3. «idontwannabeyouanymore» – Billie Eilish
idontwannabeyouanymore – Billie Eilish
He dormido fatal, como era de esperar. Llevo desde las tres y media, cuando ya me cansé de dar vueltas en la cama, repasando el guion de la presentación de hoy. Saludo, desarrollo, referencias, chascarrillo. Una y otra vez.
La tormenta amainó de madrugada, así que he podido estudiar en el jardín, iluminada solo con la luz del portátil y tomándome un café tras otro.
Solo alrededor de las cinco conseguí dejar de mirar de reojo hacia el huerto donde descansan los restos de la peor noche de mis veinte.
Todavía estoy tratando de convencerme a mí misma de que ningún espíritu maligno se ha colado en mi casa y me ha echado una maldición.
Nunca he sido la protagonista de nada, y seguro que hoy no es el día en el que comienza mi película de terror.
Me lo he repetido ochocientas veces, hasta darme cuenta de que la repetición también es una técnica de manifestación.
Tras el largo viaje hasta el centro de Madrid, me dirijo a comprar mi cuarto (¿o quinto?) café del día antes de ir a buscar a Loreto, porque estoy luchando con todas mis fuerzas por mantener los ojos abiertos.
—Emma, querida, ¡estás monísima hoy! —exclama con demasiado entusiasmo Tere, la única camarera capaz de preparar algo medianamente bebible con el café quemado que sirven aquí—. ¿Con avena, como siempre?
Ella también es la única persona que recuerda mi nombre y mi intolerancia a la lactosa. Es encantadora, y mi segunda persona favorita de todo el edificio, después de Loreto.
—Sí, Tere, muchas gracias. Tengo una reunión importante ahora y tenía que estar presentable.
—¡Pues estás radiante! ¿A que sí, Pablo?
El más joven se gira con un semblante vidrioso desde detrás del mostrador a corroborar lo monísima que debo de lucir, mientras yo me muero de vergüenza.
Y no solo él. Con una mirada a la cola que se ha formado detrás de mí puedo ver, al menos, seis pares de ojos asintiendo, como si Tere hubiese lanzado la pregunta a un auditorio entero.
«Qué raro...».
—Venga ya, que me sonrojo. Te pago con tarjeta —digo cabizbaja, intentando no hacer contacto visual con nada que tenga ojos.
Tere me regala una sonrisa de viernes por la mañana (mucho más brillante que la de cualquier otro día de la semana) y sacude la mano en el aire, tapando el datáfono.
El equipo que trabaja en la cafetería siempre me pone de buen humor, absolutamente todos. Tienen la extraña capacidad de cargarme las pilas casi sin querer.
—Mil gracias, Tere, pero tenéis que dejar de invitarme a cafés. Mi adicción no os puede salir rentable.
—Anda, niña, no digas tonterías. Eres de las pocas que nos trata como iguales. No puedo ponerle mala cara a todo el mundo, que me saldrían arrugas, pero sí alegrarle la mañana a quien yo considere.
Le doy las gracias, porque me trata demasiado bien, y me giro hacia la pequeña multitud que hace cola para conseguir un café. Algunos arrugan la cara para sonreírme con los ojos, con la nariz, otros elevan la cabeza y las cejas, saludándome.
«¿Qué le pasa a todo el mundo?».
No conozco a ninguno, así que enfilo el pasillo desbloqueando el móvil y haciendo como que miro algo de lo más apasionante.
Cuando llego a la sala de reuniones, me uno a Loreto, que espera en la puerta haciendo equilibrios con nuestros portátiles y su té.
Solo veo a Biel, al resto de los jefes y a la otra dupla que presenta hoy: Nicolás y Beto, que ya se han sentado lo más cerca posible de la pantalla.
Se les suele antojar hacer algún tipo de performance durante sus presentaciones, como si fuesen dos vendedores de la teletienda, y no sé qué tendrán preparado esta vez.
No hemos querido preguntarles, por si acaso nos hacían partícipes. Ya cometimos ese error una vez.
—¿Qué te ha pasado en la mano? —La confianza da asco, y Loreto ya no se para a darme los «buenos días».
Conexión ininterrumpida, una delicia.
—Por más que frote, no consigo quitarlo. Me explotó un boli anoche...
—¿Se te explotó un boli? ¿Qué tienes, trece años?
Pongo una mueca y le saco la lengua, a lo que me responde apoyando la cabeza sobre mi hombro.
Lo que decía, conexión ininterrumpida.
Quien sí aparece mientras Biel lucha con los cables de la pantalla es el chico del ascensor, con andares de pavo real, seguido de Nuria, y ambos se sientan a la mesa.
Tiene una pinta de engreído que no se la cree ni él, con la cabeza en alto y esa sonrisa de suficiencia... Después del episodio de ayer, he decidido que me cae mal. No lo conozco, eso es verdad, pero mis poderes psíquicos y mi sexto sentido me apoyan en esto.
tiatiatiatiatiatia
qué hace este aquí?
