Enamorarse de un vampiro es un caos 46. Celine
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46. Celine

Celine

Sigo sentada con los ojos cerrados en un húmedo rincón de mi celda, preguntándome cuánto tiempo llevo aquí abajo.

Sin mucha comida, agua ni un descanso apropiado, noto que la debilidad se va apoderando de mí.

Un par de veces me he despertado, y había trozos de pan duro y un cuenco de agua delante de la celda, pero no es suficiente.

Valen está en su sitio de siempre, envuelto en la oscuridad.

Todavía no sé mucho sobre él, y tampoco es que me ayude con sus respuestas monosilábicas, pero me da lástima.

Hemos intentado trazar un plan e imaginar distintos escenarios para escapar, pero sé que cree que todo es inútil. ¿Cuántas veces habrá intentado huir sin éxito? Llevo un tiempo alimentándole y sé que está recobrando las fuerzas. Tiene un tono de piel más cálido y las mejillas algo más sonrojadas.

El sonido familiar de un portazo resuena por la cárcel y, quien sea que se dirige hacia nosotros, parece muy enfadado. Se oyen unas pisadas muy agresivas, y no tengo que esperar mucho para saber de quién se trata.

—¿Me habéis echado de menos? —Genevieve se sienta con las piernas cruzadas delante de mi celda y me lanza algo. El objeto rebota en el suelo y rueda hasta mis pies.

Extiendo la mano hasta que toco el objeto y lo levanto para ver qué es. Genevieve lo observa con un brillo sádico en los ojos, lo que supone un gran contraste a su belleza vampírica.

—¿Una figura de ajedrez? —Palpo las protuberancias y los relieves de la reina.

Sonríe burlona, y en su mirada destella el peligro.

—Le advertí a Zavier lo que iba a pasar si no me obedecía, y él va y me desafía… He tenido que demostrárselo. —Se encoge de hombros como si nuestra conversación fuera trivial—. Quizá ahora se lo tome más en serio.

Cierro los dedos alrededor de la pieza y entorno los ojos para concentrarme.

¿Ajedrez? ¿Zav?

¡Tom!

Dios mío, ¡Tom!

—Dios mío. —Al instante comprendo a qué se refiere—. ¿Qué le has hecho?

Frunce los labios en un falso puchero burlón y chasca la lengua como si intentara consolarme, aunque sé que eso es lo último que haría esta mujer.

—Lo que tenía que hacer, Celine. Sé que tu patético cerebrito de humana no puede entenderlo, pero Zavier solo se está haciendo el duro conmigo. Así que he tenido que llamar un poco su atención. —Sonríe victoriosa y se aparta un mechón de pelo liso.

—¿Le has hecho daño a Tom? —logro articular con horror. Cuando aprieto la pieza de ajedrez, noto que se desprenden unas gotas de sangre seca, y temo que haya ido mucho más allá de eso.

—Lo he matado. —Genevieve confirma el peor de mis temores. Se ríe, y siento como si su risa fuera un cuchillo directo a mi corazón. El sonido es agudo, pura maldad.

¡No!

Aprieto los labios formando una línea fina e intento mantener la expresión lo más neutra posible; sé que pretende que reaccione, y no pienso darle esa satisfacción.

Pobre Zav.

No puedo ni imaginar el dolor que sentirá… Ha perdido a su único amigo. Estará destrozado por no poder encontrarme, y ahora esto… Si es que no lo tiene atrapado aquí, claro. La ira empieza a crecer en mis entrañas, y una chispa se enciende cuando la furia se apodera de mí.

—¡Eres un maldito monstruo! —Le lanzo la pieza, a pesar de que sé que no le haré daño, pues es inmortal—. Zav jamás estará contigo. Él me quiere a mí , y prefiero morir antes de que me uses como un peón para llegar a él.

Un sonido animal sale de Genevieve, y, antes de que pueda parpadear, está dentro de mi celda obligándome a tumbarme de espaldas en el suelo con una mano alrededor de la garganta. Gruñe y acerca los colmillos hacia el pulso que me late, agitado, en el cuello.

El miedo me paraliza. Sé que podría partirme en dos como una ramita y que estaría muerta antes de darme cuenta.

—No eres nada. —Me clava los dientes en el cuello, pero no me muerde—.

Zavier jamás se conformará contigo cuando puede tenerme a mí, un ser perfecto, como él.

Eres débil . Un ser patético y un desperdicio de vida.

Eres humana . Ningún vampiro en su sano juicio querría aparearse con una maldita humana.

Sois las cucarachas de este mundo, ¿me entiendes? Dais asco, sois inútiles.

No puedo evitar soltar un gemido cuando me aprieta la garganta.

