Enamorarse de un vampiro es un caos 47. Zavier
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47. Zavier

Zavier

Una explosión rosa me saluda en cuanto entro en el apartamento. Ava se ha instalado temporalmente aquí, ya que me niego a dormir en ninguna otra parte que no sea en la cama de Celine. Además, Ava vive al otro lado de la ciudad, así que tenía sentido que se quedara aquí unos días.

No he tardado mucho, solo he pasado por la cafetería de Luna para recoger algunas bolsas de sangre y ponerme al día con ella, aunque cuando llego veo que Ava se siente como en casa. El apartamento no es mío, así que no me importa.

Estos últimos días, hemos estado repasando los mapas de la ciudad y recorrido las distintas rutas a pie y en coche.

Ella se ha centrado en hacer esto último, ya que no quiero que se ponga en peligro.

Además, yo puedo llegar a diferentes lugares mucho más rápido, dada la velocidad y la fuerza sobrenatural que tengo.

Hasta ahora, nuestra búsqueda no ha dado frutos, y empezamos a perder la esperanza.

Que el secuestrador de Celine haya logrado despistar a mis contactos me parece inaudito. Es mejor de lo que me esperaba.

Siento que poco a poco estoy perdiendo la cordura, y Ava me ha lanzado alguna que otra mirada de preocupación.

Jamás le haría daño, sé lo importante que es para Celine.

Además, le he ido cogiendo cariño, pero eso no quita que su presencia me cueste.

Nos parecemos más de lo que quiero admitir.

Celine tiene una muy buena amiga. Ava solo deja de buscarla cuando tiene que irse al trabajo, pero retoma la búsqueda en cuanto acaba su turno.

Conforme va pasando el tiempo, nos inventamos la excusa de que el padre de Celine la necesita, ya que no podemos seguir fingiendo que está demasiado enferma como para no acudir al trabajo.

—¿Dónde buscamos hoy? —Ava se sienta a mi lado en el sofá con un plato de comida tailandesa.

Estiro las piernas y saco la libreta. Hemos hecho una lista que ocupa varias páginas y tiene más tachones de los que me gustaría, pero nos indica dónde rastrearemos.

Digo algunos nombres en voz alta, y Ava se queda helada.

Deja la comida en la mesa con un gesto descuidado, y algunos fideos terminan ensuciando las hojas. Gruño al ver cómo se filtra la grasa.

—¡Somos idiotas! —grita, y se golpea la cabeza con la palma de la mano—. Sé a dónde tenemos que ir. Nos estamos centrando en los lugares equivocados. —Se mete unos fideos en la boca y corre a coger el abrigo y los zapatos.

Decido seguirla. Por cómo está actuando y ha dejado el plato a medias, parece que está segura. Otra cosa que he aprendido de Ava es que se toma muy en serio lo de pedir comida a domicilio.

—¡La discoteca! —grita mientras corremos por el pasillo—. ¿Cómo no se me ha ocurrido antes? Celine siempre sospechó que en Vex pasaba algo raro. Creía que estaba paranoica, pero tiene sentido, ¿no? —No espera a que le responda—. Ha de ser ahí.

Niego con la cabeza, pero decido seguirla hasta el ascensor.

—He pasado por allí un par de veces, aunque no he olido nada ni he encontrado indicios de que pueda estar ahí.

—Solo hemos estado en la zona abierta al público.

Una vez Celine intentó entrar en la parte de atrás, pero la detuvieron los matones que había en la puerta.

¿Recuerdas lo que nos contó de los secuestros?

—Ava se cruza de brazos—. Además, dijiste que su olor desapareció el día que la secuestraron.

Creo que estás siendo un poco arrogante y que confías demasiado en tus poderes vampíricos.

Niego con la cabeza, confundido.

—Pensaba que el caso Vex ya estaba cerrado. Celine me dijo que encontraron el cuerpo de la chica desaparecida y que no pudieron relacionarlo con la discoteca.

Ava se vuelve hacia mí, exasperada. Para que luego Celine diga que soy yo el que no tiene paciencia.

—Las dos escuchamos cosas sospechosas la primera vez que estuvimos allí, y sé que Celine no está de acuerdo con la forma en que cerraron el caso.

Tiene que estar en la discoteca. Me lo dice mi sentido arácnido, Zavier.

—Mueve los dedos—. La mujer con la que Celine habló era muy rara.

—Los tacones de Ava tamborilean en el suelo—.

Había algo perturbador en ella. —Se estremece al recordarlo.

—¿Qué mujer? —Ladeo la cabeza mientras salimos del ascensor—. Celine no mencionó a nadie.

—Anda, así que hay cosas que me cuenta a mí y no a ti, ¿eh?

—Me saca la lengua, y yo hago lo mismo—.

La mujer que acudió a la policía para denunciar la desaparición de su amiga se llamaba Genevieve.

Pero ya no estoy tan segura de que fueran amigas.

Quizá solo fue un pretexto para acercarse a Celine.

—Tienes que estar de coña. —Me hierve la sangre al ver que las piezas comienzan a encajar. Se reunió con Celine a mis espaldas y, como por alguna puta razón su aroma es indetectable para mí, no me enteré de nada.

Pongo al día a Ava y nos cabreamos muchísimo, aunque, por primera vez en casi dos semanas, albergo algo de esperanza.

Solo rezo para que Celine esté sana y salva cuando llegue hasta ella.