LP
***
Por qué me escribes por Teams? ESTOY A TU LADO
Iván? Lleva la cuenta de Erea con Nuria
¿eres nueva o qué? Si te lo dije ayer
En mi defensa diré que no recuerdo que especificara que el imbécil del ascensor llevara la cuenta para la que siempre hemos querido trabajar, Erea Cosmetics. Es un detalle que recordaría.
Iván sonríe en nuestra dirección. Nuria también, aunque su sonrisa me da mal rollo. Creo que es la primera vez que leo en su expresión algo que no sea una soberbia absoluta.
Qué ha desayunado Nuria para
estar tan contenta de repente?
LP
Sangre de primogénito
DEJA DE DISTRAERME 3
Se hace el silencio, la calma antes de la tormenta, y Biel empieza a hablar.
En estas reuniones tiendo a disociar un poco hasta que llega nuestro turno, algo de lo que me suele avisar Loreto.
Me pierdo la introducción de mi jefe, una pequeña —aunque estridente— intervención de Nuria y el nada sorprendente show de Nico y Beto, que se han tapado los ojos para recrear el escape room que plantean como campaña de marca.
Nosotras vamos después.
No ha sido un brief fácil, desde luego, pero estoy contenta con nuestra idea. Lo que nos pedían era todo un reto.
El producto es un sueño: promete ser la primera línea de labiales que acentúa tu propio pigmento, adaptándose a tu tono de piel e, incluso, cambiando ligeramente de color según tu humor o temperatura corporal.
Perfectos para besar, porque son intransferibles, veganos, cruelty-free y testados dermatológicamente para un uso diario.
Tras tantas semanas de trabajo, podría recitar sus características de memoria.
La marca, Erea, es otro sueño, pero de esos que se tornan algo turbios hacia el final y que hacen que te despiertes con un cúmulo de emociones contradictorias y la boca pastosa.
Loreto y yo siempre hemos sido fieles seguidoras. Es el único maquillaje que no se me derrite ni me provoca ronchas, pero la compañía ha tomado decisiones cuestionables y busca desesperadamente un lavado de imagen que un escape room para influencers difícilmente les otorgará.
Loreto lidera nuestra presentación mientras yo voy explicando las creatividades, la acción especial de guerrilla y el colofón final con un spot que grabaríamos con una influencer relevante, pero que defienda sus valores.
Lo presentamos de una manera amable, cercana, casi divertida, y hablando siempre en futuro y nunca en condicional.
Como si la decisión estuviese ya tomada.
Existe una regla tácita sobre lo serio que debe mantenerse todo el mundo en estas reuniones: ninguna pista de aprobación o rechazo. Nada. En todo caso, indiferencia.
Hoy, sin embargo, todo son asentimientos, sonrisas, guiños entre los jefes... Casi se respira entusiasmo en la sala. Es un olor tan fuerte que consigue distraerme. Es solo un segundo, pero las palabras de Iván me zarandean de vuelta a la realidad.
—No lo veo, chicas.
Si el silencio se escuchase ahora mismo, sería barítono.
Todas las cabezas se giran hacia él, que ha interrumpido nuestra presentación sin ningún tipo de pudor. Y me ha hecho perder el hilo tan de sopetón que ni siquiera pienso en preguntarle en qué detalle es posible que haya visto el más mínimo error.
«¿Y la educación?».
—¿Qué dices, Iván? —interviene de pronto mi jefe, dando un sonoro golpe sobre la mesa—. ¡Es una idea estupenda! Emma, enhorabuena. Y Loreto, claro. ¡Muy bien planteada, chicas!
Tras el golpe inicial, este segundo me deja completamente descolocada.
Iván se mantiene serio y Nuria no para de sonreír. Hasta hoy, no sabía que pudiese hacerlo.
—Me parece espectacular y muy potente —comenta ella, mirándonos de hito en hito. Es entonces cuando se gira hacia Biel—. ¿Te he dicho ya que me encanta esta chica, Biel? Muy buen fichaje.
« ¿QUÉ? Y... ¿cómo que fichaje?».
Mi cara es un cuadro, pero no es la única.
Loreto está fuera de mi campo de visión, pero escucho cómo se le atraganta una respiración a mi lado. Cuando la miro, tiene la cabeza alta y los brazos doblados a media altura, con los puños apretados. Está a un milisegundo de levantarlos hacia el techo y gritar como un vaquero.
Iván también parece que esté a punto de gritar, pero seguro que es porque su ego no permite que le lleven la contraria en público.
Creído.
—Nuria, no estoy diciendo que sea mala —dice apenas mirándola—. Al contrario, me gusta mucho. Solo creo que es un poco... temeraria, y que les va a dar miedo. No podemos poner en riesgo nuestra relación con Erea y siento que esto les va a echar para atrás, eso es todo.
—Sin una campaña así, están acabados.
No sé qué clase de espíritu maligno se ha apoderado de mi cuerpo, porque yo jamás discuto el feedback , esté o no de acuerdo.
Pero aquí me encuentro, al frente de una sala en completo silencio, siendo el centro de todas las miradas que se debaten entre la sorpresa absoluta por parte de Iván y mi dupla, y las sonrisas estáticas del resto.
«¿Quizás sí que me metí en problemas anoche?».
—¿Eso piensas?