ANAHI
—¿Estás seguro? —pregunto, sorprendida.
—Cuando tenía ocho años tuve un problema bastante grave.
—Wyatt habla sin perder de vista al alemán y a la española.
Los tiene bajo el punto de mira, igual que yo—.
Perdí gran parte de mi audición temporalmente.
Nunca supieron qué lo provocó, pero durante ese tiempo tuve que aprender a leer los labios para comunicarme con los demás.
Cuando cumplí doce años, mi audición comenzó a mejorar, poco a poco, pero me gustaba eso de leer los labios y seguí practicando.
—Por fin, sus ojos se encuentran con los míos—.
Edgar le ha dicho a la española que va a nominarme a mí, para que todos vean mi lado oscuro.
Ella va a por ti, aunque no han hablado de nominarte.
—¿Quién quieren que salgan nominados?
—Ambika, Antonella y yo —le da una larga calada al cigarrillo y me lo pasa—. No podemos confiar en la australiana, ayer les dijo que íbamos a nominarlos.
—Hay que nominar a Ambika y Antonella —puntualizo mientras fumo—. Son las más débiles y nos vendrá bien apoyar sus nominaciones para sacar a dos seguras. Pero ¿cómo hacemos para no salir uno de los dos?
—Nominando a Edgar. Ambika lo va a hacer, así que sería lo más estratégico.
—No podemos dejar que esos dos se salgan con la suya.
—No, claro que no.
Wyatt y yo entramos en el salón y nos sentamos en el sofá, al igual que todos. Cada uno de nosotros se presentará y contará algo de su vida, así nos podremos conocer mejor. Yo puedo adivinar lo que va a decir Iris: soy de España y me parió Satán. No puedo evitar reír. Maldita pendeja.
Empieza Ikki. Me había olvidado completamente de él, no sé qué pinta este chico aquí. Nos cuenta que es de Japón y que su familia es muy adinerada. Nada nuevo, podría haberse quedado callado. Además, está estudiando ingeniería nuclear. Padrísimo, tenemos a un loco en la casa.
Para sorpresa de nadie, la familia de Ambika también es adinerada, pero me aburre tanto, que no le hago caso al resto de su presentación. Espero echarla pronto, no la soporto.
Mientras habla Peter, noto la mirada de Dante desde el otro extremo del sofá y sonrío.
Es bellísimo. Ayer me contó que era de Italia y que su padre es un reputado publicista.
Sus ojos me encantan. Me guiña un ojo y se pasa la mano por su oscura cabellera.
Muerdo mi labio inferior y también me toco el cabello sin dejar de mirarlo.
Prepárense todos, sé quién me va a llevar a la gran final sin saberlo.
Peter balbucea y pierde el hilo de su relato cuando me levanto y me dirijo a Dante con una sonrisa. Bajo la atenta mirada de todos, me siento a su lado.
Wyatt me sonríe. Maldito crío, es tan yo.
Entonces, Dante me pasa la mano por la cintura mientras Peter decide sentarse. Es Kora quien toma el relevo de la actividad, aunque ya no presto atención. Mis ojos no ven más allá de los labios carnosos de Dante. Me muero por probar su boca.
Justo en ese instante, advierto cómo la cámara que estaba centrada en Kora se mueve lentamente hacia nosotros.
Es el momento: mi mano en la mejilla de Dante para que me preste atención y la sonrisa que uso para los paparazis.
Veo cómo se muerde el labio y, a los segundos, acerca su rostro al mío y me besa con suavidad.
Saboreo su boca con gusto y poso mi mano en su nuca, acariciándola con mucha lentitud.
Ahora empieza el juego.
El beso termina y ambos tenemos esa mirada de triunfo y placer. Es obvio que tenemos que aliarnos y disfrutar de nosotros el máximo tiempo posible dentro de esta casa. Sé que al público le encanta que haya una pareja en todos los concursos y nosotros vamos a ser la primera.
Me he asegurado el protagonismo.
Iris mantiene una expresión amarga. Ella también sabe que ya no será tan fácil deshacerse de mí.
Jaque mate, perra.