Encanto de Medianoche (Hechizo nocturno 2) 25
66%

25

MUERTE INFUNDADA

—¿Muerto? —dijo Eudoxio Belwolf, y se santiguó—. Dios mío, pobre hombre...

—¿Pobre? —se mofó el señor Startclyde—. Pobre mis narices. Horace Holbrooke era un cobarde. Nada parecido a Lucas, que nos salvó a todos en este pueblo años atrás. Por culpa de Horace es posible que se extinga el linaje Holbrooke.

—Y cuánta razón tienes, Frederick —intervino Reedstter.

—¿Qué quieres decir, Stephen? —Felix Oakwater estaba en el centro del círculo que formaban los miembros del Gremio, desde donde había dado la noticia de la muerte de Horace.

Obviamente había notado certeza en la voz de Reedstter al decir aquello.

Frunció el ceño y reformuló su pregunta—: ¿Acaso sabes algo que el Gremio ignora?

—Sí. —Stephen, remiso, avanzó hacia Oakwater y le entregó el documento oficial.

Mientras el Principal leía, Reedstter explicaba a los demás que se trataba de una orden de los Altos Seguidores, que había llegado aquella misma mañana a Gustav Wolfgang, alojado en su morada—.

En el documento, el Principal Nils Måns Wolfgang comunica que los Altos Seguidores decidieron condenar a muerte a Horace y Philip Holbrooke.

Y ordenan el traslado de Jason Holbrooke a Moscú, sede del Alto Gremio, donde se le harán estudios con los mejores expertos en materia para determinar si hay una posible reversión a los efectos de la maldición.

Lance Greystar se adelantó.

—¿Eso es verdad, Felix? —preguntó; escrutaba al Principal Oakwater casi como si le rogara que impugnara las afirmaciones de Reedstter.

Oakwater bajó el documento con una expresión funesta y asintió.

—Sí. —El documento oscilaba en su mano—. Parece que es auténtico. Aquí lo dice.

Lance avanzó decididas zancadas hacia él y cogió el documento para leerlo con sus propios ojos.

Mientras lo hacía, observó Lloyd, su mirada se fue ensombreciendo hasta que pareció quedar completamente a la sombra.

Nunca había visto nada igual en el rostro de su orador de combate, que también lo era de los hermanos Holbrooke.

—No es posible —musitó. Y luego exclamó a viva voz—: ¡No podemos permitirlo!

—¿Y qué pretendes que hagamos, muchacho?

—soltó Stephen Reedstter. Era difícil adivinar si había sarcasmo o ira en su voz; Lloyd pensó que ambas—.

Allí lo dice: quieren que enviemos los cuerpos de Horace y Philip para asegurarse de que hemos cumplido con su orden.

Y advierte: Esperamos que no haya ninguna oposición .

—E-Es cierto —balbuceó Eudoxio Belwolf, después de haberse santiguado un par de veces más—. No podemos desafiar a los Altos Seguidores.

—No, por supuesto que no —repuso Oscar Witheford—. Pero debemos apelar a su indulgencia; no podemos permitir que se desperdicien dos vidas... ¿Qué digo vidas? Son Holbrooke, ni más ni menos, el futuro de la magia podría depender de ellos algún día.

—Exageras —dijo Reedstter, con un ademán de la mano.

Lloyd sabía que Oscar Witheford se refería a la profecía del Liberador y el Mal Más Oscuro.

La Comunidad Mágica confiaba que este pudiera ser un Holbrooke.

El mismo Lloyd lo creía. Y hasta hace unas horas había pensado en que Stephen creía lo mismo.

Aquel fue el motivo por el que Lloyd y Gustav accedieron visitar las celdas encantadas en primer lugar.

«Reedstter. Maldito mentiroso».

— Bah —seguía diciendo Reedstter—. ¡Esa estúpida profecía fue solo una vil mentira de Ben Holbrooke para darle importancia a su linaje! Y, además, aunque fuera cierta, nunca aseguró que el Liberador sería sangre de su sangre.

—Te equivocas —se oyó decir Lloyd. No pudo contenerse—.

Se hará realidad... El hijo de Cletus Mormont sigue vivo, en alguna parte de Europa.

Y el hijo de Blackstarr está en el oeste de Norteamérica.

Ambos fueron vencidos por un Holbrooke. Y un día de la sangre de estos enemigos nacerá el Liberador.

—O eso había oído especular a su padre a altas horas de la noche, medio ebrio en la biblioteca—.

Sabemos que la señora Dur sigue rondando este territorio, aunque nadie le ha visto desde la muerte de Henry Hornwood.

Es evidente que actuaba según las órdenes de Mormont.

Su amo y señor. Y eso, solo por mencionar a algunos de los más peligrosos y conocidos servidores de la oscuridad que vuelan en torno a los Holbrooke como aves de malagüero.

Nadie está a salvo realmente mientras ellos estén vivos.

Y nadie nunca lo estará si los Holbrooke mueren.

—Lloyd tiene razón —convino Abby—. Si Ben Holbrooke hubiera mentido sobre la profecía, los Altos Seguidores hubiesen repudiado sus aseveraciones cuando las presentó en Gibraltar, entonces sede del Alto Gremio.

