Enamorarse de un vampiro es un caos 51. Zavier #2
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51. Zavier #2

—Más. Necesitas más.

Me obedece y sigue succionando antes de que vuelva a ser yo el que beba de ella.

Seguimos turnándonos, y noto que el vínculo es más fuerte cada vez. La siento con mayor plenitud, percibo sus emociones. Las parejas no pueden leerse la mente, pero sí sentir ciertas cosas, como las intenciones.

Cuando el vínculo se completa, los dos jadeamos sorprendidos.

Sentimos como si una goma se hubiera estirado, vuelto a su lugar y rebotado por la fuerza.

Celine parpadea hacia mí.

—Eso ha sido…

—Lo sé. —La beso, la atraigo hacia mis brazos y la meto entre las sábanas—. Duerme —la animo, y le doy un beso en la cabeza.

Por suerte, está demasiado cansada para discutir. Se queda dormida con la cabeza en mi pecho, y su respiración tranquila me hace cosquillas en el abdomen.

—No pienso dejarte marchar —le prometo—. Nunca más. Por nada en el mundo.

Nuestro corto remanso de paz pronto se ve interrumpido. Pasa menos de una hora antes de que Ava aparezca en el piso, tocando a la puerta con fuerza.

—Más vale que estéis ahí dentro. Os he buscado por todas partes en la discoteca, y nada. Es como si hubierais desaparecido.

Muy a mi pesar, aparto a Celine a un lado, y ella gimotea.

—Tu amiga, la que parece un pitbull feroz, ha venido a verte.

—Los pitbull no son feroces —replica ahogando un bostezo.

—Vale —cedo—. Tu amiga, la que parece un dragón feroz, ha venido a verte.

—O me abrís ahora mismo o me voy a poner a gritar. Tres, dos…

—Ábrele —dice Celine.

Me pongo los calzoncillos y aparezco ante la puerta en menos de un segundo.

—Entra, duendecillo rosa —gruño.

—Gracias. —Pasa por delante de mí con la barbilla levantada con altivez—. Qué grosero por tu parte dejarme sola en la escena de un crimen que has cometido tú . Un coche estampado en una discoteca y un montón de cuerpos descuartizados.

—Lo siento. —Me froto la mandíbula para tratar de no sonreír.

—Solo quiero ver a Celine —me dice.

La puerta de la habitación se abre y aparece ella en bata.

—Siento haberte mentido —le dice a su amiga—. Necesitaba encontrar a Zav.

—Para follar, está claro. Dios, odio estar soltera —gime, y echa la cabeza hacia atrás—. ¿Estás bien? —Cruza el salón para abrazar a Celine.

—Lo estaré —responde, y me sonríe por encima del hombro de su amiga—. Tengo a Zav. —Ava se aparta para fulminarla con la mirada—. Y a ti —añade—. Eres un amor, Ava.

—¿Y qué? ¿Yo no lo soy? —Me señalo—. No es justo. —Cojo a mi apoyo emocional felino del suelo, que maúlla a mis pies, y lo acomodo en mis hombros—. Al menos soy el favorito de alguien.

Celine pone los ojos en blanco ante mi dramatismo, y las cosas, por increíble que suene esto, casi parecen normales. Aunque en el fondo sé que tendrá que pasar un tiempo antes de que todo vuelva a su sitio, pero estaré a su lado para apoyarla en lo que necesite.

Ava inspira hondo y le aprieta la mano a Celine.

—Ahora que sé que estás sana y salva en casa, ya puedo marcharme.

Celine tira de la muñeca a su amiga.

—Podrías quedarte en el piso de Zav, si te apetece, así no tienes que irte a la otra punta de la ciudad.

—No pasa nada. —Ava se recoloca un mechón de pelo rosa detrás de la oreja—. La verdad es que voy a tener que buscar piso dentro de poco. Mi contrato de alquiler vence en un mes.

Me rasco la barbilla.

—Mi apartamento va a estar vacío de ahora en adelante, así que es tuyo, si lo quieres.

—Celine me echa esa mirada, una con la que me dice «Disculpe, caballero, ¿qué quiere decir con eso?

». Y yo le devuelvo otra con la que le indico «Eres mi pareja, y no vas a deshacerte nunca de mí, así que acéptalo».

—¿En serio? —pregunta Ava, sorprendida.

—He pagado el alquiler hasta final de año. Es tuyo, si lo quieres —repite.

—¡Zavyyy! —grita. Corre hacia mí y me rodea la cintura con los brazos. Gruño al sentir el impacto. Para ser tan pequeñita, es bastante fuerte—. Gracias.

—Ajá. —Le doy unos toquecitos en la cabeza.

Ava se aparta de mí.

—Me voy. Está vez de verdad.

Abro la puerta y la cierro en cuanto Ava se marcha.

Celine se acerca y me rodea con los brazos para acurrucarse contra mí.

—Así que te mudas, ¿eh?

Le sonrío desde arriba.

—Ahora que sé que estás enamorada de mí, ¿qué más da si vivimos en el mismo apartamento?

Celine suspira con dramatismo.

—Tienes razón, compi de piso.

Le doy un beso en la mejilla.

—Creo que prefiero «marido».

Echa la cabeza hacia atrás y se ríe.

—Acabo de aceptar nuestro vínculo de pareja. —Me da un golpecito en el estómago—. Pausemos por ahora eso del matrimonio.

—Pero ¿te casarás conmigo algún día? —No puedo contener la sonrisa.

—Algún día —asiente.

—¿Y tendremos bebés?

—Zav… —gime.

—Serán los bebés más bonitos del mundo entero —intento convencerla.

—Quizá —cavila, y se acerca para recolocarme las gafas.

Ese «quizá» pronto será un «sí».

Entrelazamos los dedos.

—Volvamos a la cama.

Dejo que me arrastre mientras sonrío como un idiota. A pesar del infierno de las últimas semanas, esta vez el futuro parece sonreírnos.

Nos metemos en la cama, y la rodeo con el brazo por detrás.

Le doy un beso en la oreja.

—La espera ha valido la pena.

Percibo su sonrisa.

—Cierto.

Le doy un pellizco por ese comentario tan narcisista, y empieza a reírse sin parar.

Nunca, en todos mis siglos de existencia, llegué a imaginar que sería tan feliz, pero tengo muchísimas ganas de descubrir qué me espera con mi pareja a mi lado.