona en piloto automático, acortando la distancia que nos separa. Ni siquiera soy del todo consciente de estar haciéndolo, hasta que mi brazo roza el de Edgar.

—¿De qué habláis?

—De cómo me vais a ayudar a no salir expulsado —suelta Wyatt con una amplia sonrisa.

Por un momento, he sentido que la barbilla tocaba el césped del jardín. ¿Ayudar a Francia a quedarse? Ni muerta. Ayudarlo a él, sería ayudar a Anahí y no estoy dispuesta a eso.

—Sé lo que piensas, pero o nos aliamos ahora o luego será demasiado tarde. Todos han ido a por él. Si se marcha, uno de nosotros será el siguiente.

—Dos débiles y uno fuerte —susurro—, creo que lo entiendo. Hay una alianza grupal, aunque no lo sepan.

—Exacto. Tenemos que unir fuerzas —Edgar me mira. Parece estar muy seguro de lo que habla. Y, por desgracia, confío demasiado en él—. Los cuatro.

Mi mirada se clava en el objetivo de la de Edgar: Anahí. Todavía está en el salón, contemplándonos.

—No. Ni de coña. —¿Está loco? ¿Ha sufrido una conmoción mientras se duchaba? No está pensando con claridad—. No voy a trabajar con la poca-neuronas. Lo siento, Edgar, no son trigo limpio.

—¿Tú lo eres? —pregunta Wyatt con esa mirada de superioridad que me irrita—. Ninguno lo somos. De hecho, nosotros cuatro somos los más estrategas de todos, razón por la que nos quieren fuera.

—O nos aliamos los cuatro o no ganaremos ninguno.

Los ojos azulados del alemán me imploran una oportunidad. Pero, ¿por qué debería hacerlo?

—Bien —suelto a regañadientes—. Nos uniremos. ¿Quién se lo dice a la petarda esa? No creo que le haga mucha gracia tampoco a ella…

—Tranquila —contesta Wyatt—. Eso es cosa mía. Estoy seguro de que accederá. Déjalo en mis manos.

Desde que hemos entrado, Dante no para de preguntarle a Anahí sobre qué hablábamos.

Es increíble, pero Wyatt lo predijo en el jardín y la avisó para que no dijese nada.

No sé cómo lo hace ese maldito crío. No me apetece trabajar con él, pero creo que puede ayudarme a alcanzar el premio. O eso espero.

Si me viese mi madre, me diría que le clavase el puñal por la espalda en cuanto pudiese. Eso voy a hacer. Cuando menos se lo espere, lo traicionaré. Sé que él piensa hacer lo mismo. Además, yo necesito el premio para alejarme del yugo Montenegro, no es por simple capricho.

— "Iris, al habitáculo ".

Esa voz… ¿Quién se cree para darme órdenes? Aun así, no tardo en llegar al habitáculo y sentarme en el mullido sillón. Tras unos segundos, lo veo. Un sobre de color rosa descansa sobre la pequeña mesita que tengo enfrente.

—"Vuelve al salón y lee en voz alta lo que hay en el sobre, por favor. Esa será vuestra prueba semanal".

—¿Prueba semanal? ¿Cuándo dijeron que habría de eso? —pregunto, aunque la voz no regresa para aclarar mis dudas.

Como si fuese la nueva presentadora de esta selva, me coloco frente a todos. La verdad, el año que viene podría presentarlo yo. No estaría nada mal, ¿eh? Además, yo soy más guapa que Xavier.

—Bueno chicos, no sé si lo habréis escuchado, pero, al parecer, deberemos enfrentarnos a una prueba semanal. En el habitáculo estaba este sobre. Estad atentos que no quiero repetirlo:

La prueba de esta semana se llama: AbrAZANDO LA INMENSIDAD .

Cuando escuchéis la campana, todos los concursantes deberéis abrazaros y quedaros así hasta que la campana vuelva a sonar.

El abrazo puede durar segundos, minutos o incluso horas. No se podrá romper el abrazo; de lo contrario, contará como fallo.

Si falláis más de una vez, no ganaréis la prueba y reduciremos tanto la comida como el horario de agua caliente.

Mucha suerte.

Un momento. Si perdemos, ¿nos reducen la comida? Nada de esto estaba en el contrato. Aunque, pensándolo bien, yo no firmé ninguno.

Esto se está complicando. Más nos vale superar la prueba o me acabaré comiendo a uno de ellos.