WYATT
El agua golpea mi nuca con suavidad mientras la blancura de mi piel se torna rosada por la temperatura.
Por fin ha llegado la gran noche. Hoy conoceremos las verdaderas alianzas que hay en la casa, aunque ninguna me pillará por sorpresa.
Ni siquiera me sorprendería la nominación de Dante, él simplemente busca su interés.
No he querido decirle nada a Anahí, la necesito a mi lado.
La única persona que no se ha acercado a mí en todo el día ha sido Edgar. Sé que no esperaba mi juego, pero conozco a los tíos como él, sería capaz de traicionar a su madre por dinero. Sin embargo, lo necesito para mi papel, necesito tener un verdugo que no pare de machacarme.
Al salir del baño, todos están sentados en el sofá, así que los acompaño para esperar la conexión con el presentador. Solo falta Iris. Tal vez, alguien debería comprobar que está bien, ¿no? Por supuesto, seré yo.
La española está poniéndose los tacones cuando entro y la sorprendo.
—¿Ya está el presentador?
—Aún no.
Sin pedirle permiso, me siento en la cama que tiene al lado. Si no me equivoco, es la de Edgar.
—¿Por qué me odias tanto? —pregunto, cogiendo la camisa que Edgar ha dejado tirada en la cama. Es bastante fea, la verdad. A mí las cosas sin mangas me parecen absurdas.
—No te odio a ti, odio a tu amiga —se encoge de hombros—. Tú estás de por medio y sé que, para debilitarla a ella, tengo que atacarte a ti.
—Por lo tanto, no crees que yo sea el fuerte como piensa tu amigo.
—No. Para mí la fuerte es Anahí. Te está utilizando, al igual que a Dante.
Asiento varias veces y me levanto para marcharme. Sabiendo esto, necesito algo para enfrentarlos a los dos. Espera, ¿Anahí me está utilizando? No, Wyatt. No caigas en su trampa, ¿de acuerdo? Es lo que ella espera.
No sé qué hora es, pero la voz nos ha avisado de que estamos a punto de conectar con el plató. Me he puesto nervioso, ¿cómo van a ser las nominaciones? Tranquilízate, maldita sea.
Anahí está igual de emocionada que yo. Líderes de audiencia en la primera semana de concurso. Está claro que esta gente no tiene otra cosa que hacer.
—Wyatt, ¿sigues igual de nervioso o ya estás más tranquilo? Te hemos podido ver muy adaptado estos días.
El presentador me dedica una sonrisa cálida, como si de verdad hubiese estado preocupado por mí estas horas.
—Hago lo que puedo —contesto, lo más agradable que sé.
Xavier ríe y asiente varias veces.
—Os voy a comunicar cómo serán las nominaciones, ¿de acuerdo? Cada uno nominaréis con 1, 2 y 3 puntos, sin poder repetir personas. Como es el primer día y estamos entusiasmados, las nominaciones serán a la cara.
¿Nominaciones a la cara? ¡Perfecto! Una suave carcajada se me escapa pensando en que estoy a punto de disfrutar de cómo se traicionan entre ellos. Me encanta.
—Como veis, en la mesa tenéis un pequeño sombrero. En él hay doce trozos de papel con el número que se os asignará para las nominaciones. Podéis cogerlo.
Las manos de mis compañeros luchan por hacerse con un papel que les beneficie. A mí no me importa ser el primero, de hecho, lo estoy deseando. Después de Anahí, el último papel que sobrevive dentro del sombrero es el que cojo. El número 9.
—Enseñad a cámara vuestro número por favor. Bien, Olga eres la primera. Nomina.
Olga se mantiene en silencio mientras dobla su papel una y otra vez, nerviosa. Yo le cambiaría el turno y empezaría yo, pero no soy tan bueno como creía. Una suave gota de sudor surca la frente de la rusa justo cuando clava su mirada en mí.
—Con un punto nomino a... Wyatt. —Vaya, me esperaba más puntuación por su parte—. Con dos puntos nomino a Ikki y con tres a Edgar.
