49. Zavier
Zavier
Rompo todas las leyes de velocidad conocidas por el ser humano para llegar en coche al otro lado de la ciudad. Siento mucho rencor ahora mismo, pero se me ocurre una idea mientras nos acercamos al edificio.
—Uf, Zav. —Ava se aferra a la agarradera que tiene encima de la cabeza—. Frena un poco.
Piso el acelerador con fuerza.
—¡Zavier! —Ava me da un golpe en el brazo cuando el edificio aparece ante nuestros ojos.
Por suerte, no hay nadie detrás de mí en ese momento, así que piso a fondo.
El cristal se hace añicos y los ladrillos caen a nuestro alrededor cuando me lanzo con el coche contra la puerta principal del edificio.
Me vuelvo con rapidez para proteger a Ava de cualquier daño.
Saltan los airbags, y ella grita ante nuestra entrada inesperada.
Es de día, así que la discoteca está cerrada, aunque parece que acabo de abrirla.
—¡Maldito hijo de puta! —grita Ava, y me río a modo de respuesta—. Avísame la próxima vez que tengas pensado chocar con un maldito edificio.
Celine está aquí, lo sé, y una puerta cerrada no me impedirá llegar hasta ella. Desde que a Ava se le ha ocurrido esta idea, he sentido una presentimiento en el pecho. Sé que está aquí.
Me echo hacia atrás e inclino el espejo retrovisor roto para verme.
Tengo un mechón de pelo fuera de lugar, así que lo coloco en su sitio.
Mientras tanto, Ava tose y me mira como si me hubiera salido un tercer ojo.
Sabía que no le pasaría nada. Jamás la pondría en riesgo. Además, conduzco de maravilla.
Salgo del coche y examino la sala. El coche está destrozado, pero ha merecido la pena. Ya me compraré otro. De hecho, esta vez pienso dejar que lo escoja Celine. Voy a darle todo lo que quiera siempre y cuando vuelva a mis brazos.
Ava intenta mantener mi brutal ritmo mientras inspecciono el área, aunque sé que no estoy teniendo paciencia. Hace amago de seguirme cuando abro la puerta trasera de la sala, pero extiendo el brazo para impedírselo.
—Tú te quedas aquí. —Frunzo el ceño—. No quiero que te veas involucrada cuando aparezca la policía.
—¿Estás de coña? Lo más seguro es que Celine esté aquí. Es mi mejor amiga, ¿y pretendes dejarme al margen? —trata de discutir mientras patea el suelo como una niña mimada—. Acabamos de chocar con el edificio. Ya soy cómplice.
—No hay nada que discutir, Ava. No puedo arriesgarme a que te hagan daño si es aquí donde la tienen.
Puedo obligar a todo el mundo a que olvide que estás implicada en esto.
Ahí abajo solo habrá vampiros, y no me servirás de ayuda, solo serás un estorbo.
No pretendo ofenderte, pero es la verdad —intento razonar con ella, ansioso por entrar—.
Celine jamás me perdonará si te pasara algo —añado, porque sé que este argumento será suficiente para hacerla entrar en razón—.
Cruza la calle y ve a la tienda de cerámica, allí estarás a salvo.
Estoy seguro de que querrán llamar a la policía, e intento evitar el mínimo daño colateral posible, así que, por favor, diles que ya han informado los dueños del local.
—De acuerdo. Pero, en cuanto encuentres a Celine, ven a buscarme para que pueda verla. —Ava cede y corre al otro lado de la calle.
Con esto resuelto, abro la puerta con ganas de montar una carnicería ahí abajo.