Veo estrellas cuando me golpea el cráneo contra el suelo de piedra y reabre la herida de mi cabeza.

Aun así, no se detiene: me clava las uñas en un lado de la cara y deja un rastro sangriento a su paso.

El escozor es agudo, y sé que probablemente me quedará cicatriz, dada la profundidad de la herida.

—Quizá aún no pueda matarte porque necesito algo de ti, pero eso no significa que no pueda darte caña.

—Se pone de pie y me levanta por encima del suelo.

Me aferro a su agarre de hierro y lucho por respirar.

Se ríe de forma burlona y cruel—. En serio, ¿crees que Zavier se ha enamorado de algo tan patético como tú?

Casi no te estoy haciendo nada y ya estás al borde de la muerte.

—Ladea la cabeza hacia mí de una manera inquietante y depredadora.

Justo cuando estoy a punto de desmayarme, me deja caer como si fuera una muñeca de trapo, y me derrumbo tosiendo en el suelo, tratando de recuperar el aliento. La garganta me arde mientras inspiro. Una patada en las costillas me deja sin el poco aire que había conseguido reunir.

—Déjala en paz —resuena la voz grave de Valen a nuestro lado.

—¿Y qué harás para impedirlo? Estás atrapado en una jaula, marchitándote.

Eres igual de patético que ella. —Genevieve se aleja de mí para provocar a Valen—.

Y yo que pensaba que eras poderoso… —Le agarra las mejillas a través de los barrotes y hunde las uñas en ellas, como ha hecho conmigo, antes de lanzarlo hacia atrás—.

Si no lo hubiera visto con mis propios ojos, diría que todo era mentira.

Aprovecho que está distraída y me arrastro hasta la puerta de mi celda, que sigue entreabierta.

Me tiemblan los brazos por el esfuerzo, pero continúo.

No pienso morir aquí. No permitiré que ella sea el motivo del fin de mi existencia.

Si voy a morir, lo haré luchando. Nunca me he acobardado ante un desafío. ¿Por qué habría de hacerlo ahora?

—Ya te llegará tu hora —le responde Valen muy serio—. Es triste que te dediques a hacer daño a una humana inocente solo porque te ha rechazado un hombre. —Se da la vuelta hacia la pared e ignora a Genevieve. Casi puedo ver cómo le sale humo por las orejas.

Alargo la mano hacia el candado de la puerta, pero ella se abalanza hacia mí y me derriba. Las rodillas casi me gritan de dolor cuando caen sobre la piedra, y me presiona la frente contra el suelo.

—¿Os creéis muy listos, tanto tú como tu nuevo amiguito? Siempre voy un paso por delante. Recuérdalo. —Genevieve sale de la celda y da un portazo antes de girar la llave.

Resuenan pasos en la planta de arriba, y una voz grave la llama desde allí.

—Vaya, Valentine. Día de cobro. —No nos dedica ni una mirada más, sino que se marcha a donde sea que pase el tiempo cuando no nos está torturando.

Al poco rato, un vampiro corpulento al que nunca había visto saca a Valen de su celda.

No se resiste, pero nos miramos. El miedo y el espíritu destrozado que veo en sus ojos me rompe el corazón.

Intento transmitirle que estoy aquí y que todo irá bien.

Estamos juntos en esta situación de mierda, y parece que por fin tengo algo de ventaja.

Él abre un poco los ojos y asiento para confirmarle que tengo un plan antes de que desaparezca.

Bueno… quizá no sea un plan , más bien una idea, pero es mejor que nada.

Genevieve quizá pensó antes que mi patético intento de alcanzar la puerta era para tratar de huir, pero lo que quería —y conseguí— era meter una piedrecita en el cerrojo. Esperaba que su arrogancia le impidiera darse cuenta de lo que estaba tramando.

Compruebo mi teoría, y noto un atisbo de esperanza por primera vez desde que me secuestraron cuando el cerrojo se abre en cuanto lo empujo.

Suspiro de alivio y me meto las manos en los bolsillos para entrar en calor.

Un crujido llama mi atención, y encuentro un trozo de papel arrugado.

Frunzo el ceño mientras lo desdoblo, y un sollozo se me atraganta en el pecho al ver que es una nota de Zav.

Supongo que me la metió en el bolsillo cuando arrancó la hoja de su cuaderno en la comisaría.

Estás para comerte con esos vaqueros, cariño.

Z AV

P. D.: También puedes llamarme papi Zav o Zaddy.

A pesar de mi situación, se me escapa una carcajada, y una lágrima se detiene en mi mandíbula.

Beso la nota y me la vuelvo a guardar en el bolsillo.

Voy a salir de aquí de una puta vez, y me llevaré a Valen conmigo.