Oh, sí. Ya sé quién va a ser mi próxima aliada. Sí, señor.
—Muchas gracias, Olga. Por favor, el siguiente. Si es posible, dad razones.
Dante, más sonriente que de costumbre, da un paso al frente y se aclara la voz. No hay que ser muy listo para saber que le encanta tener el protagonismo de su lado, y eso nunca trae nada bueno a la larga.
—Con tres puntos nomino a Killian, porque no logro entenderlo. Nomino con dos puntos a Ambika y con uno a Antonella —comenta a toda prisa y se encoge de hombros—. Son con las que menos me relaciono de la casa.
Este tío es imbécil. Se supone que forma parte de mi alianza por su fortuito acercamiento con Anahí. Por eso, debería haberle dado los tres puntos a Edgar. Idiota.
Los siguientes en nominar son Peter y Kora. Ambos me nominan con un punto. Luego, Peter ha nominado con tres puntos a Anahí y con dos a Antonella. Por su parte, Kora le ha dado tres puntos a Dante y dos a Ambika. Estoy flipando con estas nominaciones.
Ahora es Anahí quien sonríe ante las cámaras y toda la atención recae en ella. Es hipnótica.
—Nomino con tres puntos a Ambika, me parece una peonza que no para de dar vueltas y vueltas —y mientras habla, sus dedos se mueven en círculos—. Dos puntos a Antonella y un punto a Edgar.
El desconcierto se plasma en las caras de Iris y Edgar. No entienden qué está pasando, pero eso es precisamente lo que quiero. Mi juego es silencioso, pero mortal.
Ikki es el siguiente. Me intriga saber a quién va a nominar. Según él, se lleva bien con todos. Le ha dado tres puntos a Antonella. No sé quién está más sorprendido, si ella o yo. Me encanta ver cómo se destripan unos a otros... Y pensar que acabamos de empezar el juego.
El japonés tarda más de dos minutos en volver a tomar la palabra, pero cuando lo hace le da dos puntos a Killian y uno para mí. ¿Por qué mi nominación no me sorprende?
—Iris, nomina por favor.
La seguridad de Iris me repatea el estómago. Cree que tiene la sartén por el mango y que es quien maneja los títeres, pero le haré saber muy pronto lo equivocada que está.
—Nomino a Antonella con tres puntos, a Wyatt con dos y a Ambika con uno.
—¿No decías que no tenías ningún problema conmigo? —intervengo antes de que el presentador le dé paso al siguiente.
—Y no lo tengo. —Su ceja se alza y su sonrisa curvada es puro veneno—. ¿Tienes tú algún problema en salir nominado?
—Chicos, respetad a los compañeros que aún tienen que nominar, ¿de acuerdo? Edgar, si eres tan amable...
Los párpados del alemán caen y guarda silencio. Su cabello rubio está alborotado y noto la tensión de su mandíbula. No sé qué le pasará. Seguramente, sea una de sus estrategias.
—Tres puntos para Ambika —anuncia de golpe—, dos para Antonella y uno para Wyatt.
Bien, yo soy el siguiente. ¡Por fin!
Con una diminuta sonrisa, finjo no tener claro a quién voy a nominar. Aunque reconozco que la nominación de Edgar me ha sorprendido un poco, pensé que iría a por mí con todas sus armas.
—Voy a nominar a Edgar con tres puntos y a Iris con dos. Ambos intentan que pensemos que van de frente, pero todos sabemos cómo son realmente. —No los miro a pesar de sentir sus ojos en mí—. No tengo motivos para nominar a nadie más, así que, por descarte, mi punto es para Ambika.
Killian toma la batuta y reparte sus puntos de la siguiente forma: dos puntos para mí, tres para Antonella y uno para Ambika.
Antonella nomina con tres puntos a Ambika, con dos a Anahí y con uno a Iris. Tenía la esperanza de que nominase al alemán.
Por último, Ambika nomina a Edgar con un punto, a Antonella con dos y a mí con tres. Hija de puta.
