Enamorarse de un vampiro es un caos 39. Celine
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39. Celine

Celine

Increíble.

¿Cree que soy gilipollas?

Durante todo este tiempo, Zavier ha sido mi asesino, y sabía que soy la detective de esos casos. Incluso me acompañó a una de las escenas del crimen cuando se puso muy pesado.

Parecía imposible que un único asesino hubiera matado a tantas personas, sobre todo teniendo en cuenta que había algunos asesinatos en masa de diez o más víctimas.

Matar a una sola persona es agotador para un humano y más aún si el número de muertes aumenta.

Pero todo empieza a cobrar sentido al descubrir que el asesino no es humano, ahora que sé que existen los seres sobrenaturales.

Camino por la manzana sin rumbo fijo, y le doy vueltas a la cabeza una y otra vez.

La rabia y la tristeza me dominan en este momento. Lo que más me duele es que no me lo contara.

Sé que revelarme que él era el asesino no le hubiese resultado fácil.

Aunque, si me paro a pensarlo en frío, lo cierto es que las escenas del crimen eran muy grotescas, de acuerdo, y quizá se pasase un poco con el espectáculo, pero solo ha matado a personas que se lo merecían.

A algunos criminales ni siquiera los había podido pillar la policía, así que se podría decir que le ha hecho un favor a la ciudad.

Sin embargo, que Zavier haya decidido mantenerlo en secreto cuando sabía que éramos pareja destinada y que cada vez estábamos más enamorados es como una puñalada en el corazón. Quiero que nuestra relación se base en la sinceridad, aunque a veces las verdades duelan.

Me estremezco y me siento idiota cuando el viento helado me agita la camiseta; se me ha olvidado la chaqueta cuando he salido disparada. Es toda una sorpresa que Zav no me la haya dado, pero supongo que eso demuestra lo distraídos que estábamos los dos antes de que me fuera hecha un basilisco.

Unos rayos de luz se cuelan entre los edificios, y me doy cuenta de que todavía es muy temprano.

Perdí toda noción del espacio y el tiempo cuando me llevó en brazos a mi habitación anoche.

Unas palomas revolotean y caminan conmigo por la acera como si fueran mis compañeras silenciosas, salvo por algún que otro arrullo ocasional.

Cualquier otro día no estaría en la calle a estas horas, ni siquiera aunque tuviera mucho trabajo.

Sin embargo, no me lo he pensado dos veces cuando Zav me ha despertado esta mañana para ofrecerme otra sesión de sexo desenfrenado.

Hasta que todo se ha ido a la mierda cuando he visto esa estúpida carita sonriente en las tortitas y he sumado dos más dos.

A pesar de lo enfadada que estoy con él, todavía puedo imaginarme un futuro junto a Zavier, lo que indica que quizá me esté volviendo loca o que el motivo sea el vínculo que nos une.

Oigo el claxon de los coches, a pesar de lo temprano que es, mientras me dirijo al río. Me pregunto cómo puede estar la gente tan estresada a estas horas. ¿También acaban de descubrir que su novio vampiro es un asesino en serie?

Le doy una patada a una piedrecita y rebota por el pavimento.

Se detiene justo delante de una par de botas y, durante un instante, estoy a punto de arrancárselas de los pies a Zav por atreverse a seguirme.

Entonces recorro con la mirada el cuerpo que tengo enfrente y me doy cuenta de que no se trata de él.

Un escalofrío estremecedor me recorre la columna. Es el tipo de miedo que te deja paralizada en el sitio, a pesar de que cada célula de tu cuerpo te grita que salgas corriendo del depredador que tienes delante.

Es un vampiro.

Y parece que no tiene ganas de charlar.

Avanza hacia mí con rapidez. Sé que podría ponerse delante de mí en un milisegundo, pero parece que disfruta dilatando el momento.

Me meto la mano en el bolsillo donde llevo la navaja que Zav me regaló.

A pesar de lo disgustada que estaba, he sido lo bastante inteligente como para guardarme un arma.

Ha habido un momento en que he llegado a pensar que tendría que usarla contra Zav si se atrevía a seguirme.

Tampoco es que fuera a hacerle daño, y estoy segura de que el muy retorcido incluso lo disfrutaría.

No sé qué le puede llegar a hacer una navaja a un vampiro, pero no pienso rendirme sin luchar.

Deslizo los dedos, empuño la navaja y ataco al vampiro en cuanto lo tengo a la distancia adecuada. No consigo hacerle daño, pero me ofrece una ligera ventaja cuando me doy la vuelta para salir pitando de allí.

Debería de haberme dado cuenta antes.

Parece que hoy no es mi día de suerte, porque otro vampiro avanza hacia mí desde el lado contrario. No tengo a dónde ir. Me superan en número.

El nuevo vampiro me da un puñetazo en la cara.

Caigo al suelo, se me nubla la visión y, después, fundido en negro.