23. «I Can Do It With a Broken Heart» – Taylor Swift #2
—Espera, ¿conoces a la Lana Guo? —Esta vez es Iván el que se da la vuelta para mirar a la mesa.
La pareja está enfrascada en una conversación con el chico, pero Lana parece distraída.
Mira a la mujer de vez en cuando, sonríe y asiente, pero termina por volver a fijar los ojos en nuestra mesa.
En... ¿en mí?—. Pero ¿no era británica? Juraría haberla visto en una serie con Zendaya hace poco, ¿puede ser?
—Sí, sí, puede ser —confirmo—. Su padre es un director de cine chino, pero creo que su madre es española.
—Emma y yo coincidimos con ella cuando llevábamos las redes sociales de TeensChannel, antes de que se mudara a Londres para continuar allí su carrera —explica Loreto—.
Hizo una serie original española para la plataforma, pero no fue demasiado bien.
Todavía recuerdo los junkets de prensa y lo desagradable que fue todo.
—Es que aquí vamos de modernos, pero hay más gente estúpida de la que creemos.
A las otras dos chicas no puede interesarles menos esta conversación, según parece, porque ni levantan la vista de sus móviles.
—¿Qué pasó? —quiere saber Iván, que sí que está atento.
—Lana acababa de transicionar por aquel entonces y, aunque la gente de prensa de la productora estaba al tanto, los fotógrafos y muchos de los periodistas iban gritando su nombre muerto en el photocall —recuerda Loreto—. Nosotras acabábamos de empezar. Era ¿qué? ¿Nuestro segundo junket ?
—Algo así —retomo yo. Tengo muchos recuerdos, pero dudo mucho que Lana los guarde—.
Fue todo tan incómodo, tan... violento. Recuerdo que me la encontré llorando en el baño en una de las pausas.
Estaba hecha un desastre y nadie se atrevía a acercarse más de la cuenta.
Yo no quería hacer como si nada, no era justo dejarla sola, así que...
me senté al otro lado de la puerta del cubículo y hablamos un rato.
No fue nada, ni siquiera creo que supiera quién era yo.
Luego tuvimos la entrevista y fue un encanto, pero se la notaba desanimada.
No pude sacarla de mi cabeza durante semanas.
Me fui del baño antes de que ella saliera, así que nunca llegó a verme la cara y no nos presentamos formalmente. En la entrevista que le hicimos Loreto y yo horas después tampoco le dije nada.
Solo éramos dos chicas en un baño.
Quizás me equivoque. Quizás sí que significó algo más.
—Yo creo que sí que fue algo , Emma. Está viniendo hacia aquí.
Cuando levanto la cabeza la encuentro encima de nosotros. Es una imagen insólita, como cuando se juntan dos mundos que siempre debieron mantenerse separados.
—Emma, ¿verdad? Perdona que te asalte así. —La chica sonríe de la manera más honesta que he visto hoy, y soy muy capaz de distinguirlas—. Soy... soy Lana. No sé si te acuerdas de mí. Coincidimos hace unos años, a lo mejor ha pasado mucho tiempo.
Recordaba que la voz de Lana era muy bonita, magnética, pero en esta playa es mucho más que eso.
Su ropa es sencilla, unos vaqueros largos y una blusa blanca con cuello barco. Lleva el pelo dorado suelto, recogido solamente detrás de las orejas, y un brillo en la cara que eclipsa todo lo demás.
—Lana, ¡claro! Por supuesto que te recuerdo. ¿Cómo no iba a hacerlo? Fuiste una de nuestras primeras entrevistas —digo, agarrando la mano de Loreto para mantenerme en el suelo—. No esperaba que tú te acordases.
No sé si levantarme a darle dos besos o no. ¿Un abrazo, mejor? No somos viejas amigas.
Creo que llevo demasiados segundos pensándolo y ahora sería raro.
—Sí, bueno, también fuiste una de mis primeras.
O de las pocas que recuerdo con cariño, por lo menos.
—La risa de Lana sale torcida, algo adulterada tras años de mucha educación y de callarse lo que realmente quiere decir—.
Me dio mucha pena cuando no te vi en los siguientes junkets . ¿Cambiaste de trabajo?
Miro a Loreto antes de contestar y la encuentro enfrascada en la pantalla de su teléfono, llamando la atención de Iván por debajo de la mesa. Disimulan fatal, sinceramente lo digo.
—Unos años después, sí. —Me yergo en la silla, intentando ponerme un poco más a su altura (aunque es altísima y no me he acercado casi nada)—.
Sigo trabajando en la misma empresa, pero ahora en el departamento creativo.
La vida en redes sociales es agotadora. Un par de años y parece que hayan pasado seis o siete, ¿sabes?
—Ya, ya me imagino —titubea, dándole vueltas a los anillos que lleva en los dedos, aunque ambas sabemos que no se lo imagina—.
Disculpa que os haya interrumpido, es que estaba comiendo con mis padres y mi hermano...
Bueno, hoy viene en calidad de agente, pero eso da igual.
En fin, solo quería saludarte y agradecerte lo amable que fuiste conmigo.
Nunca tuve la oportunidad y, a ver..., no es que lo piense todos los días, pero sí alguna vez.
—No fue nada, era nuestro trabajo.
La sonrisa que dibuja ahora es más sincera.
—No me refiero a eso. —Lana se acerca un poco a la mesa y toma mi mano entre las suyas, apretando suavemente.
Tiene la piel fría, en contraste con el calor que ha dejado en sus anillos—.
Me ha encantado volver a verte. Mucha suerte y disfruta de Sitges.
Es mi ciudad favorita de todo el mundo. Qué os aproveche mucho la comida, chicos. Ha sido un placer.
Farfullo una despedida, arrugando los labios y poniendo una mueca de puro desconcierto.
La actriz vuelve a su mesa casi flotando. Sus padres se giran con una expresión llena de cariño hacia nosotros al mismo tiempo que Loreto golpea la mesa gimoteando:
— ¡TIENE SEIS MILLONES DE SEGUIDORES EN INSTAGRAM!
—Emma, no sé qué le dijiste en ese baño, pero ¿podrías decírselo otra vez?
—Iván me mira directamente a los ojos, con una esperanza que le rebosa por los poros—.
Es justo el perfil que querías para la campaña.
Emergente, precisamente, no es, pero sus valores...
Desde Erea no podrán discutirnos nada si llegamos con esta propuesta.
Se habrán olvidado de Claudia antes incluso de que terminemos de hablar.
Que Lana Guo fuese la imagen de la campaña de Erea sería todo un sueño; es la persona perfecta: cercana, alguien con quien mucha gente se sentirá identificada, hayan pasado o no por lo mismo que ella.
Es un ejemplo de superación y de revolución.
Además, su familia vive en España, ella nació aquí, pero es conocida en todo el mundo.
Ni de coña va a querer involucrarse en algo así.
Se me hunden los hombros antes de que la derrota llegue a mi voz.