—Muchas gracias, Ambika. Bueno, chicos, en unos segundos aparecerá la tabla con los tres nominados que se enfrentarán a una posible eliminación la próxima semana.
De golpe, junto al presentador se abre una nueva ventana y la tabla con nuestros nombres aparece con los puntos que hemos acumulado durante la nominación:
EDGAR
WYATT DANTE KILLIAN IKKI PETER ANAHÍ IRIS KORA
AMBIKA
ANTO OLGA 8
12 3 5 0 0 7 3 0
15
16 0
—Antonella, Ambika y Wyatt, vosotros tres sois los nominados de esta semana. Durante estos días, el Jefe os dará la oportunidad de pedirle al público que os salve si queréis hacerlo. Nos vemos en un rato. Cerramos micrófonos.
Cuando la figura de Xavier desaparece, me apresuro a salir al jardín a por un poco de aire e intentar no pensar en cómo descuartizar a Dante por su estúpida nominación. Si él y Anahí le hubiesen dado los tres puntos a Edgar, el nominado sería él y no yo. No estoy seguro de lo que va a pasar.
Confiaba que, metiéndole miedo a Edgar, le pediría a Iris que no desperdiciase sus puntos en mí, pero no ha funcionado.
Y, al parecer, hacerme el bueno delante de todos tampoco sirve.
Si no recuerdo mal, me han nombrado nueve veces de doce.
He sido más veces nominado que Ambika y Antonella, aunque con menor puntuación.
No sé si reír y dejar pasar esto o entrar ahí y escupir veneno sobre ellos.
Y en mitad de mis caóticos pensamientos, escucho cómo alguien abre la puerta y me observa en silencio.
Anahí está apoyada en el marco de la puerta con un rostro inexpresivo.
Mueve sus labios varias veces y manosea su cabello sin parar.
No ha salido nada como lo habíamos planeado y podemos darle las gracias a su querido idilio.
Sabía que no podía confiar en el italiano, maldita sea.
—¿Vienes dentro? —pregunta, sin romper la distancia que nos separa.
Se le escapa un suspiro cuando me ve negar. En silencio, se da por vencida y vuelve al sofá con los demás.
No quiero mirar hacia el salón, porque sé que Iris y Edgar estarán disfrutando de esta escena como cochinos en un charco de barro. Me ha salido una comparación bastante buena, tratándose de ellos dos.
—Te dije que me necesitabas a tu lado.
Su voz me crispa en cuestión de segundos. Sin embargo, es la estúpida sonrisa en el rostro de Edgar lo que me saca de quicio. Lleva escrito un «Te lo dije» en la frente y no sé si podré soportarlo por mucho tiempo.
—Felicidades, Edgar —lo miro a los ojos—. Te ha salido la jugada redonda.
—Tú no eras mi objetivo —confiesa, como si le diese igual que le crea o no—, pero ocho compañeros te habían nominado ya. ¿Qué más daba un punto más?
—¿Qué quieres?
—No te has dado cuenta verdad, ¿verdad? Quieren echarte a ti y luego irán a por mí, Anahí o Iris.
No les conviene luchar contra los más fuertes y, aunque digas que no, has demostrado ser un maldito estratega delante de todos.
—El azul de sus ojos se vuelve más intenso por culpa de la luz artificial—.
Tenemos que aliarnos, Wyatt. Si queremos seguir aquí, tenemos que aliarnos.
—¿Qué has pensado?
No me gusta nada esto, pero quizás lleve razón y sea la única oportunidad que tengo de poder salvarme esta semana.
—Darte aún más protagonismo.
—Eso es más arriesgado. Prefiero pasar desapercibido como África o Japón. Al menos él se ha salvado.
—Aunque no lo veas, todos saben que tienes muchas posibilidades de irte. La mayoría hablan entre ellos y venden una supuesta amistad.
Sus palabras tienen toda mi atención, porque, quizás, tenga razón. Me percato de lo alto que es cuando me acerco a él con los brazos cruzados.
Dudo. O eso intento. No sé si esto es una trampa o estamos firmando una tregua.
—Trato hecho.