5. «Liar» – Camila Cabello #3
Durante nuestros primeros años juntas, Loreto no cesaba en su empeño por romper nuestra burbuja (completamente hermética por la cantidad ingente de trabajo que soportábamos) para que socializara más dentro de la agencia.
Pero eso nunca fue una prioridad para mí.
Si no estaba ahogada en tareas y copies , me encontraba tan cansada que siempre elegía quedarme en casa.
Fueron años complicados, perdí relaciones (o lo que podrían haberse convertido en ellas) por poner siempre el trabajo por delante, experiencias y las ganas por seguir descubriendo en quién quería convertirme.
De no haber sido por Loreto, no hubiese intercambiado palabra con nadie de la agencia más allá de lo estrictamente profesional.
Tras tantas negativas, supongo que se cansó. Y está bien, supongo. Ella siguió con su vida más colorida, y yo con la mía en tonos ocres, cuidándonos de nueve de la mañana a siete de la tarde, pero separándonos en la boca de metro.
nooooo, no te preocupes!
estoy en el sofá y no tenía pensado moverme más lejos del jardín hoy, la verdad
Ya me lo imaginaba... Pero tía, para el próximo te apuntas, vale? No querría que ahora que por fin parece que tienes ganas de vivir me lo vaya a perder yo!!!
Llevo años trabajando en ello y la Leire esa no me va a quitar el mérito
No creo que haya próxima vez, voy a decir que no
Y si me invento algo y así no hago el ridículo? Me sabe mal
Sin esperar a que Loreto me conteste, redacto un mensaje en las notas del móvil, intentando sonar lo más desenfadada posible, y vuelvo a entrar al chat con mi «no, gracias» plenamente educado en el portapapeles.
Loreto tiene razón. No lo ha dicho como tal, pero sé que lo piensa: requiere mucho esfuerzo llegar a conocerme.
O quizás sea yo, que lo pongo muy difícil.
Digo que no a muchos planes por si la invitación ha surgido por puro compromiso y casi nunca, por no decir jamás de los jamases, tomo la iniciativa, por si molesto.
Me debato constantemente sobre si lo que he dicho es correcto o si realmente le interesa a alguien. No me río muy alto para no ser estridente, ni hago bromas políticamente incorrectas fuera de mis círculos más cercanos, donde sí me permito bailar como si nadie me mirara.
Pego el mensaje y espero unos segundos antes de mandarlo, por si hay alguien conectado y se ha dado cuenta de que estoy escribiendo. No queremos que nadie piense que he escrito, releído y corregido el mensaje varias veces antes de enviarlo.
Holiiiiiii! Muchas gracias por pensar en mí, chicos! Me lo pasé súper ayer
Hoy imposible me temo, no me da la vida hahaha
Pero a la próxima me apunto!!
Esperaba que la cosa se quedase ahí y que mi respuesta vacía pero sencilla se perdiese entre los preparativos, pero la paz me dura escasos segundos.
Dejo escapar un suspiro que cuando entra una nueva notificación:
Beeeeeeeto @TODOS gente se cae el plan, cancelamos:(
Emma nos abandona, tiene cosas más importantes que hacer
«Qué mono. No entiendo nada, pero qué mono».
Nooooooooooo!!!! No os abandono!
Es que ya había quedado 🙁
«Mentira, mentira, mentira».
Beeeeeeeto uuuuuuuuuh con quién? conocemos al afortunado?
Leire de Jesús * sticker de un gatito emocionado*
Creo que aún estoy a tiempo de decir que me quedo en casa y que, en realidad, los afortunados serán mis perros, que compartirán conmigo un paseo estupendo al atardecer y una entretenida velada en el sofá leyendo mi comedia romántica de la semana.
El móvil vibra con un mensaje nuevo, esta vez de Gabi. Es una foto de la nota de Lukas, y justo debajo puedo leer: «Por si no tienes planes esta noche, aunque todas sabemos que prefieres mil veces a Emily Henry».
Envalentonada, vuelvo al chat de la agencia.
«Dios, perdóname por mis pecados».
Noooo, es un camarero francés que me ha conquistado tirándome cafés encima;) ya os cuento!!
Leire de Jesús SOS
Queremos informe detallado.
Qué romántico!
La romcom del verano!
Si necesitas que te salvemos manda muchos croissants y vamos a buscarte!
El chat se empieza a llenar de mensajes y yo siento que me empieza a faltar un poco el aire. No sé por qué he mentido, pero una cita inventada con un chico al que no voy a volver a ver me parece una mentira piadosa. No tiene importancia.
No quiero perder la oportunidad de caerles bien, porque, de repente, me apetece, lo quiero; aunque tenga que reflejar lo que cada uno de ellos egoístamente quiera ver en mí para conseguirlo.
Merecerá la pena si es el camino a seguir para…
empezar a vivir. Y parece que voy por buen camino.
Mis planes de señora jubilada pueden seguir siendo un secreto.
Cierro la aplicación sin contestar a Gabi ni leer el último mensaje de Loreto, bloqueo el teléfono y me tumbo en el suelo junto a Damon. Tengo que admitir que sí, se está mucho más fresquito aquí.
Intento entonces dejar la mente en blanco, pero un camarero rubio con ojos azules invade sin ningún pudor mis pensamientos.
Su melena blanquecina, como decolorada por el sol, sus brazos musculosos, y su maestría para caer encima de chicas sin romperles ningún hueso, digna de Hollywood.
Pero también su tono robótico, extraño, atropellado.
He leído suficientes romances como para darme cuenta de que hay algo que no encaja, pero no sé qué es.
Aparentemente, ha sido un meet cute perfecto, ¿no?
No voy a escribirle.
Pero, si bien no voy a ser la protagonista de «la romcom del verano», me conformo con que alguien piense que podría serlo.