Encanto de Medianoche (Hechizo nocturno 2) 23
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UN LEGADO AGRAVIADO

El mensaje llegó a primera hora de la mañana.

Gustav Wolfgang cogió el documento plegado que le entregaba la criada. Tomó asiento en la mesita para desayuno donde la joven le sirvió una taza de té antes de retirarse. Entonces, leyó el reverso.

Para Gustav Sven Wolfgang

De Nils Måns Wolfgang, Principal de los Altos Seguidores

Desde la sede (actual) del Alto Gremio, Moscú, Rusia.

Gustav reconoció la escritura de su padre; había redactado aquella carta en su idioma natal (sueco), y con su propio puño y letra, lo que sugería que su contenido era delicado.

Lo evocó diciendo: «Solo para tus ojos, Gustav», mientras retiraba la cinta de seda que ceñía el documento, y lo desplegaba.

El Principal de los Altos Seguidores pocas veces se molestaba en redactar su propia correspondencia.

Gustav previó el porqué de la presente ocasión antes de poner su atención en aquella letra amplia y elegante de su padre.

Por supuesto querría urgirlo. La paciencia no era ni mucho menos una de las virtudes de Nils Wolfgang.

La carta, además, aludiría el informe que entregó el delegado Morozov ante el Consejo de los Altos sobre su breve paso por River Town y el caso de la maldición de Hornwood.

Y probablemente también haría mención sobre los Holbrooke.

La criada regresó con el desayuno. Lo dispuso todo en la mesita mientras Gustav leía la carta de su padre; le sirvió otra taza de té humeante (Gustav nunca estaría al tanto de cuándo se bebió la anterior) y jugó de naranja en un vaso de cristal.

Los aromas atrajeron la atención de Gustav.

Solo un instante. Volvió la vista a la carta al tiempo que la criada abandonaba la alcoba.

Mordió un emparedado y bebió un sorbo de té sin despegar la mirada de las palabras de su padre.

Al final no se había equivocado. En efecto, su padre hacía mención de lo que el delegado Morozov había descrito en su informe como una «situación preocupante» en referencia a los recientes acontecimientos en River Town.

Decía que algunos miembros de los Altos Seguidores ponían en tela de juicio la capacidad del Gremio de River Town para neutralizar la amenaza.

Decían que, de no dirimirse pronto el asunto, tendrían que enviar una delegación de inquisidores para acabar con aquella criatura que se hacía llamar Darkling .

Por último, expresó preocupación por los habitantes de aquel lejano lugar y, en especial, por su hijo.

Gustav no estaba seguro de ello. Continuó leyendo.

El Principal refería que los Altos Seguidores habían tomado una decisión sobre los últimos hechos en los que estuvieron implicados varios miembros de la familia Holbrooke.

Leyó los siguientes párrafos con especial atención.

Un ramalazo de frío le subió por la espalda al leer lo que se había decidido sobre el destino de esta familia.

Primero , Horace Holbrooke debe ser condenado a muerte por su contribución en los lamentables hechos que nos fueron referidos por el alto delegado Morozov.

Horace, además de traicionar a los Seguidores de la Luz, ha provocado de manera indirecta la muerte de uno de sus sobrinos.

Los miembros del Gremio de River Town deberán acatar el mandato que se le ha impuesto al acusado, quien, por desgracia, ha agraviado el legado de los Holbrooke. ..

Gustav, boquiabierto, bajó la carta y tomó una profunda bocanada de aire.

Tenía la impresión de que llevaba algún tiempo conteniendo la respiración.

Había escuchado que en River Town jamás se había realizado una ejecución.

De ninguna naturaleza, sea mágica o no, salvo servidores de la oscuridad.

Dudaba que el Gremio —al menos la mayor parte de sus miembros— estaría de acuerdo con esta decisión.

«Más vale que lo estén —pensó Gustav, mientras bebía de su taza de té casi sin darse cuenta—.

La otra opción sería desafiar a los Altos Seguidores, y no creo que sean estúpidos.

Mi padre tiene razón: ese hombre es culpable de la muerte de aquel niño.

