44. Zavier
Zavier
Ha pasado una semana desde la última vez que vi a Celine.
Una. Puta. Semana. Entera.
Si alguien me viera, aseguraría que he perdido la cordura. Digamos que hoy no es un buen día.
La ausencia de Celine es como un agujero en el alma. La quiero, y debería estar a mi lado. Joder, es mi pareja destinada. En cambio, la ha secuestrado la psicópata de mi exnovia que no sabe aceptar un no por respuesta.
Genevieve me dijo que mataría a Celine de una forma lenta y dolorosa si no la aceptaba como pareja.
Pero no pienso dejar que eso ocurra.
Genevieve siempre ha deseado lo que no puede tener.
La conocí poco después de convertirme, y desde entonces ha estado obsesionada conmigo.
Yo llamaba la atención por mi pelo rojo brillante y mi poco autocontrol.
Su locura y la mía iban a la par, y me avergüenza reconocer que pasamos varias décadas sembrando el caos.
Pero, en cuanto recuperé el control de mi sed de sangre y mis tendencias primarias, quise alejarme de ella.
Llevaba sin verla al menos cincuenta años. Supongo que me habrá estado espiando desde las sombras, codiciando lo que no puede tener y, en cuanto se enteró de lo de Celine, quizá decidió que había llegado la hora de actuar.
Intenté seguir a Genevieve después de nuestro encuentro en el apartamento de Celine, pero desapareció y consiguió ocultar su aroma.
Me siento en el sofá, y Medianoche salta a mi regazo.
Desde que lo conocí, se ha convertido en mi apoyo emocional felino, y le encanta acurrucarse conmigo siempre que estoy aquí.
Voy y vengo, ya que mi objetivo es encontrar a Celine, pero también sé que debo dormir y alimentarme.
Conozco a Genevieve: está loca, pero es muy inteligente.
Seguro que se ha rodeado de vampiros poderosos que la ayudan.
Necesitaré estar en plena forma cuando la encuentre.
Los ronroneos de Medianoche resuenan por el salón, y le doy un beso en la cabeza.
De pronto, le asusta un fuerte golpe en la puerta y me clava las uñas antes de salir disparado. No me muevo ni un ápice; me quedo esperando a que el humano que esté al otro lado desaparezca para descansar un poco antes de salir de nuevo.
Los golpes en la puerta continúan, y gruño antes de levantarme del sofá.
—¡Celine! Sé que estás ahí —grita Ava, desesperada.
Genial.
—¡Te voy a mandar a la mierda por ignorar mis llamadas toda la semana! —aúlla mientras continúa aporreando la puerta—. Se supone que estás de baja, pero ¿no puedes responder el teléfono? ¡Estoy preocupada!
No soporto más el dolor en los oídos, así que me dirijo a la puerta y la abro de golpe. Con el puño en alto, a punto de volver a llamar, Ava casi me da en la cara.
—Cel… Anda, Zavier. —Se detiene sorprendida, pero al instante se lanza hacia mí con rabia y me da golpecitos en el pecho con el dedo—.
¿Dónde está Celine? —Se cuela por delante de mí, como si no fuera más que una ráfaga de pelo rosa, y se dirige a la habitación buscando a su amiga—.
¿La tienes encerrada para un maratón sexual y por eso no ha venido a trabajar?
—Tira una almohada al suelo, como si Celine estuviera escondida detrás.
Ojalá fuera tan fácil.
Como no tiene éxito en su búsqueda, se coloca frente a mí con las manos en jarras. Parece un hada del bosque muy enfadada. Su vestido rosa con volantes y sus bailarinas consiguen hacerme reír antes de recordar por qué ha venido.
—¿Dónde está? No creo que haya desaparecido de la faz de la tierra así como así. Ni siquiera por ti. —Me doy cuenta de lo angustiada que está.
He estado tan centrado en encontrar a Celine que ni siquiera me he parado a pensar en que otras personas pudieran echarla de menos.
Le mandé un e-mail al capitán fingiendo que estaba enferma porque sé lo importante que es el trabajo para ella y no quería que se viera comprometido porque mi exnovia loca la tenga secuestrada en algún lugar.
Me devano los sesos buscando qué decirle a Ava, pero no se me ocurre nada creíble. Sé que me pillaría cualquier mentira en segundos. Tiene ese don de sabueso.
—Ava. —La sujeto por los hombros—. Han secuestrado a Celine. —Se le abren mucho los ojos al instante y trata de soltarse de mi agarre.
—¿Cómo que la han secuestrado? —grita horrorizada, con los ojos muy abiertos—. ¿Y por qué no has llamado a la policía? —Intento mantenerla en el sitio y calmarla un poco, lo cual es muy incongruente, ya que ni yo estoy calmado.
—No podemos decírselo a la policía —digo muy despacio para asegurarme de que me entienda—.
No puedo decirte el porqué, pero vas a tener que confiar en mí.
Estoy haciendo todo lo que está en mi mano para encontrarla.
—Sus ojos de color azul claro se llenan de lágrimas—.
Ava, te juro que la traeré sana y salva.
La suelto, y ella empieza a ir y venir por el salón.
—Te das cuenta de lo descabellado que suena, ¿verdad?