En cambio, impusieron la ley absurda que prohíbe el matrimonio entre seguidores de la luz y servidores de la oscuridad.

—No estamos aquí para poner en tela de juicio las palabras de Ben Holbrooke —habló el sheriff Sawyer; tenía la frente empapada de sudor.

Sawyer, como era sabido, sentía afecto por los jóvenes Holbrooke pues, además de ser fiel creyente de la profecía del Liberador, había sido gran amigo del inmolado Lucas Holbrooke, padre de los jóvenes desparecidos—.

Debemos someter a votación si cumplir o no con la orden de los Altos Seguidores.

—El rubio vivirá —dijo Ephraim Westwick.

—No estamos seguro de eso.

—Lo dice el documento, ¿no es cierto?

—No es seguro. Ahí solo ponen que tiene una posibilidad mínima de supervivencia. Nada más. Eso no justifica que dejemos morir a Philip y que entreguemos a Jason.

Ephraim insistió:

—El linaje Holbrooke no acabará con ellos. —Imitó el ademán que hizo Reedstter—. Si mal no recuerdo, hay más tataranietos de Ben con vida: Jacob y Jasmine Holbrooke, por ejemplo, se encuentran en Carolina de Norte; son unos chiquillos de seis y cinco años muy saludables.

—Pero no han crecido en River Town —apuntó Oscar Witheford—. Y es sabido que el padre de los pequeños, llamado Ben (como su bisabuelo), lamentablemente los ha mantenido apartados de la magia para protegerlos. No acudirán a salvarnos cuando el Mal Más Oscuro sea liberado.

—Además, si los intentos de salvar a Jason fracasan —apuntó Abby—, los Altos Seguidores no dudarán en acabar con la amenaza que representa Darkling... Jacob y Jasmine Holbrooke incluidos.

—Y si mueren los hijos de Lucas —añadió Christian Sawyer—, nadie más vendrá a salvarnos.

Oír aquello provocó un escalofrío a Lloyd.

Ephraim bufó.

—Absurdo —dijo, torciendo los ojos. Por lo visto lo único que tenía en común Ephraim Westwick con su difunto hermano, Joseph, era su apellido.

Lloyd supo que no era de fiar el mismo día que se conocieron.

Lloyd había votado para impedir que formara parte del Gremio (más tarde había sentido un poco de remordimientos por no haberle dado antes una oportunidad), entonces había tenido sus razones.

Y en aquel momento estaba constatando que no se había equivocado después de todo.

Los Westwick y los Belwolf eran unas de las pocas familias de seguidores de la luz que profesaba una religión de la gente común.

Y Lloyd podía asegurar que no vio en ningún momento a Ephraim hacer la señal de la cruz como lo había hecho Eudoxio durante y después del anuncio de la sentencia de Horace y Philip.

—Yo no permitiré que nadie dañe a Philip y a Jason —amenazó Lance Greystar. Arrugó el documento oficial con ambas manos hasta convertirlo en una enorme bola de papel—. Son chicos inocentes. Son de los nuestros. Son nuestro futuro.

—Los Altos Seguidores resguardan nuestro futuro —expresó Leonard Katterblack.

Aunque su rostro parecía seguro, su voz no lo demostraba; las palabras le salieron con cierta vacilación—.

Y ni se diga que no son seguidores de la luz como nosotros.

Me temo que Reedstter tiene razón esta vez.

Nadie se ha revelado antes contra los Altos Seguidores, y nosotros no seremos ser los primeros. ..

—Propongo someterlo a votación ahora —intervino en tono diplomático Oakwater.

—Estoy de acuerdo —asintió Frederick Startclyde.

—Que los pobres chicos reciban misericordia, Dios siempre vela por aquellos que más lo necesitan. —Eudoxio Belwolf se santiguó y asintió—. Votemos.

—Antes de incumplir las órdenes de los Altos Seguidores, en caso de que el no predomine, enviaremos un recado a Moscú abogando por el destino de los jóvenes Philip y Jason Holbrooke —dijo Felix Oakwater, que desde el principio no había podido esconder su descontento por la disposición de los Altos.

Lloyd podía asegurar que Oakwater iba a votar no , y su voto tenía peso—.

Como dice Lance, Jason y Philip son chicos inocentes y talentosos, además, ¡son de los nuestros!

, y no me refiero solamente a seguidores de la luz.

Sino a que son parte de este pueblo. Nuestra historia.

Y, por si fuera poco, le debemos a su padre que hoy estemos aquí.

El salón de los Viejos Conjuros guardó silencio un instante. Oakwater continuó:

—Quienes estén a favor de acatar las órdenes de los Altos Seguidores y condenar las vidas de Philip y Jason Holbrooke a un destino fatal por igual, digan sí.

Se oyeron solo tres síes: Stephen Reedstter, Ephraim Westwick y Leonard Katterblack.

El resto (Treddaway, Blackfell, Belwolf, Sawyer, Oakwater, Witheford, Startclyde y Greystar) votó no .