Enamorarse de un vampiro es un caos Epílogo. Celine
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Epílogo. Celine

Epílogo

Celine

Tres semanas después

—¿Qué demonios hay aquí, Ava? —Jadeo mientras dejo en el suelo del nuevo apartamento de Ava una de las cajas de cartón de la mudanza.

—Eh… —Le echa un vistazo—. Creo que son mis productos para el pelo.

—Me lo imaginaba. —Intento recuperar el aliento.

Zavier, en su línea, aparece por detrás de mí y deja en el suelo tres cajas grandes. Desde que Ava sabe lo suyo, no le preocupa ocultar su verdadera naturaleza.

—¿Zavyyy? —Ava se pone las manos en las caderas—. Despeja mi curiosidad… ¿Cómo conseguiste un apartamento justo al lado del de Celine? —Empieza a dar toquecitos en el suelo con el pie—. Ahora que te conozco mejor, algo me dice que no fue suerte.

Zav me mira con los ojos muy abiertos y sorprendidos.

—Eh…

—Solo digo —continúa Ava— que me extraña que este piso estuviera en alquiler antes de que te mudaras.

Zav me pide disculpas con la mirada y me ofrece una sonrisa avergonzada.

Me quedo boquiabierta.

—¡Zavier! ¿Mataste a Cory?

Al instante, levanta las manos en señal de inocencia.

—No fue culpa mía, de verdad. Empezó a contarme un montón de cosas muy feas sobre ti, así que quizá le golpeé con demasiada fuerza y lo maté. Fue un accidente.

—Zav… —gruño, dudando mucho de que lo fuera.

Él se encoge de hombros y me vuelve a lanzar una sonrisa triste.

—Ups.

—Así que lo mataste. En este lugar. —Ava señala el suelo y él asiente—. Joder. ¿Y si está encantado?

—No —responde al instante—. Todo el mundo sabe que los fantasmas no existen.

—¿Y los vampiros sí? —replica ella.

Verlos discutir me divierte muchísimo. Ava y Zavier se parecen bastante. Ambos son obstinados y tercos hasta decir basta.

Un ruido proveniente de la puerta principal, que está abierta, me llama la atención, y se me cae la mandíbula al suelo ante lo que veo.

—¡Valen! —jadeo.

Puse a Zavier al día sobre mi compañero de celda y le conté que estaba muy preocupada por él, ya que no sabía si había desaparecido o seguía con vida.

Zavier se puso en contacto con algunos de sus amigos vampiros, pero nadie parecía saber nada de ningún Valen.

Pero aquí está, con un aspecto infinitamente mejor que la última vez que lo vi.

Todavía tengo muchísimas preguntas sobre lo que estaba ocurriendo en el sótano de Vex y por qué tenía a Valen cautivo, pero tendrán que esperar.

Necesito recuperarme, no solo a nivel físico, sino también mental.

He pedido una excedencia en el trabajo. Seguir resolviendo crímenes y asesinatos es demasiado para mí ahora mismo.

Me acerco a Valen, y me doy cuenta de que su piel es de un tono aceitunado más cálido y que se ha cortado el pelo. Lo tiene largo por arriba y corto por los lados. El rostro afeitado muestra una mandíbula angulosa. Lleva unos vaqueros nuevos y una camiseta debajo de la chaqueta.

—Hola —dice con voz áspera y ronca, como si llevara tiempo sin hablar—. Siento mucho haberme marchado de esa forma.

—No pasa nada —le digo mientras camino hacia él. Las lágrimas me queman los ojos. Me alegra mucho saber que está bien—. ¿Puedo darte un abrazo?

No espero a que responda; paso por delante de mi pareja y rodeo con los brazos a ese vampiro gigante.

—Me salvaste.

Valen me da unos golpecitos en la cabeza un tanto incómodo.

—Te salvaste tú.

Le suelto y doy un paso atrás.

—Me alegra ver que estás sano y salvo. Estaba muy preocupada por ti.

—Necesitaba pasar un tiempo a solas —dice—. Pero creo que voy a quedarme un tiempo en la ciudad. Estoy buscando un sitio en el que vivir.

—Oh —jadeo—. Quizá podrías mudarte aquí con Ava —sugiero—. Está buscando un compañero de piso. —A pesar de que Zav ya tiene pagado el alquiler, Ava nos ha dicho que no quiere vivir sola ni ser nuestra sujetavelas.

—Espera, ¿quién es este? —Ava señala a Valen—. Parece que hay cosas que no me habéis contado.

—Es Valen. Fue mi compañero de celda, y me ayudó a escapar de allí.

La boca de Ava forma una letra o perfecta.

—Entiendo.

—Valen, ella es Ava. —Señalo a mi amiga y al vampiro.

—Choca esos cinco, compañero. —Ava extiende la mano hacia él.

Valen se lo piensa unos segundos antes de aceptársela y, de pronto, abre mucho los ojos.

—No creía que fuera posible… —susurra con un jadeo—. Pero es cierto. Eres tú.

Ava frunce la nariz.

—¿Eh? ¿Qué?

Valen la observa como si estuviera viendo el sol salir por primera vez.

Las palabras que salen de su boca nos sorprenden a todos:

—Eres mi pareja destinada.