Enamorarse de un vampiro es un caos 40. Zavier
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40. Zavier

Zavier

Doy vueltas por el apartamento mientras intento controlar las ganas de seguir a Celine.

El hecho de que se fuera tan dolida me ha afectado más de lo que esperaba, y no permitiré que se aleje de mí durante mucho tiempo.

Sé que me arriesgo si la sigo, y lo cierto es que quiero respetar su espacio, pero podría ocurrirle cualquier cosa ahora mismo.

Entiendo lo afectada que está por lo que ha descubierto, pero, aun así, ¿cómo ha podido irse sin más? Después de lo de anoche, es muy cruel haberla probado y que desaparezca de mi lado por mi culpa.

Medianoche me lanza un maullido de apoyo en cuanto me marcho.

Una vez fuera, sigo el rastro de su aroma persistente. Parece que ha conseguido llegar bastante lejos en el poco tiempo que hemos estado separados, pero, a pesar del viento, me alegra seguir captando su rastro.

De pronto, su aroma empieza a disiparse, y el pánico me invade ante la posibilidad de perderlo. Puede enfadarse todo lo que quiera cuando descubra que la he seguido, pero me da igual. Ahora mismo no está a salvo. Este tiempo tan lluvioso es la prueba irrefutable de ello.

Una repentina oleada de terror me sacude el pecho, y sé que se trata de ella. No importa que aún no haya completado el vínculo; esta sensación es única y exclusivamente por ella.

—¡Celine! —grito, y utilizo mi velocidad sobrenatural para tratar de llegar a ella lo más rápido posible.

A los pocos segundos me encuentro en una acera en la que su aroma desaparece. Miro hacia todas partes con la esperanza de ver una cabellera oscura, pero no hay señales de ella.

Mi bota pisa algo. Cuando me agacho, veo la navaja que le regalé tirada en el suelo.

No. Por favor, no.

La cojo y paso la mano por el mango curvado como si eso pudiera mostrarme dónde está.

No soy muy religioso, y lo cierto es que llevo mucho tiempo sin creer que haya un dios en el cielo, pero empiezo a rezar a cualquier ser que pueda oírme en este instante.

Por favor, no me la quites. Por favor, mantenla a salvo. Muéstrame dónde coño está.

Sé que le ha pasado algo malo. La navaja no estaría en el suelo si no hubiera intentado usarla. Celine no es el tipo de chica que la tiraría por despecho. Quizá aún no lo sepa, pero es una mujer muy sentimental.

Doy vueltas en círculos y examino la zona para tratar de encontrar alguna pista que me indique hacia dónde puede haber ido.

Intento dejar la mente en blanco e inhalo con profundidad un aroma que al principio no he conseguido distinguir.

Sangre.

En concreto, sangre de vampiro.

Unas gotas casi invisibles para el ojo humano salpican la acera y, tras examinar con atención el filo de la navaja, huelo el aroma de la sangre en él. Es un olor mohoso y cobrizo contaminado por las malas intenciones de su dueño.

Buena chica. Al menos se ha resistido.

Ahora que sé que un vampiro se la ha llevado, me pongo rojo de furia.

En cuanto la agonía me invade, necesito hacer acopio de la calma acumulada en mis trescientos años de vida para evitar que me desquite con los humanos y los objetos que me rodean. Saber que han secuestrado a mi pareja destinada es como si alguien intentara partirme el cuerpo en dos.

Cuando la encuentre, ningún vampiro será inmune a mi ira.

Si la han matado… No, no puedo pensar en eso. Me niego .

Aprieto los puños; los humanos que pasan a mi lado se apartan al instante, como si fueran conscientes de que soy una bomba de relojería a punto de explotar.

Saco el móvil del bolsillo y le mando un mensaje rápido al Asistente de la Muerte para que se reúna conmigo en el hotel. Voy a necesitar todos los pares de ojos posibles para que me ayuden a encontrar a Celine. Después, marco el siguiente número de mi lista.

—¿Hola? —La voz de Luna me saluda al otro lado de la línea.

—Han secuestrado a Celine. —Voy directo al grano.

Su grito ahogado me taladra el oído.

—¿Qué necesitas que haga? Ayudaré en todo lo que pueda.

Tras ponerla al día de la situación, le pido que mantenga los ojos y los oídos bien abiertos, por si consigue descubrir a través de sus clientes quién puede haberse llevado a Celine. Sé que muchos vampiros pasan por su cafetería a diario, así que estoy seguro de que podrá serme de gran ayuda.

Me dirijo lo más rápido posible al hotel mientras trato de diseñar un plan respecto a mis próximos pasos.

Ningún ser del infierno, del cielo o de la tierra podrá separarme de mi pareja destinada.

Quienquiera que me la haya arrebatado no tiene ni idea del monstruo que acaba de desatar.