Su sobrino. Tal vez deberían dejarlo un año o dos encerrado en las celdas encantadas antes de ejecutarlo». Bajó la taza.

Continuó:

En cuanto a los jóvenes desaparecidos, Philip y Jason, los Altos Seguidores han decidido que el primogénito deberá ser ejecutado en cuanto sea puesto bajo custodia por las autoridades mágicas del pueblo.

El cuerpo interfecto de Philip Holbrooke será enviado lo más pronto posible a la sede del Alto Gremio, en Moscú.

Además, tenemos entendido, gracias al informe de Morozov, que la maldición se transferirá al siguiente hermano.

Por tanto, los Altos Seguidores requerimos que Jason Holbrooke, que será el nuevo portador de la maldición, asimismo nos sea delegado para estudiar su caso y hallar una reversión del conjuro.

Nuestros expertos en enigmas mágicos creen que Jason, al ser más joven, soportará mejor los rigores de dichos estudios.

Y prevén una posibilidad —aunque mínima— de supervivencia.

Gustav, turbado, pensó: «Y si Jason también muere será el fin para el linaje de los Holbrooke. ¿Qué sucederá, pues, con la profecía del Liberador?» Siguió leyendo.

El Gremio de River Town, compuesto por hombres honorables, hará cumplir estos preceptos cuanto antes. Horace Holbrooke deberá morir, y también su sobrino Philip. En cuando a Jason, ha de ser enviado a nuestra sede de inmediato una vez sea encontrado.

Esperamos que no haya ninguna oposición.

Atentamente,

NILS MÅNS WOLFGANG ,

Principal de los Altos Seguidores

Más tarde, cuando la criada regresó para recoger las vajillas del desayuno —casi intacto—, Gustav preguntó por el señor Reedstter.

Había decidido contarle de antemano a Stephen sobre el contenido de la carta solo con la intención de ganarse su confianza; luego tendría que hacerlo con el resto del Gremio.

—Se encuentra en su estudio, señor —contestó la criada—. ¿Quiere que le anuncie su intención de reunirse con él?

—No.

Gustav se levantó. El corazón le martillaba el pecho.

Enfiló sin demasiada prisa el estudio de Reedstter mientras se valía del recorrido para aplacar sus sentimientos.

No quería que el señor Reedstter notara su inquietud.

Porque ciertamente estaba preocupado de lo que pudiera acontecer en los próximos días o semanas.

Sabía con toda seguridad que el Gremio no estaría dispuesto a cumplir la orden de los Altos Seguidores sobre el destino de los hermanos Holbrooke.

Aunque esto significara desafiar al Alto Gremio. Aunque significara su fin.

Cuando llegó, la puerta estaba abierta. Aun así, tocó. Stephen Reedstter, sentado tras su escritorio, alzó la mirada y bajó los documentos que tenía en sus manos. Sonrió.

—Gustav —dijo, animado—. No esperaba verte. Ven, acércate.

Gustav acató. Llevaba la carta de su padre en la mano.

Stephen fijó en ella su ávida mirada casi de inmediato.

Como si pudiera adivinar su contenido. La condena a muerte de Horace y Philip Holbrooke.

No sería de sorprender. El señor Reedstter era tanto ambicioso como inteligente, y alguien con estos atributos en el escenario adecuado fácilmente podía concluir lo que Gustav llevaba en sus manos.

Gustav tomó asiento. El tiempo pareció ralentizarse cuando dejó la carta en el escritorio de Reedstter, que apenas le había quitado la mirada desde que reparó en ella.

—Parece que han llegado noticias desde Moscú, ¿no? —preguntó, esbozando una sonrisa enigmática.

Gustav cuadró los hombros hacia atrás.

—Sí —respondió lacónico—. Terribles noticias.

—«Quizá no tan terribles para ti —pensó.

Sabía que a Reedstter le daría gusto enterarse, o confirmar, lo que decía aquella carta—.

No sería el primero de su estirpe, ni el último, que odie profundamente a los Holbrooke».

No hacía falta tener la doble vista para saberlo.

Como si hubiera oído sus pensamientos, Stephen sonrió, entrelazando los dedos sobre el escritorio.

—Te escucho —dijo.