¿Han secuestrado a mi mejor amiga hace más de una semana y no podemos decírselo a la policía?
Y tú, un tío con el que lleva muy poco tiempo saliendo, me pides que confíe en ti y me dices que vas a encontrarla por tu cuenta.
Por lo que sé, quizá la has secuestrado tú.
—Lanza sus brazos delgados al aire. De pronto, palidece y se lleva una mano a la boca—.
Ay, madre. La has matado. Y ahora me matarás a mí, ¿cierto?
Esto pinta mal. Muy mal. —Continúa caminando por el salón.
—Jamás le tocaría ni un pelo a Celine, Ava, y lo sabes.
Medianoche camina hacia mí y lo cojo para colocármelo en el cuello como si fuera una bufanda gatuna. Ava nos observa y deja de caminar de un lado a otro.
Le tiembla el labio inferior con la amenaza de las lágrimas.
—Es el tipo de caso que termina saliendo en las series de true crime . ¿Por qué no me puedes decir lo que está pasando? —Adopta una postura desafiante y me fulmina con la mirada.
—Ava, no tengo tiempo para esto —gruño. Si pudiera tener dolor de cabeza ahora mismo, lo tendría. Es muy insistente.
—Pues más te vale tenerlo, idiota. —Me vuelve a dar golpecitos en el pecho con demasiada fuerza para ser una humana—.
Debes de estar loco si piensas que no voy a ir yo misma a buscarla.
Y pienso decírselo a la policía, como deberías haber hecho desde el principio.
—Suelta un bufido y se da la vuelta, haciendo volar su vestido rosa, para dirigirse a la puerta—.
Pienso decirles que te interroguen a ti primero.
La cierro antes de que pueda pestañear, y se queda pasmada.
—¿Cómo has llegado hasta aquí tan rápido?
—Escucha. —Suspiro y me doy cuenta de que estoy a punto de contarle mi verdad a otra humana.
Es extraño compartirlo después de tanto tiempo evitando a los humanos, excepto cuando tengo que matarlos por sus crímenes—.
No puedes hacer eso porque estarías firmando la sentencia de muerte de Celine.
—La acompaño al sofá y la invito a sentarse—. La han secuestrado unos vampiros.
Ava frunce los labios y me mira con ojos de búho. Tras eso, estalla en carcajadas.
—Dios mío, ¡eres un psicópata! Estoy segura de que la has matado porque, si no, la que se está volviendo loca soy yo. Quizá estoy alucinando… —susurra.
—Ava —pronuncio su nombre con cuidado—. Yo soy un vampiro. —Le enseño los colmillos para demostrárselo, y suelta un gritito, asustada—. No podemos avisar a la policía porque no hay nada que pueda hacer.
Ava se lleva una mano al corazón, que le va a mil por hora.
La sorpresa pronto desaparece de su rostro y, al segundo, se muestra muy calmada.
—Vaya. Eso explica que siempre parezca que estás en todas partes y por qué eres así. —Hace un gesto hacia mí—. Estás demasiado bueno para ser humano.
Sonrío.
—¿Crees que estoy bueno? —Sacudo la cabeza.
No es el momento de dejar que mi ego me domine.
Tengo que centrarme en lo importante, y eso es el hecho de que ya no está entrando en pánico.
Parece que un asesino es motivo de ruptura, pero no pasa nada si soy un vampiro—.
¿Y ya está? —Subo la voz unas octavas—. Algo falla en vosotras para que lo aceptéis con tanta facilidad. —Me alucinan estas dos.
—¿Te has mirado al espejo? —farfulla Ava—. Tiene todo el sentido del mundo. Además, ¿quién soy yo para cuestionar al universo? Siempre he creído que había cosas que escapaban a nuestro entendimiento.
Siento cierto alivio al saber que alguien más conoce mi secreto. Quizá la vida ya no sea tan solitaria de ahora en adelante.
—Te ayudaré a buscarla. —Ava se levanta y se cuelga el bolso al hombro.
—Ni de coña —balbuceo.
—Por supuesto. —Se planta frente a mí con las manos en las caderas y se pone de puntillas para tratar de parecer más alta.
—¿Qué ve en ti? —suelto—. Eres un conejito agotador y peleón.
—¿Qué ve ella en ti ? —replica—. ¿Pelo rojo, gafas y una cadenita estúpida?
—Retira eso —suelto indignado—. Celine adora mi cadena. Sobre todo cuando la agarra para que la folle con más fuerza. —Levanto la barbilla.
Medianoche asoma la lengua como si estuviera defendiéndome.
—Qué asco. No necesitaba saber eso. —Se tapa las orejas con las manos, aunque veo que sonríe, como yo—. De acuerdo. —Ava levanta una mano con una manicura perfecta—. Entonces ¿vas a dejar que te ayude?
—Supongo que sí —musito, y sellamos el trato con un apretón de manos—. Pero tendrás que ceñirte a mis reglas, y la primera es que te sientes y me escuches.
Respondo a su avalancha de preguntas y le doy toda la información que necesita. Ella accede a esperar hasta que le indique lo contrario. No podemos aparecer disparando como locos —o, en mi caso, mostrando los colmillos—, sino que tenemos que ser inteligentes.
Y pacientes.
Y eso es jodidamente difícil para mí.