Enamorarse de un vampiro es un caos 37. Celine #2
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37. Celine #2

Con un gemido, le empujo para que ruede hacia el otro lado de la cama.

Ahora que sé que es un vampiro que posee una fuerza descomunal, se cura con rapidez y a saber qué más, asumo que se ha movido porque ha querido.

Me sonríe y cruza los brazos por detrás de la cabeza.

Eso le marca los bíceps, y no puedo evitar mirarle.

Me muerdo el labio cuando me doy cuenta del bulto que le presiona el pantalón.

Un hombre que solo lleva unos pantalones de chándal no tiene rival.

—¿Puedo? —Le miro a los ojos, pidiéndole permiso.

—No me juzgues si me corro en cuanto me toques.

Aprieto los labios en un intento inútil de ocultar mi sonrisa mientras me da un vuelco el corazón.

Poso una mano sobre los pantalones y aprieto su longitud.

Zavier sisea entre dientes y mueve las caderas.

Cuando vuelvo a mirarle, tiene los ojos cerrados y se está mordiendo el labio mientras los colmillos le crecen un poco más.

Se me encoge el abdomen al ver el poder que poseo sobre este hombre.

Después quizá tenga tiempo para preguntarme por qué me ponen tanto sus colmillos, pero ahora no es el momento de cuestionarme el estado de mi salud mental.

Intento mantener un pulso calmado mientras le bajo un poco los pantalones y los calzoncillos, revelando la punta de su erección.

Me lamo los labios, anticipándome. Me siento necesitada de este hombre.

Ahora que he cedido a este impulso que crece cada vez más entre nosotros, me invade una sensación de audacia y seguridad.

Me pongo a cuatro patas, lo libero por completo y empiezo a acariciarle de arriba abajo.

Su piel cálida y suave tiene un tacto sedoso.

Una vena sobresale entre las demás y le recorre toda la polla, así que paso un dedo por ella, casi en trance.

Él gime y se tapa los ojos con un brazo.

—Joder, Dios. Es lo más sexy que he visto en mi vida. Creo que me voy a correr solo por ver cómo me tocas. —Las palabras le salen como un torrente.

Vacilo antes de inclinarme hacia delante y meterme la punta en la boca.

Gimo al sentir su sabor en la lengua y succiono el líquido preseminal.

Él baja las manos tratando de agarrarse a algo, y sus dedos se aferran a mis sábanas.

Masculla, creo que está recitando el juramento hipocrático, lo que es muy extraño, aunque le pega mucho a Zav.

Me introduzco un poco más su polla en la garganta y me río cuando se estremece y tartamudea.

Supongo que es mi risa lo que hace que se corra y me llene la boca de un semen muy espeso. Toso un poco, ya que no me lo esperaba. Se me aguan los ojos y le suelto justo después de tragarme hasta la última gota.

Cuando me mira a los ojos, lo veo ruborizado por la vergüenza.

—Ups.

Me vuelvo a reír y le planto un beso en la mandíbula. No puedo detener las carcajadas incontrolables, que se ven interrumpidas cuando me empuja de nuevo hacia el colchón y su cuerpo se cierne sobre mí.

—¿Te estás riendo de mí?

—No —me río, sin poder evitarlo.

—Mentirosa. —Me besa—. Necesito estar dentro de ti.

Se me enciende todo el cuerpo por la anticipación.

Me quita la camiseta y me libera los pechos. Abre la boca y se los queda mirando.

—¡Son jodidamente perfectos! —exclama—. Tan redondos y del tamaño perfecto. Perfectos para mí. —Se muerde el labio mientras pone las manos en la posición adecuada para sostenerlos, y no puedo evitar volver a reírme.

Alargo una mano y le toco la mejilla.

—Son pequeños.

—No, son perfectos —repite.

Me muerdo el labio.

—Puedes tocarlos, si quieres.

—¿Puedo? —Su tono es más agudo que de costumbre.

No espera a que le responda. Me sostiene los pechos en las palmas, como si estuviera pesándolos.

—Eres jodidamente perfecta. Cada parte de ti. —Me mira a los ojos mientras sus pulgares hacen círculos alrededor de mis pezones erectos—. Fuiste creada para mí, Celine. Ha sido el destino. Estábamos predestinados, y le doy gracias al universo todos los días por haberte traído ante mí.

No son solo sus palabras, sino la adoración con la que me mira, que me llena de calor.

Se deshace de su ropa y me ayuda con la mía hasta que acabamos completamente desnudos. Vuelve a estar empalmado, lo que me parece imposible, pero entonces recuerdo que es Zav, y que él rompe todas las reglas del universo.

—¿Necesitamos condones? —le pregunto mientras le acaricio la mandíbula con los dedos—. No sé muy bien cómo funciona esto.

Sonríe burlón mientras me mira desde arriba.

—¿Es tu primera vez?

Pongo los ojos en blanco ante una pregunta tan ridícula.

—No.

Hace un puchero.

—Me has dado falsas esperanzas.

—Me refería a que nunca he follado con un vampiro. No tomo la píldora, y no sé qué opinas tú, pero yo no estoy lista para tener niños mitad humanos mitad vampiros correteando por aquí.

Su puchero se intensifica.

—Serían tan monos…

—Zav, hablo en serio.

Con un suspiro, dice:

—Las relaciones entre humanos y vampiros son poco frecuentes, así que no lo sé seguro. No hay información al respecto.

—Coge uno del cajón. —Señalo—. Más vale prevenir que curar.

Frunce el ceño.

—No sé si quiero saber por qué tienes condones en el cajón.

—Porque —susurro, respondiéndole de todas formas— me gusta estar preparada.