ANAHÍ
Esto es una realidad. Oigo las voces al otro lado de la pared. Según me ha dicho la chica con auriculares y unas cejas que no han visto unas pinzas de depilar en su vida, soy la octava. Muevo todo mi cuerpo y expulso los nervios que puedo llegar a sentir.
El timbre suena, abro la puerta, esbozo la mejor de mis sonrisas y entro a la casa como una auténtica futura ganadora. Todos me miran con intriga, todos excepto el chico francés que conocí ayer, Wyatt. Él sonríe feliz al verme y es el primero que se acerca a mí. Es adorable.
—Me alegra verte de nuevo.
Contenta, beso su mejilla. Sin duda, seremos buenos aliados en esta casa. No puedo ganar sin aliados y sin una estrategia, por eso vengo más que preparada.
Mi piel se eriza por culpa de una chica que tiene un pelo horrible. ¿Qué tiene esa naca en la cabeza? Parece regaliz rojo. ¡Qué espanto, caray! Vuelvo a sonreír y la saludo, halagando su peculiar peinado. Ambika, se llama Ambika. Al menos su nombre es bonito, no puedo decir lo mismo de su cabello.
Hay tres chicas más. No son tan guapas como yo, claro.
Una es Olga, que por su acento y el rubio de su cabello tiene que ser rusa.
La otra se llama Kora y me ha dicho que es de Australia.
La última es, ¿cómo me ha dicho? Ah, sí: Iris.
Española, si no recuerdo mal. No me ha caído muy bien.
También hay dos chicos: Peter, muy agradable, pero no lo veo como novio, y Edgar.
A él sí. Es guapo, moreno, rubio. Es maravilloso, exceptuando el pequeño detalle de que tiene un parásito español pegado al trasero.
La casa es bastante grande y moderna. ¡La amo! Agarro mis maletas y, junto a Wyatt, busco el dormitorio para elegir cama. Nos hemos puesto al lado, me cae bien, es agradable tener una cara conocida aquí. Además, tampoco parece que le caiga muy bien la españolita.
Cuando regresamos al salón, esperamos impacientes la llegada de los demás concursantes. Si no he contado mal, he saludado a cuatro personas más: un japonés cuyo nombre no recuerdo, el guapísimo Dante, un tal Killian y Antonella, una chica argentina.
En total somos doce y ya tengo mis objetivos claros.
Voy a por todas.